Una mujer, sola en una estación, intenta reconstruirse punto por punto antes de su próximo destino.
Una mujer espera. Una estación detenida en el tiempo. Una bufanda que avanza y retrocede según la memoria.
Pequeña Pasajera propone un paisaje escénico donde lo cotidiano se extraña: el tejido se convierte en lenguaje, el boleto en destino incierto, el cuerpo en territorio de preguntas.
A partir de textos literarios, fragmentos y citas, la obra ensambla capas de sentido que se arman y desarman como la propia identidad. El tren, siempre cerca, funciona como eje poético y amenaza. Un unipersonal que con humor, dolor y ternura inquietante, explora la fragilidad, la repetición y la posibilidad del renacimiento en un mundo lleno de fisuras.

