Ir al contenido
REVISTA ONLINE
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
X-twitter Facebook Instagram Tiktok
  • Actualidad
  • Reportajes
  • Entrevistas
  • Cartelera Teatro Madrid
    • Cartelera
    • Ranking semanal
    • Ranking temporada 25/26
    • Obras más votadas
    • Guía de espectáculos de Danza
  • icono de la web de Festivales de Revista Godot
  • Formación
    • Noticias de Formación
    • Centros de Formación
  • Opinión
  • Más godot
    • más cultura
    • Concursos
    • Revista Online
    • Premios Godot
    • Sobre nosotros
    • Contacto
    • Aviso legal / Política de Privacidad
    • POLÍTICA DE COOKIES

La obsesión de Pérez de la Fuente por el jardín de Chéjov

  • febrero 9, 2026
Por David Hinarejos

"La obra habla de la responsabilidad que cada ser humano tiene con su vida"

Entrevistamos al director del Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, Juan Carlos Pérez de la Fuente, cuando se dispone a estrenar una de las obras que más le han obsesionado en toda su trayectoria: El jardín de los cerezos de Antón Chéjov, en la versión de Ignacio García May.

Un amplio reparto de trece intérpretes (Juanma Cifuentes, Carmen Conesa, Helena Ezquerro, Chema León, Manuel Macíá, Borja Maestre, Cristina Marcos, Markos Marín, Noelia Marló, Chema de Miguel, José Gonçalo Pais, Marta Poveda y Jesús Torres) sube a escena esta historia que nos habla, principalmente, de unos personajes pasivos atravesados por la soledad, el miedo y la nostalgia.

Estará en el Teatro Fernán Gómez del 15 de febrero al 12 de abril.

Me gustaría empezar preguntándote qué balance has hecho de La señorita de Trevélez, tu primera producción como director del Fernán Gómez el año pasado, teniendo en cuenta que no dirigías desde 2021.

Lo último que dirigí no fue hace tanto, ¿no? Fue La gota de sangre, de Emilia Pardo Bazán. ¿Fue en 2021? Puede ser, ¡cómo pasa el tiempo! En cuanto a La señorita de Trevélez, era una apuesta rotunda y de un riesgo grande, la empezamos a trabajar desde otro lado y apareció algo de lo que me siento muy orgulloso. Vengo a recuperar textos y no a ir a lo cómodo, que creo es lo que hay que hacer en un teatro público, si no, lo mejor es que te vayas.

 

Era tu carta de presentación en esta andadura y no sé si la excelente respuesta de público y crítica te permite coger aire para la adaptación de Chéjov que ahora nos ocupa.

Cuando crees que sabes algo, luego te das un trastazo. Aquella operación salió bien y he querido seguir en la misma línea. Este año empezamos programando American Buffalo, una obra que el público quizás no conocía tanto porque en España se ha hecho solo un par de veces, y hemos hecho Rent y apostado por Los duelistas, que nunca se había puesto en escena, y que ya te puedo anticipar que volverá el año que viene. Todas han funcionado muy bien. Y ahora llega El jardín de los cerezos, una obra que ha sido mi obsesión durante años. Hay un detalle que te quiero contar. Agárrate. Cuando llegué a la Escuela de Arte Dramático de Madrid en los años 80 del siglo pasado, me presento y tengo claro que yo no quiero ser actor, pero no había escuela de directores. Paso todas las pruebas y al final me hace una entrevista  Ángel Gutiérrez ‘el ruso’, un director que había estudiado en Moscú porque había sido uno de esos niños de la guerra que se marcharon. Entonces, se me acerca y me pregunta a qué me dedico aparte de a querer ser director. Le digo la verdad, que era empleado del Banco de España. Me llamó capitalista de mierda y me echó. Salí llorando, me quería morir. Me dejé barba, me fui a estudiar con Cristina Rota, y me volví a presentar pensando que no me iba a reconocer después de un tiempo. La prueba la hice con otro director y me aprobé. Una de las primeras tardes que fui veo que viene de frente Ángel Gutiérrez. Le digo: “Buenas tardes, ¿se acuerda usted de mí?”.  Y el otro con cara de chinchilla. “Soy el capitalista de mierda”. Dio una queja de mí a la directora, pero yo me metía todas las tardes a ver los ensayos de El jardín de los cerezos, obra que él dirigía todos los años. Curiosamente, hace 10 años le iban a dar un homenaje y él pidió que fuera yo quien hiciera el laudatio. Mi historia con El jardín empieza ahí, pero una vocecita me decía, “no es el momento”.

 

A priori, El jardín de los cerezos no parece una apuesta arriesgada. Es un título muy conocido y representado.

Bueno, cuando lo veas ya hablaremos, pero en este caso no va tanto de riesgo. Aquí nos tenemos que mover en dos planos: lo que está sucediendo en aquella Rusia que se descompone, arrastrando a esa aristocracia rancia, y cómo dialoga eso con nosotros en la actualidad. Partimos de que el mismo Chéjov tenía muchas discusiones con Stanislavski, porque él decía que su texto era una comedia y Stanislavski que era una tragedia. A lo largo de mi vida he visto decenas de montajes de este texto, me he trasladado a Nueva York a ver la propuesta de Peter Brook, a México a ver la del maestro Luis de Tavira, he recorrido el mundo y, para mí, los dos tenían razón, es una tragicomedia. Chéjov empieza a escribir su obra de teatro cuando la tuberculosis que tenía se hizo sucia y no paraba de vomitar sangre. Creaba sabiendo que era el final y, de alguna forma, se convierte en un testamento. Lo que nos cuenta es una historia de seres humanos perdidos a los que se niega a juzgar. Para él, era el público quien debía hacerlo. Esto no va de buenos y de malos, sino de personas que se quedan absolutamente inactivos ante los cambios que van sucediendo en su vida. Son unos personajes que parecen niños jugando a ser mayores y que presentan una textura emocional muy elevada que les sitúa en un plano donde el dolor y el humor se encuentran. La materia teatral con la que nos encontramos es una barbaridad, es tan buena, y son tantas las lecturas que se pueden hacer, que puede durar cuatro horas o una y media. 

 

También ha dado pie a puestas en escena realmente aburridas.

He visto muchas así. Propuestas muy intelectuales en las que te dormías. Y, claro, te preguntas: “Como director, ¿cuál es vuestra labor?”. La mía, la tengo clara, llevar a los personajes al borde del precipicio y ponerles frente al espejo mientras intentas sacarles lo que llevan dentro. Ahí aparece otra cosa y creo que lo hemos logrado.

 

Es uno de esos textos que te interpelan de forma diferente según la etapa de la vida en la que estés. ¿Qué temas resuenan más fuerte en ti ahora? 

Completamente de acuerdo. Sin duda, está el inexorable paso del tiempo, pero ahora siento que habla, sobre todo, de la responsabilidad que cada ser humano tiene con su vida. Una de las protagonistas, la madre, es una persona que básicamente está muerta de miedo porque no la han educado para enfrentarse a lo que está sucediendo. Es una diletante, pero Chéjov tiene una infinita misericordia por ella y el resto de personajes. De tal manera que aparece tragedia y comedia, y conviven juntas. Decía Jardiel Poncela: “El humor nace del dolor”. Para mí, los personajes se quieren rebelar contra su destino y no encuentran cómo hacerlo y eso les genera una rabia infinita. Es como el drogadicto que quiere salir de la droga, pero ni sabe, ni puede. Lo que hemos vivido en los ensayos ha sido algo brutal. Desde el primer momento, les dije que no podíamos quedarnos en hacer un acto intelectual, que debía ser vivencial. He querido confrontar a los personajes, decirle al drogadicto que es drogadicto y que va a sufrir si quiere salir. Ellos saben perfectamente lo que les está pasando, tienen mucho miedo y el humor aparece cuando tratan de salir y aparecen las mentiras que se cuentan.

 

La nostalgia está muy presente. ¿Qué es para ti y qué papel tiene en la obra?

A mí el pasado ya me la trae al fresco y, en la obra, la nostalgia rusa es la gran trampa porque no es más que la expresión del miedo. La nostalgia te coloca en un lugar donde piensas que estabas mejor en otro lugar o tiempo, es un acto de cobardía, es esconderte.

 

¿Cómo dialoga este texto con el presente?

El distanciamiento con una historia que sucede a principios del siglo XX se diluye cuando descubres seres humanos que son muy parecidos a ti más allá de que sean aristócratas, obreros o vivan en China. No hacemos este montaje por nostalgia, sino para hablar de que, a día de hoy, seguimos siendo responsables ante los acontecimientos que suceden en cada momento en nuestras vidas, a nivel individual y colectivo. Si algo no te gusta, lucha por cambiarlo, pero tienes que adaptarte y saber lo que está pasando.

 

¿Hay que destruir los jardines del pasado para que pueda crecer algo nuevo?

Con los años que tengo, ahora te diría que habría que saber amueblarlos de nuevo. Hemos visto y sabemos de revoluciones que han apostado por destruirlo todo y no parece que el resultado, a largo plazo, haya sido bueno. No estoy a favor de ninguna guerra porque pienso que no nos depura como seres humanos. La solución para cambiar las cosas no puede ser matarnos y arrasar con todo.

 

 

El personaje de Trofimov, el eterno estudiante, ¿es el único capaz de vislumbrar un futuro mejor?

Trofimov no saca la cara por nadie. En un momento dado, en nuestro montaje, va a bajar al patio de butacas y va a dar un discurso fantástico con grandes mensajes. Eso lo ha aprendido muy bien, es el más político de todos, pero luego tampoco es capaz de solucionar su vida. Tanto en él, como en el personaje de Lopajin, el que va a alcanzar la categoría de primer burgués, están igual de enloquecidos que los demás, siendo aparentemente los más centrados. Forman parte de este manicomio que crea Chéjov, donde nadie va a encontrar serenidad.

 

En Trofimov también vemos una crítica a cierta élite intelectual que no actúa. En España, ¿tú has podido ver esta tendencia también?

Es que estás hablando con una persona que no cae bien a nadie en esos círculos. Me han llamado de todo, desde facha a abertzale. La noche del estreno en este teatro de American Buffalo tres personas me dijeron que programando cosas así lo normal será que me echen. Bueno, me gusta llevar la contraria y ser un anarquista loco. En este momento, en El jardín de los cerezos he conectado con la verdad que perseguía Chéjov, en la que más allá de hablar de progresistas y no progresistas, habla de que todos son unos hipócritas.

 

Vuelves a colaborar con Ignacio García Mey para realizar la adaptación. ¿Qué parámetros iniciales establecisteis para llevarla a cabo?

Había escuchado siempre a Ignacio decir que cuando hiciéramos a Chéjov tendríamos que echarle bien el diente. Cuando hablamos, él tenía claro que quería que el autor brillase porque lo consideraba un poeta y que tenían que verse ciertas contradicciones de los personajes. Prefiero no nombrarlas para descubrir nada. Además, hay un momento en el que hemos arriesgado mucho teniendo en cuenta que estamos en un país como España. Yo soy hijo de agricultores y esto es una obra rural, aunque muchos sean personajes de la aristocracia, estamos en la Rusia profunda. Es  algo que hemos tenido en cuenta a la hora de seleccionar el reparto, todos excepto Carmen, que viene de Barcelona, tienen una conexión con lo rural. Con lo mal que lo están pasando actualmente en los pueblos hay que sacar la cara un poco por ellos y hay una sorpresa al final, ya lo veréis.

 

 

Entiendo que las emociones son el centro de tu propuesta, ¿qué papel van a jugar la escenografía, el vestuario y la iluminación?

Uno muy importante. Chéjov era un esteta muy amigo de los grandes impresionistas rusos. Todo ese universo ha sido mi compañero a la hora de hacer la escenografía junto a Isi Ponce. Para ello, hemos utilizado principalmente gasa, que es un material teatral que cada vez me atrae más porque tiene esa capacidad de trasladarte a otro tiempo sin recurrir a ese realismo chato, donde una casa debe ser una casa y un árbol, un árbol. Hay un esfuerzo por recrear el corazón de este texto donde la iluminación de José Manuel Guerra e, incluso, los olores, porque también nos adentramos en ese universo, van a ser fundamentales. Es una propuesta muy valiente con la que estoy muy contento, me puedo equivocar, no soy Dios, pero he volcado en ella todo lo que he aprendido de la obra tras años de espera.

 

Y al pensar en ese pueblo ruso, ¿apareció como inspiración tu pueblo, Talamanca de Jarama? 

Muchísimo. Ser de pueblo te hace mirar de otra manera la vida. Sigo teniendo conexión con Talamanca y, al morir mis padres, decidí dejar todo mi legado al municipio.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Borja Maestre, Carmen Conesa, Chema de Miguel, Chema León, Cristina Marcos, Fernán Gómez CCV, Helena Ezquerro, Ignacio García May, Jesús Torres, José Gonçalo Pais, Juan Carlos Perez De La Fuente, Juanma Cifuentes, Manuel Macíá, Markos Marín, Marta Poveda, Noelia Marló
Comparte este post
SUSCRÍBETE
Política de Protección de Datos / Política de Cookies
Facebook X-twitter Instagram Tiktok
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras

Revista GODOT es una revista independiente especializada en información sobre artes escénicas de Madrid, gratuita y que se distribuye en espacios escénicos, además de otros puntos de interés turístico y de ocio de la capital.

Revista de Artes Escénicas GODOT © 2026
Desarrollado por Precise Future
Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}