Carlos A. Alonso: "El origen de abrir los procesos creativos bajo esta Muestra nació porque muchas compañías no tenían sitio para mostrar sus piezas"
Desde el pasado 20 de enero, el Teatro Pradillo desarrolla la Muestra de procesos abiertos de casi un total de treinta obras. La última se verá el próximo 18 de febrero. Se trata de una iniciativa que la sala de Prosperidad fundó en 2021 ofreciendo la oportunidad de testear una obra antes de su estreno y fomentar nuevas relaciones con el público. Un público, que en este contexto, está formado por gente profesional de la danza y las artes vivas, pero también por las vecinas del barrio.
Aunque a algunas personas les suene a algo nuevo, lo de abrir los procesos de obras escénicas al público, es decir, invitar a miradas externas antes de que la obra esté terminada, es una iniciativa que viene haciéndose desde la década de los setenta del siglo pasado. Se originó por varias razones, y todas ellas continúan como brújula en el horizonte. La primera de ellas, y seguramente la más interesante, fue la de desmitificar el acto creativo. Esto conlleva una horizontalidad necesaria para que las artes escénicas se instalen en la sociedad como algo habitual, accesible, cercano, dinamitando cualquier componente elitista o incluso cursi, que la aleje. Por lo visto, Albert Einstein dijo una vez que “los bailarines son los atletas de Dios”. Se entiende la buena intención del científico por resaltar sus cualidades, pero subyace también debajo de esta afirmación algo peligroso: la distancia, la separación, entre estos ‘atletas de Dios’ y el resto de la humanidad, que no hace sino instalar desafecto y desigualdad entre aquellos y nosotras. Es decir, que de alguna manera, el abrir los procesos creativos de las obras fue una manera de decirnos: “mirad, somos humanos como vosotros, estamos trabajando en esto, así va la cosa y os necesitamos”.
“En el Teatro Pradillo, el origen de abrir los procesos creativos bajo esta Muestra nació de una experiencia que realizamos en 2020, año de la pandemia. Muchas compañías no tenían sitio para mostrar sus piezas y poder justificarlas de cara a las subvenciones, y lo pusimos en marcha”. Lo explica por teléfono Carlos A. Alonso, una de las personas responsables e impulsoras del proyecto Pradillo y DT Espacio Escénico. Y responde esta manera de trabajar, que pasa por escuchar las necesidades del sector desde dentro e intentar secundarlas, por una de las principales bazas, y sobre todo logros, de estas dos salas en Madrid.
Responde, también, a ese credo con el que nació lo de abrir los procesos creativos, allá en el Nueva York de los setenta, de la mano de The Open Theater, un grupo de vanguardia artística escénica a quien se le atribuye la idea de lo colaborativo y la apertura desde lo teatral, que pasaba, justamente, por esa escucha. “También pusimos en marcha este ciclo de procesos abiertos porque somos creadoras y entendemos la necesidad de confrontar la obra en el espacio escénico antes de su estreno. En esta Muestra, por ejemplo, hay artistas que muestran o mostrarán su trabajo en proceso porque necesitan la mirada del público; otras, porque necesitan poner en pie el trabajo y ver cómo funciona en el escenario”.

¿Está destinada esta Muestra a un tipo de perfil concreto de artista en cuanto a trayectoria?
Como el objetivo final tiene que ver con experimentar esa primera vez con público en un lugar escénico, la trayectoria no influye, solo el hecho de que te encuentres creando una obra escénica. En la Muestra hay perfiles de gente que lleva décadas trabajando como Inés Narváez, que inauguró el ciclo con la obra La peor de todas, el 20 de enero. Los últimos días, por ejemplo, habrá una muestra de trabajos coreográficos de alumnos de la Formación Carmen Senra / Colectivo LA NEVERA.
¿Y se establece algún tipo de vínculo entre los trabajos en proceso de este ciclo y la posibilidad de que entren en la programación habitual, posteriormente?
En principio, y de una manera establecida o fijada, no existe ese vínculo. Los trabajos de la programación habitual se definen en función de la convocatoria que se abre. Aunque pueden coincidir, claro. Que un trabajo que se haya mostrado en proceso, forme parte posteriormente de la programación. Pero será porque se ha acogido a la convocatoria específica para ello.
Desde el equipo de Teatro Pradillo, ¿se ofrece algún tipo de acompañamiento artístico a quienes participan en este ciclo?
No. Desde Pradillo ofrecemos el espacio, la dotación técnica y un montaje general. Si alguien nos pregunta de manera concreta, porque le interese nuestra opinión o porque nos conozcamos, la ofrecemos, claro. Pero como algo a nivel más personal.

¿Qué tipo de público suele asistir a estas muestras de procesos abiertos?
Por lo general, suele ser gente muy afín a los creadores que están mostrando su proceso ese día. De su entorno profesional o más cercano, miradas válidas para sus procesos. Pero también hay gente que no tiene nada que ver con la profesión y curiosea. La entrada es gratuita y está abierto a todo tipo de público.
¿Cómo está resultando el trabajo con las vecinas del barrio?
Muy bonito. Ellas suelen ser público habitual, pero además, tenemos un proyecto concreto que se llama ‘Las vecinas de Prosperidad’ (el barrio en el que está ubicado el Teatro Pradillo). Lo pusimos en marcha en 2017 y desde entonces, lanzamos una convocatoria específica a partir de la que se reciben los trabajos susceptibles de ser programados. Cuando llegan esas propuestas se les pasa también a este grupo de Las vecinas de Prosperidad para que ellas puedan elegir y decidir sobre la programación del teatro de su barrio. De este modo, antes que público son comisarias y se implican en la actividad escénica. Luego vienen a ver los trabajos y son espectadoras habituales en la programación regular.