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Cuerpos buscando la catarsis

  • enero 16, 2026
Por Sergio Díaz

María Velasco: "El teatro que a mí me interesa tiene que ver con la resistencia"

La dramaturga y creadora escénica María Velasco (Premio Nacional de Literatura Dramática 2024) es la encargada de dar forma a la última producción de Cuarta Pared: Ese ruido es un animal, una apuesta por el sueño de que la vida tenga una banda sonora que nos haga vibrar con más intensidad y conciencia, protagonizada por Marina Herranz, Álvaro Leiva, Lucía Sánchez, Chelo Valma y Fran Vélez.

La obra iba a ser estrenada en enero, pero por causas de fuerza mayor se ha aplazado su estreno a primavera. Podrá verse del 7 al 23 de mayo.

 

 

Foto de portada: Imagen de Ese ruido es un animal. ©Alberto Mateo

En 2024 recibiste el Premio Nacional de Literatura Dramática. Imagino que es algo que ya tienes más que asimilado, ¿pero de vez en cuando no te paras a pensar que tienes uno de los galardones más importantes de las Artes Escénicas? ¿Cómo te hace sentir eso?

Hablaré en plural, porque sin la confianza de mi socia, Ana Carrera, probablemente la obra premiada, Primera sangre, no existiría. Más que nada ese galardón nos confirmó en la idea de que hemos hecho algo bien aunque lo hayamos hecho difícil: prescindiendo de cabezas de cartel, tratando temas espinosos y persistiendo en un tipo de teatralidad que es tierra de nadie. Si quieres gracia, tienes que peregrinar…

 

¿Cómo ha cambiado tu papel en la industria o la forma en la que te consideran desde que te lo dieron? ¿Has notado diferencias?

No ha cambiado. De hecho, estoy de vuelta en Cuarta Pared. Hay un proverbio que dice algo parecido a no pongas tu cabeza entre las manos que te aplauden. La suerte en esta profesión es cambiante y la meritocracia… en fin. Por eso hay que tener claros tus principios. Soy afortunada porque se viene la reposición de Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos y un nuevo proyecto, Mantener fuera del alcance de los niños. Pero creo que estas producciones no tienen mucho que ver con el premio, sino con haber sido obsesiva y cabezona.

 

Si tuviéramos que poner un hito al comienzo de tu trayectoria profesional, podríamos decir que fue en 2008, cuando te seleccionaron para participar en el Programa ETC de Cuarta Pared por Günter, un destripador en Viena. Perros en danza, también pudo verse aquí. Y ahora estrenas nuevo montaje. ¿Consideras a Cuarta Pared tu casa teatral?

Sí, todo empezó con Günter. Hubo otros montajes después en Cuarta Pared como comentas, pero especialmente con Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, que llenó la sala varias semanas consecutivas, sentí que celebraba mi fiesta de quince años allí.  Yo diría que ha sido mi escuela mucho más que la RESAD, especialmente los laboratorios ETC (Espacio de Teatro Contemporáneo).

 

¿Qué destacarías de la filosofía teatral que tiene Cuarta, de la forma que tienen de abordar sus trabajos, de todas las iniciativas que ofrecen al sector?

Creo que es de los pocos lugares donde la investigación artística no es solo un concepto de marketing infantil para los dosieres. Eso supone curiosidad y esfuerzo constante. Me asombra que el equipo de la sala, Javier Yagüe, Amador González, Olga Fraile, y todxs lxs demás, mantenga intacto su amor por el teatro después de tantos años y cabezazos con la administración.

 

María Velasco

 

La nueva producción de Cuarta Pared que escribes y diriges tiene por título Ese ruido es un animal. ¿A qué hace alusión el título?

La frase la robé de un postit de mi novio. Me pareció que era una síntesis de aquello que dice el artista sonoro David Toop: «El oído es, de entre todos los sentidos, el que más se conecta con lo sobrenatural, lo desconocido, lo extrahumano…». Sin la flauta de Pan es muy difícil despertar al trance y a cierta animalidad perdida.

 

¿De dónde nace esta propuesta?

La idea original es de Javier Yagüe, director de la sala, que quiso crear de cero, y de manera experimental, una obra con un elenco integrado por actores, actrices que han hecho su formación en interpretación en la escuela de Cuarta Pared. A propósito del eclecticismo musical de mis montajes, me sugirió que la pieza hablara de cómo nos relacionamos con la música. Compartimos varios cafés en los que conversamos sobre revelaciones y epifanías sonoras.

 

¿Cuáles son los temas fundamentales que tratas en ella?

Justamente las sinergias de la música, y por extensión del de la danza y de lo festivo, con lo identitario y lo social. En El bebé verde, Roberta Marrero dice que tuvo una experiencia mística cuando, de pequeña, vio a Boy George  y supo que había hombres que se maquillaban. Muchas identidades salieron del clóset o del armario gracias a la música. A nivel social, es la demostración vívida de que la fusión es salud y una herramienta de descolonización que no pasa por el intelecto. Como dijo Victoria Santa Cruz: «El día que el dominador se dé cuenta de que tener de más es muerte, tratará de encontrar su ritmo».

 

Has tomado como referencia las llamadas pestes de la danza o epidemias del baile. ¿Qué te hizo conectar esos hechos fechados a mediados de 1518 con nuestro presente?

La primera vez que leí acerca de este fenómeno: aldeanos de la vieja Europa bailando hasta morir parece que por histeria colectiva, quedé perpleja y pensé que estos fenómenos históricos no están tan alejados de algunas raves o fiestas en los márgenes donde se busca la catarsis a cualquier precio.

 

Dices que esta es una historia de la música anacrónica y subjetiva atravesada por la imaginación política. ¿Qué aspectos de la política actual atraviesan tu obra?

No creo en la neutralidad del artista. En la obra se menciona la famosa cita de Desmond Tutu: «Neutralidad igual a privilegio y opresión». Y, con la misma intención, se parafrasea a la reguetonera Romina Bernardo: “Complicidad se llama este juego, dejemos de hacernos los ciegos”. No me interesa el ocio y el entretenimiento como consumo.

 

¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?

No saben cantar, no saben bailar, no se los pierdan, como diría el otro (risas). Pretendemos una obra que, por momentos, emule al evento. Que la energía sea más atrayente que la narración. Hay un pastiche musical muy diverso: clásica, protesta, electrónica… Y una apuesta por los agenciamientos de cuerpos y deseos a través del movimiento de la mano de la coreógrafa y bailarina Javiera Paz.

 

Ese ruido es un animal. ©Alberto Mateo

 

¿Cómo es tu relación con la música a la hora de crear? ¿Te acompaña una lista de canciones para cada propuesta o prefieres escribir en silencio?

Necesito el silencio y la tralla de la misma manera que necesito la soledad y a la gente. La tralla en soledad y el silencio en compañía también son bien recibidos. La escritura, para los que creemos en la poesía, siempre es un pacto entre sentido y sonido. Me gusta pensar las piezas como una especie de composición musical.

 

¿Cuál sería la banda sonora de María Velasco?

Habría un buen popurrí como en Ese ruido es un animal. Me pone muy triste la gente que te pregunta si prefieres el rock americano o el británico y desprecia el reguetón. A mí me gusta escuchar un nocturno y una cumbia.

 

Creo que escuchar una música determinada en un momento de la vida te marca para siempre. ¿La música te ha hecho más consciente de todo lo que pasa a tu alrededor?

Yo recuerdo mi primer concierto en una carpa embarrada con amigos y amigas mayores, como una especie de iniciación o rito de paso. Tus primeras experiencias musicales definen querencias y te proyectan en un determinado sentido. Es conmovedor, y paradójico, ver que incluso Feijóo reacciona a la muerte de Robe Iniesta.

 

¿Y el baile es una de las formas que tienes de expresarte también?

Diría que el amor por el teatro, cuando entré a la clases de la escuela municipal, estuvo directamente relacionado con redescubrir mi cuerpo en relación con otros cuerpos. Yo, niña asténica que detestaba el modo militar de la clase de Educación Física y el imperialismo futbolero, descubrí en la expresión corporal un canal. Muchos de mis mejores amigos y amigas son bailarines porque la danza es mi amor platónico.

 

¿Bailar sin miedo, sin medida, sin vergüenza… es una de las pocas maneras que nos quedan de hacer que las relaciones humanas sean reales y cercanas en esta época digital?

Cuando descubres lo que puede un cuerpo y lo que puede un encuentro te das cuenta de que las pantallas en soledad nos vuelven aburridas, tristonas y sumisas. Por eso las  artes escénicas siguen sobreviviendo a pesar estar siempre en crisis.

 

¿El teatro sigue teniendo algo de fuerza política o de motor para cambiar las cosas o es solo un brazo más de la cultura del entretenimiento?

Hay muchos teatros. A veces es el pretexto para la cerveza de después, ocio que se consume. Hay también un teatro arqueológico, del onanismo filológico… Podríamos enumerar muchas familias. Desde luego el que a mí me interesa tiene que ver con la resistencia.

 

¿Es verdad que puede haber una relación entre el cabaret y las épocas de incertidumbre?

Es algo documentado a través de todas las formas también de collage escénico que, inspiradas en el cabaret, proliferaron en Europa en la época entreguerras. Cuando hay una escalada de la violencia, y hoy el fascismo nos está soplando en la nuca, muchas nos reunimos en las catacumbas para defender el derecho a seguir jugando. Escapismo, sí, pero también rearme.

 

 

Esta burbuja de los festivales, de la música en directo, ese pagar un dineral por un festival del que no sabes ni el cartel… ¿Qué dice de nosotros esa necesidad de hedonismo? ¿Es tan exagerada por vivir en un época de incertidumbre también?

Me encanta cuando Miren Iza (Tulsa) canta “no me gustan los festivales”. Salvo en el caso de festivales muy chiquitos y cuidadosos, el interés de los mismos nada tiene que ver con la música, ni siquiera con una fiesta erótica y tanática. El evento devora a los artistas y el multiescenario se convierte en una especie de zapping trucho. La última vez que fui a un festival grande tuve la sensación de estar una despedida de solteros masiva.

 

Al teatro venimos a escuchar, en una sociedad donde la gente quiere expresarse y ser protagonista: ¿escuchar es vintage?

En la obra se dice que hemos pasado del boca oreja en comunidad, al ojo en soledad. Todo lo que hoy active la escucha, también corporal, es un antídoto. Antídoto en contra de esas cajita de Pandora que es el dispositivo móvil. En contra del ensimismamiento, del aislamiento y del autocontrol. Cuando un rostro habla o escucha deja de ser un selfi.

 

La idea de esta obra de teatro hubiera querido ser una fiesta. ¿Sientes que lo has conseguido, de alguna manera?

No. Emular una rave era garantizarse el fracaso. El teatro puede ofrecer lo que puede ofrecer el teatro. Hay coletazos festivos, pero inevitablemente desde que aparece el teatro de texto, aparece el ágora o la asamblea.

 

¿Hacer raves y fiestas es el único terror que nos queda?

Sí. La forma de resistir es seguir siendo alegres fuera de las lógicas de consumo. Crear familias y búnkeres donde ser intensamente humanos frente a este mundo de psicópatas avariciosos.

 

¿Cuál sería lo imprescindible que te llevarías a una rave?

Buenos amigos y amigas y el deseo de cambiar de piel. Lo demás, te lo pueden prestar.

 

¿Y qué meterías en una mochila para una crisis espiritual?

Libros y tiempo de calidad.

 

¿Poguear es lo más parecido a follar?

A follar sin penetración. Creo que si hubiera más Eros y más allá de la genitalidad, habría menos represión y menos violencia efectiva. Ojalá todo la violencia fuera la del pogo.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Álvaro Leiva, Amador Gonzalez, Ana Carrera, Chelo Valma, Cuarta Pared, Fran Vélez, Javier Yagüe, Javiera Paz, Laboratorios ETC, Lucia Sanchez, María Velasco, Marina Herranz, Olga Fraile, Ruth Rubio
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