Con los datos en la mano: sí hay público para la danza. ¿Por qué no se programa desde los teatros públicos?
Las compañeras periodistas de la Agencia de Comunicación y Mediación Cultproject, pusieron en marcha a principio de año un encuentro llamado LOLA. Se trata de un espacio que, con muy buen tino, y junto con la también agencia CULTORÍA, quiso reunir voces de la danza y del periodismo y la comunicación para reflexionar sobre fortalezas y fragilidades.
Ana Cabo y Marco Blázquez, fundadores de CULTORÍA, detectaron en aquella primera edición de LOLA varios hitos que se presentan como el origen de un estudio que arroja datos lamentables (necesario saberlos) sobre el apoyo a la danza en nuestro país.
Voy a empezar este reportaje en primera persona, como si fuera una crónica. Porque el asumir responsabilidades pasa por ahí, por el yo, desplazado otras veces al postureo.
Desde hace tiempo, y desde los espacios en los que escribo, siempre de manera libre e independiente (si no, no lo haría) vengo alarmando de la frágil, difícil y casi insostenible situación de la danza (de quienes la crean) en este país. Especialmente la contemporánea. No lo hago sola, hay otras voces, afortunadamente. Tampoco soy abanderada de nada, aunque sí protejo mi ejercicio periodístico desde la independencia necesaria para que no cruce la línea de la publicidad.
Pero empieza a pasar con este discurso, el de contar la grave situación de la danza, como con tantos otros: que de tanto plantearlo acaba normalizándose y tú una pesada por sacarlo siempre a relucir. Pasa también con el feminismo e incluso el Genocidio en Gaza, que poco a poco va desapareciendo de los diversos altavoces (medios, redes; a nivel periodístico, pero también ciudadano). Pues bien, en el segundo encuentro del LOLA, que tuvo lugar en noviembre de 2025 en el Instituto Goethe, Ana Cabo y Marco Blázquez, fundadores y directores de la agencia CULTORíA, presentaron unos datos realmente desmoralizantes. Precisamente por lo que tienen los datos: que reflejan una realidad al margen de interpretaciones.

El informe, en el que siguen trabajando con la finalidad de convertirlo en termómetro real y herramienta para cambiar las cosas, está en camino de convertirse en algo absolutamente necesario para quienes tengan interés, desde la política cultural, de aquí y de allí, en cambiar las cosas.
“Detectamos que se necesitaba ver el bosque completo en lugar del árbol”, cuentan Marco y Ana por vídeo llamada. “Es una pulsión constante de la gente de la danza y creemos que estamos en un momento clave para abordarla con datos concretos y generales, si no se quiere perder el tren de una manera casi definitiva”.

¿Cuáles han sido sus fuentes para este estudio?
El Ministerio de Cultura, El Centro de Documentación de las Artes Escénicas, el anuario de la SGAE… y diferentes estudios del Ministerio de Cultura cuya fuente es el Instituto Nacional de Estadística. No estamos elaborando nada nuevo, pero sí ordenándolo. Cuando una compañía de danza dice: “no tengo bolos”, la siguiente responsabilidad de quienes pueden proporcionarlos pasa por saber un contexto más amplio. Ahí quisimos poner el foco en cuestiones como: cuántas compañías hay en el territorio, cuantas funciones realizan cada compañía, cómo funciona todo esto con respecto al teatro o incluso con respecto a otros países.
¿Puede ser que este estudio acabe siendo la prueba del algodón?
Sí. Es el resultado de una suma de muchos algos: de una política cultural, de una manera de relación con el sector de las artes escénicas… Intuimos que estos datos de actividad no dejan de ser indicadores de algo que está muy por encima del desarrollo de la exhibición y que retroalimenta la política cultural.

La situación de la exhibición de la danza es realmente preocupante.
La situación de la exhibición de danza es un síntoma. ¿De qué? Se vienen poniendo dinero para que proyectos concretos, pero no para estructuras estables. Y al final, al bailarín o bailarina va muy poco de esos recursos. Y en la danza, el recurso humano, es absolutamente imprescindible e insustituible. El cuerpo del bailarín requiere un trabajo estable. Y ese recurso humano nadie los paga. Es solo un ejemplo de la cadena de problemas. Con este estudio nos hemos hecho preguntas como: ¿dónde se está poniendo el dinero público para la danza?, ¿está dando resultando? Y para ello estamos haciendo comparativas desde los últimos 20 años, para ampliar el espectro y abarcar y entender mejor.
¿Qué ideas generales atraviesan este informe?
Una de ellas es que está habiendo trasvases en cultura: se está dando un incremento de gasto hacia las artes audiovisuales y la música popular y decrecimiento en las artes escénicas. Esto se puede ver en el gasto de las administración autonómicas, en los últimos veinte años. Paralelamente vemos que el gasto privado (lo que gasta cada persona al año en actividades culturales) no incrementa en ningún caso.
De aquí pueden surgir varias preguntas, por ejemplo: ¿se está facilitando el acceso de la ciudadanía a la danza?, ¿podría ser que el modelo público de la cultura esté fomentando que haya menor implicación del gasto privado en la danza?, ¿qué influye a qué?, ¿qué debería primar o venir en primer lugar, una política cultural con ciertos principios que hay que cumplir como cuotas de programación o el ejercicio desde la programación?
Y creemos que son preguntas necesarias de las que el sector de la danza debería tener en cuenta para que hable con administraciones y se haga una revisión. ¿Cuál es el verdadero contrato de la cosa pública con la danza?

En los teatros de titularidad pública, a nivel de las comunidades autónoma, ¿ha crecido la programación en danza en los últimos años?
En los últimos 20 años ha crecido el número de teatros de titularidad pública. Pero hay que preguntarse quién lo gestiona, de qué manera, con qué contenido y para quiénes. Los programadores de teatros públicos tienen una responsabilidad con la danza. Con su programación, pero también con el conocimiento que tengan de ella. Y no se ha favorecido que haya buenos profesionales con conocimiento de danza, entre otras disciplinas, en las programaciones de los teatros públicos. Sería interesante ver los perfiles de quienes están ahí.
Hay un tipo de profesionales del arte y luego otros. A la danza no le beneficia el modelo actual.
¿Qué hay del público de danza? Muchos programadores siguen enunciando de eso de que no hay.
Sí hay público para la danza, con los datos en la mano. De hecho, con este estudio nos hemos dado cuenta de que cuando la programación de danza se reduce, el número de público por función aumenta. Si esta recesión de la programación de la danza se dilata en el tiempo, entonces es cuando el número de espectadores, que se adapta a lo que hay, va bajando. Un ejemplo, en 2010 se pierden 797 funciones de danza en todo el año. En 2011, se pierden 490 funciones. Y de manera paralela el público aumenta. Al haber menos funciones, el interés está y se concentra. En teatro, en cambio, va pasando al contrario: se aumentan las representaciones al año, pero el público no aumenta en función de esto. ¿Por qué se hace esto, entonces? Nos parece realmente grave. Porque se asume que debe haber un aumento de la programación de teatro. aunque la media de público baje. Es decir, en el contexto teatral entonces no se usa al público como termómetro. Pero para la argumentación de por qué no se programa más danza sí se usa el tema del público, para decir que no hay, cuando los datos de los espectadores suben.

¿Qué le dirían al sector con todos estos datos?
Que tienen que recomponerse y redefinirse. Y si no lo abordan ahora, me temo que no habrá vuelta atrás en mucho tiempo. Hay otros sectores que ya están pujando y acaparando espacios en las artes. Es un buen momento para ser reactivos. El mundo de la danza es y debe ser suficientemente importante y se puede hacer bien.