En este número de Godot Danza se dan datos realmente espeluznantes que describen una situación que ya se sabía; que sitúa la danza en el último eslabón de la programación escénica, de la exhibición. Esto no es nuevo, pero parece que empeora cada año, ¿no? La SGAE arroja datos cada temporada. Tiene que ver con la escasa programación de la danza, especialmente la danza contemporánea, en programaciones públicas. Algo que contrasta con la creación, absolutamente mucho mayor, por supuesto, y por lo tanto crea el desequilibrio, el desajuste, la precariedad.
Ana Cabo y Marco Blázquez, directores de CULTORÍA, una agencia que está realizando un informe en el que recogen datos y se hacen preguntas, ofrecen en este número de Godot esas cifras que visten (de luto en este caso) con formalidad lo que para algunas personas puede ser una sensación.
Ambos apuntan varios factores a tener en cuenta, recomiendo la entrevista, y los datos, y sus palabras, pero también apuntan hacia algo realmente importante, que algunas personas nos preguntamos desde hace tiempo: ¿dónde está el sector? ¿por qué se sigue permitiendo que la danza supure? ¿la danza supura porque se sigue permitiendo?
Por supuesto, la responsabilidad de la situación de la danza, es decir, la de la falta de apoyos y el hecho de que no se muestra (programa) no recae en los artistas. Pero tal vez esa impunidad que se está otorgando a quienes desde las políticas culturales autonómicas no la tienen en cuenta, sí llega por un sector inexistente. Hay gente organizada o no, haciendo cosas, peleando por lo justo desde hace tiempo. Pero desde fuera, no se siente la fuerza de lo colectivo, el empuje de la comunidad que parece tan necesario. Para lograr el derecho cultural que merece la danza, pero también para otras cosas. Si el Festival Internacional Madrid en Danza pasa a ser bienal, no se mueve nadie; si la mitad de las compañías de danza presentadas a los Premios Max quedan excluidas no han sido descartadas por su valor artístico, “sino por un criterio cuantitativo que no refleja la realidad de la danza en nuestro país”. Son palabras del bailarín y coreógrafo Aritz López, publicadas en Instagram el 21 de diciembre y que se ha compartido por bastantes de sus colegas de profesión. No todos. Ni siquiera una gran mayoría. Seguramente por proteger ese trocito de pastel que alguien atesore o por la posibilidad de tenerlo algún día, (algo que resulta más triste que la tristeza. “Las normas también hacen política cultural”, continúa Aritz López en su publicación. La pregunta es, al menos la que me hago yo: ¿se exigirá el cambiarlas?