Auba Ramis: "Nos parece interesante lanzar un mensaje contundente de que con las mujeres no se juega"
Auba Ramis es la directora escénica, y una de las intérpretes junto a Lucía Dosánchez y Ester V. Burgess, de Hotel La Fuga, una obra original de Antonio Villar y Elena Morinez, con dirección musical de Vicente Bujalance.
Se trata de una comedia afilada sobre la supervivencia femenina y la lucha de clases. Una obra de teatro musical llena de ironía que convierte cada habitación de este hotel en un espejo absurdo de la sociedad actual.
Esta versión de Búnker Teatro puede verse en Bululú 2120 los días 8, 15 y 19 de febrero.
¿Quiénes formáis parte de Búnker Teatro y dónde surge vuestra relación?
Búnker Teatro consta de dos equipos, uno por cada una de las obras de la compañía. Yo soy la creadora de la compañía y la que la dirige y actúo como nexo de unión entre ambos equipos. La mayoría de personas que forman la compañía entraron o a través de casting, todos los actores y actrices, o a través de recomendación, como técnicas y directores. Así que nuestra relación ha empezado a través del propio trabajo en la compañía.
¿La compañía nace de una necesidad por hablar de las cosas que os interesan?
Así es. He trabajado y vivido del teatro durante muchos años, prácticamente desde 2015 y, aunque me siento muy agradecida por las oportunidades que he tenido, muchas veces he estado en un escenario representando una obra que a nivel personal no me llenaba. Así que decidí montar mi propia compañía para sentirme realizada con el trabajo que hago sobre el escenario.
¿Qué tipo de teatro os interesa llevar a cabo?
Nos interesa la comedia reivindicativa. Incluso nuestra primera obra, que es un formato de improvisación, tiene crítica social. Nos interesa especialmente usar la comedia para reflejar la realidad y reírnos de ella, haciendo especial énfasis en la lucha de clases y la igualdad.

Tú actúas y diriges. ¿Hay roles ya predefinidos dentro de la compañía o vais a ir explorando diferentes facetas artísticas en función de cada proyecto?
En realidad, hago un poco de todo. Me encargo también de la producción, distribución, vestuario y escenografía. Al final, al ser una compañía que está empezando aún no contamos con un gran equipo que pueda encargarse del resto de tareas. Pero mi intención de cara al futuro sería centrarme en actuar y distribuir.
Vuestro primer montaje, El juego de la sepia, estrenado en 2024, sigue todavía presentándose. ¿Cómo ha sido esta primera aventura?
Ha sido muy satisfactoria. He contado un equipo de personas maravilloso que decidió confiar en mí y se lanzó de cabeza al proyecto. Ha sido un verdadero orgullo ver la obra estrenada y ver también como ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.
El juego de la sepia es una obra de improvisación. Es un tipo de teatro que llama mucho la atención, que sorprende por la dificultad y rapidez de crear algo al momento. ¿Es un vértigo mayor que hacer una obra de teatro al uso?
La verdad es que sí. Siento que dentro de la profesión muchas veces no se le da el valor que realmente tiene a la improvisación. Requiere muchísima práctica, escucha y confianza en el compañero y nunca sabes por dónde saldrá la historia. Cuando tienes un guion, tienes a dónde agarrarte y puedes tener un mal día, pero por lo general la calidad está dentro de unos estándares. En improvisación saltas al vacío con cada función y los días malos forman parte del riesgo y la fragilidad del directo
Ahora llegáis con vuestra segunda propuesta, Hotel La Fuga. ¿Por qué os interesó esta obra?
Hotel La Fuga se estrenó en el Teatro Távora de Sevilla en 2020 y yo fui parte del elenco original. La compañía, Verso Suelto Teatro, organizó un casting y me seleccionaron para el proyecto. Por desgracia, eran tiempos complicados post-pandemia y no se consiguió sacarlo en gira. Durante ese periodo me enamoré del proyecto y supe que en algún momento intentaría montarlo en Madrid.
¿Y cómo es la puesta en escena que habéis elaborado ahora?
Hemos recreado una habitación de hotel. El espacio con el que contamos es limitado, por lo que la puesta en escena es más pequeña que la del montaje original de Sevilla.
No hay muchos musicales de pequeño formato, parece que sólo se pueden abordar en grandes producciones. ¿Por qué crees que es así?
Creo que hay dos motivos principales. Por un lado, el dinero. Es mucho más caro hacer un musical que una obra de texto: composición, grabación de canciones, dirección musical, microfonía, coreógrafía, etc., y por otro, creo que cuando la gente piensa en un musical suele imaginar grandes coros y cuerpo de baile, por lo que se busca que sean de gran formato. Aún así, hay algunos musicales de pequeño formato muy buenos aunque quizás no sean tan conocidos.
¿Cómo son las canciones de la obra? ¿Son originales o se versionan canciones ya conocidas?
Las canciones son todas originales. La compositora Elena Morinez y Antonio Villar, que se encargó de las letras en la obra original, han hecho un trabajo increíble. Hay varios estilos musicales en el propio musical, en base a los personajes y la historia que se esté contando en ese momento. Nos encontramos desde canciones a tres voces a lo Andrew Sisters hasta una salsa.
¿Cuáles son los temas principales que se abordan en Hotel La Fuga?
En la obra se habla de feminismo y la lucha de clases, basicamente. Todo dentro de una comedia afilada y musical.
¿Qué refleja cada una de esas habitaciones de hotel y qué dice de nosotros como sociedad?
Hotel La Fuga nos da un espejo en el que mirarnos. Vamos pasando por distintos cuadros con historias diferentes pero en todas el tema central es la supervivencia de las mujeres en distintos contextos. Y hace foco en que por desgracia, aún queda mucho camino por recorrer.
¿Cuáles son los grandes conflictos a los que se enfrenta la clase obrera hoy en día?
En nuestro musical, las Kellys representan a la clase obrera, a esas personas que luchan día a día y que son completamente invisibles para el sistema. La precariedad, las horas interminables, el acoso al que se ven sometidas muchas trabajadoras y la imposibilidad de romper ese círculo hacen que sea casi imposible subsistir en un mundo en el que nos oprimen y nos silencian.
¿La lucha de clases es un tema que está en las conversaciones que tú mantienes con tus amigos o está en un segundo plano?
Sí, es algo de lo que hablamos. Me rodeo de gente de todo tipo, entre ellos gente muy politizada y con conciencia de clase, con lo que es un tema que suele salir a debate con frecuencia.
La obra reivindica desde el optimismo y no desde el victimismo. ¿El mensaje llega mejor de esa forma?
Creemos que sí. Al final el humor muchas veces llega a sitios en los que una crítica más ‘seria’ no llega. Te encuentras a gente riéndose de algo y luego parándose a pensar sobre qué se están riendo. Creo que es una herramienta para pillar a la gente con la guardia baja y hacerles reflexionar.
En la obra, también hay una reivindicación sobre los problemas a los que se enfrentan las mujeres hoy en día. ¿Cuáles son esos problemas?
En el musical hacemos especial hincapié en la desigualdad económica y laboral y en la violencia de género.
Y tú, como mujer joven, ¿cómo lo vives en tu propia piel? En tu día a día, ¿vives alguna situación de desigualdad o de incomodidad por el hecho de ser mujer?
Por desgracia, no conozco a ninguna mujer que no haya sufrido alguna vez algún tipo de violencia, ya sea física, sexual o psicológica. Todas sufrimos este tipo de situaciones en mayor o menor medida a lo largo de nuestra vida. Por desgracia me he encontrado con muchos jefes que, como Don Roberto en la obra, intentan aprovecharse de su posición de poder para incomodar.

¿El que haya un club para acabar con los abusadores, como se habla en la obra, te parece una idea…?
Es una forma de reivindicar la necesidad de que las mujeres se empoderen aún más y un llamamiento a la sororidad. Obviamente, es humor y no creemos que la respuesta a la violencia sea más violencia, pero nos parece interesante lanzar un mensaje contundente de que con las mujeres no se juega.
¿Cómo de complicado es levantar un proyecto propio?
Mucho, sobre todo cuando no se cuenta con ningún tipo de financiación. Por eso agradezco mucho la oportunidad que nos dio Bululú 2120 al concedernos la residencia artística, ya que nos hubiera sido imposible de otro modo.
¿Y hacerse un hueco dentro de la escena teatral madrileña para una compañía joven?
Aún más complicado.
¿Las personas que forman parte de la compañía podéis vivir al 100% de las Artes Escénicas?
Por desgracia no, pero es el objetivo final, conseguir llegar a ello. Por desgracia, la precariedad laboral también está a la orden del día en este mundillo.
Cuando oyes lo de: “Generación de cristal”, ¿cómo te hace sentir?
Incómoda, porque suele usarse para minimizar problemas reales o deslegitimar emociones. No creo que sea fragilidad, sino que hoy se habla más de salud mental, de límites y de injusticias que antes se normalizaban. Para mí, expresar lo que afecta no es ser débil, es ser consciente.
Si volvemos a repetir entrevista dentro de 10-15 años, ¿cómo te gustaría que hubiera sido el camino de Búnker Teatro?
Me gustaría que se hubiera convertido en una compañía estable, capaz de mantener a todos sus trabajadores sin que tuvieran que trabajar en otros sitios por necesidad. Y que se hubiera convertido en un referente en la comedia reivindicativa.
¿Y el de Auba Ramis?
Que hubiera avanzado con la compañía, sería lo que más me llenaría. Si se me diera la oportunidad, sería feliz viviendo de mis obras de forma modesta, asegurándome de contar historias que me representen y que me hagan sentir libre y representada. El escenario nos da un gran poder de comunicación, es muy importante pararnos a pensar que hacemos con él y yo quiero sentir que el mensaje que transmito al mundo está acorde con mis valores.