El manto y su ojo es el decimoquinto montaje de Eduardo Guerrero, una figura clave del flamenco actual cuya carrera combina formación académica, trabajo con grandes compañías y un recorrido propio como creador desde 2011. Su paso por Teatros del Canal se inscribe en una línea de investigación escénica que sigue ampliando los límites del flamenco sin desvincularse de su tradición.

En escena, Guerrero encarna a un bailaor que despierta con la sensación de haber dejado de existir. A partir de ese punto de partida, la coreografía se despliega como una sucesión de estados, más que como un relato lineal, en los que el movimiento surge desde lo intuitivo y lo onírico. El baile transita por distintos palos -tangos-rumba, mariana, seguiriya, toná o tangos- que funcionan como soportes rítmicos de una dramaturgia marcada por la introspección.

 

 

El propio creador define El manto y su ojo como una alegoría flamenca vinculada a la necesidad de volver a sentir y a la capacidad de asombro. El espectáculo toma como referencia el pensamiento de María Zambrano, en especial su defensa del sueño y de la razón poética como formas de conocimiento frente a un mundo dominado por la exposición constante y la mediación tecnológica. En este contexto, el sueño aparece como un espacio de resistencia, una zona de repliegue desde la que repensar la relación con lo real.

Uno de los elementos centrales del montaje es la presencia de las Cobijadas de Vejer de la Frontera, representadas por seis cantaoras: Pilar Sierra, Samara Montañez, Lincy, Alicia Morales, Julia Acosta y Mariana Collado. Esta figura histórica -mujeres que cubrían su rostro con un manto dejando visible solo un ojo- sirve a Guerrero como símbolo de libertad y ocultamiento, pero también como metáfora de una mirada doble: una dirigida al exterior y otra al mundo interior. La tradición de las cobijadas, vigente hasta 1936 y recuperada décadas después, aporta al espectáculo una dimensión histórica y cultural que dialoga con la propuesta coreográfica.

 

Momento de El manto y su ojo de Eduardo Guerrero. Foto de Tamara Pastora.

 

La danza de Guerrero se acompaña de la guitarra de Pino Losada y de una música original firmada por Luis de Perikín y el propio Losada. El equipo artístico se completa con el espacio sonoro de Bruno Gonzáles, la dirección de Rolando San Martín, el diseño de iluminación de Rafael Gómez y el vestuario de Paloma de Alba & CRIN Escénica.

 

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