Laura Cepeda: "El espíritu crítico está desapareciendo y el individualismo ha sustituido a la empatía"
Laura Cepeda es una conocida -y reconocida, y comprometida- actriz, directora, dramaturga y directora de casting, que es la creadora de Un día perfecto, una obra sobre una mujer a la que una broma cruel y absurda deja gravemente herida, y mientras los médicos luchan por salvar su vida, ella se sumerge en un viaje interior donde los recuerdos, los sueños y las invenciones se entrelazan como muñecas rusas.
La propia Laura codirige, junto a Diego Cabrales, e interpreta, junto a Eva Quirós, Ricardo Reguera y Gonzalo Hermoso esta propuesta que podrá verse en La Sala los domingos 11, 18 y 25 de enero.
Laura, ¿de dónde nace una obra como Un día perfecto? Parece ser que es una historia que se ha dilatado en el tiempo hasta el momento justo de cobrar vida…
Empecé a escribir teatro en el 2018, como una necesidad de agradecer al teatro todo lo bueno que me ha dado. Y como resultado de asistir a varios seminarios, muchos de ellos de mi añorado Guillermo Heras, me salió un texto llamado Ella en su cabeza que luego derivó en Un día perfecto. Fue la primera obra larga que escribí tras varios microteatros. La terminé en agosto del 2019 e hicimos una lectura en noviembre en la librería Sin Tarima. En eso que llegó marzo del 2020, y la segunda escena del texto, a la que siempre he llamado La isla de Eva, anticipaba claramente lo que pasó durante la pandemia y que nadie, cuando lo escribí, intuía. Y me sentí una especie de Casandra, pues la obra habla de una mujer de mi edad que pasa por una situación complicada. Me asusté con todo eso y, por si acaso, guardé la obra en un cajón y ahí se quedó 5 largos años hasta que en este 2025, un día, a punto de archivarla definitivamente, empecé a leerla, a borrar y a reescribir. Dejé unas 18 páginas del original, entre ellas La isla de Eva porque ya no era una amenaza, y sentí que los personajes me estaban pidiendo contar su historia.
¿Cuáles son los temas que se abordan en la obra?
Uno de ellos es el gran tema: amar la vida pase lo que pase y, por debajo de ello, la importancia de recordar, porque si no recordamos, si no guardamos memoria de nuestro recorrido, de quién nos ha acompañado en él, nuestra vida tendría menos sentido. Es nuestra memoria la que hace que cada vida sea única. El otro gran tema es el de la muerte, aunque en este caso es una muerte amiga, cariñosa, que te espera, que te da tiempo y a la que no se tiene miedo.
¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?
Desde el momento que Eva Quirós, la propietaria de La Sala, me dijo que se metía a coproducir conmigo, supe que necesitaba crear varios espacios escénicos que convivieran en un espacio reducido, para crear esa sensación atemporal que tiene la obra, elementos que pudieran conformar el mundo onírico donde pasa todo, y que era fundamental tenerlos desde el comienzo de los ensayos para caminarlos con los actores desde el inicio. Nada de lo que aparece en la puesta en escena es improvisado, todo está muy pensando y tiene su significado.
¿Cómo ha sido el trabajo de dirección, junto a Diego Cabrales, para hacer que los intérpretes vayan al lugar que tenías en la cabeza cuando escribías?
Diego es una persona con un instinto y unos conocimientos teatrales muy potentes a pesar de su juventud. Él entró como ayudante, pero enseguida me di cuenta que necesitaba su mirada y sus indicaciones, pues Eva, mi personaje, no sale de escena en toda la obra, y le propuse codirigirla, lo que ha sido un hallazgo fundamental, pues desde el principio entendió qué historia quería contar y eso, ayudado por unos interpretes muy creativos, ha hecho que la obra creciera, ya que hemos estado abiertos a sugerencias, cambios, cortes… La época de los ensayos ha sido de las mejores de mi vida.

¿Cuánto hay de ti en el personaje protagonista? Porque parece que es un texto en el que se plasman muchas inquietudes muy personales…
No es una obra de autoficción, mi biografía personal no tiene nada que ver con la de Eva, pero yo creo que cuando uno escribe, parte de las pulsiones o preguntas personales no son solo tuyas, sino que de alguna forma flotan en el ambiente. Siempre he dicho que siento que en la escritura teatral hay algo de ejercer de médium.
¿Cómo es tu relación con la muerte? ¿Es algo en lo que piensas?
Por circunstancias familiares nací en México, mi abuelo materno tuvo que emigrar y viví ahí hasta los 6 años y recuerdo perfectamente la algarabía y la fiesta que se celebraba el día de los muertos y me recuerdo a mí misma, de niña, con una coronita de flores en la cabeza, comiendo calaveritas de azúcar de colores muy intensos, limpiando alguna lapida al ritmo de un danzón… Sé que esa infancia y esa relación ‘festiva’ con la muerte, me ha acompañado siempre. La muerte siempre está en todo lo que escribo, quizás porque sé que, de alguna forma, la muerte y nuestros muertos siempre nos acompañan comiendo chuches.
Cuando el tiempo se acabe, ¿dónde se queda todo lo que hemos vivido y elegido recordar? ¿Dónde se quedan las personas de nuestra vida?
Esa es la gran pregunta. A lo mejor no se quedan, a lo mejor basta con que hayan formado parte de nuestra vida, y en eso está su grandeza.
¿El futuro es el que te espera a tu espalda?
Eso sí lo tengo claro, siempre creemos que el futuro es lo que nos espera a continuación del presente, el que viene a continuación, que la línea temporal va de izquierda a derecha cuando yo siento que no es así. Yo creo que el futuro es lo que no podemos ver, ni siquiera atisbar pues está a nuestra espalda ya que, como los cangrejos, caminamos hacia atrás, empezando por la derecha y yendo hacia la izquierda, dejando y teniendo delante de nuestra mirada el pasado y yendo, sin saber que nos espera, hacia atrás.
Leyendo el texto, detecto una crítica a esta época digital y a este mundo deshumanizado en el que estamos inmersos. ¿Es así?
No me he convertido en ese tipo de personas, de una cierta edad, que se pasa el día pensando que en su juventud todo era mejor, porque no lo fue. Yo viví y sufrí el franquismo, y estoy muy puesta en este mundo digital, pero este mundo digital tiene un peligro tremendo, que es aumentar los egos enfermos y cabreados, que hay muchos, pues todos podemos mentir, manipular, calumniar, amparados en el anonimato. Creo que las redes sociales nos están alejando de nosotros mismos, de los demás, de la reflexión… y eso nos hace perder mucho tiempo que antes se dedicaba a leer de verdad, en profundidad, con un lápiz para subrayar. Lo que sí me da miedo es la pérdida del valor de la verdad. Ahora en las redes la verdad no existe, es como el mercurio, cambia de forma constantemente.
¿Hay mucha confusión entre ser y tener?
Toda, sobre todo porque ahora solo se valora todo aquello que se traduzca en valor económico, algo que sea rentable, que dé dinero y aumente tu cuenta bancaria, porque el dinero es lo único que da seguridad. Estamos sometidos a que lo básico, a lo que todos deberíamos tener derecho: una vivienda digna, un sistema sanitario justo, la misma educación al alcance de todos… se haya convertido en una opción para unos pocos. Y en esa situación, ¿cómo se puede valorar tener una gran cultura, o una gran delicadeza, empatía o generosidad, que en el fondo comportan una forma de ser y una mirada sobre el mundo? Yo entiendo que el alquiler se paga con dinero, pero no con este abuso actual, y que el trabajo artístico y salvo excepciones, no da seguridad ni continuidad económica, pero ¿qué sería del mundo sin todos esos artistas que nos han precedido?
¿En épocas de incertidumbre es necesario volver a la Filosofía?
La Filosofía no da respuestas, solo plantea preguntas, pero son esas preguntas las que hacen que el recorrido de la vida te haga sentir que estás aquí por algo. Estudié Filosofía pura en Italia y no sabes lo que me han ayudado los clásicos en momentos de incertidumbre. La Filosofía hace preguntas, la ciencia da respuestas.
¿Cómo se logra tener menos miedo?
Amando mucho, dejándose querer y sabiendo pedir ayuda.
¿El mundo que conocimos está en peligro?
Fundamentalmente porque antes había certezas fruto de un proceso de análisis, y ahora han sido sustituidas por eslóganes que no requieren reflexión. El espíritu crítico está desapareciendo y el individualismo ha sustituido a la empatía.
¿Qué simboliza la máquina de escribir en el texto?
La cabeza de Eva con sus pensamientos, sus recuerdos y sus miedos. De hecho, cada vez que la oímos aparece un personaje nuevo en escena.
Al hilo de esto, este texto es también un libro. ¿Qué es más emocionante, ver que alguien compra tu libro o compra una entrada para ver tu obra de teatro?
El acto teatral, la función, cambia cada día, pero no existe sin el texto. No debiera existir ningún texto que no se pusiera en escena. Así que son un todo y disfruto igualmente de ambas cosas.
Has hecho cine, teatro, televisión. Has trabajado con grandes nombres, has sido nominada al Goya… Con todo y con eso, ¿cómo se afronta el levantar un proyecto tuyo tan personal y representarlo en una pequeña sala de teatro de Madrid?
Con mucha ilusión y agradecimiento a todas las personas que generosamente me han apoyado, todos grandes actores y técnicos. Sin su ayuda y entusiasmo la obra no existiría. Piensa que el equipo lo formamos diez personas que se han embarcado asumiendo el riesgo, por amor al arte, nunca mejor dicho. He enviado este texto y los dos anteriores a todos los teatros nacionales y la respuesta siempre ha sido la misma: no encaja en la programación actual. Una llega a la conclusión de que está todo el pescado vendido.
¿Cuánto cuesta levantar un proyecto así en los tiempos que corren? No me refiero a las cifras concretas, digo más en general.
Estar dispuesta a que todo tu tiempo y energía se concentre en levantar ese proyecto y confiar en que ese esfuerzo llegue al público. Y tener gente que crea en ti. Curiosamente, la parte económica es la menos importante.

¿El hecho teatral es igual de importante y digno se haga en un gran templo escénico o un pequeño teatro independiente?
Lo que más me ha movido últimamente, hablando de teatro, ha sido en escenarios de pequeño formato. Demasiadas veces he salido con la sensación de haber perdido el tiempo y que igual que había entrado había salido en teatros subvencionados. Yo me veo al menos unas 50 obras al año, o sea que sé de lo que hablo.
¿Qué balance haces de tu carrera?
Lo hago sobre la marcha, nunca he sido ambiciosa profesionalmente, las alfombras rojas y los photocalls me incomodan, mi mayor ambición es contar una historia que el público se lleve a casa y les planteé preguntas, desde todas mis facetas laborales, como actriz, como dramaturga, como directora de reparto.
Tú qué eres una persona comprometida, que has luchado por los derechos y las libertades, ¿qué piensas cuando oyes a la gente decir que antes, con Franco, se vivía mejor?
Es muy difícil luchar contra la ignorancia y los bulos fomentados por las redes sociales. Las cifras hablan: más de 2,7 millones de personas huyeron del hambre, 50.000 personas fueron ejecutadas durante la posguerra y hay 114.000 personas en fosas comunes. Es muy peligroso el olvido.
Tu biografía es muy interesante, da para muchas vidas, pero me gustaría que nos contases que tuviste que huir del país por ese compromiso político que tienes. ¿Qué pasó y cómo fue esa época? (Laura fue detenida por la policía franquista, a raíz de su participación en una manifestación a favor de Salvador Puig Antich y otros presos políticos).
Sería un poco largo de contar, pero te diré que era joven, 19 años, y creía en un mundo mejor para todos, me arriesgué por ello y pagué un precio mucho menor que otros. Pude escapar de este país a Italia y no volví hasta 1980, cuando el juicio pendiente en el Tribunal de Orden Público se anuló.
Curiosamente, el franquismo me hizo varios favores: me hizo reafirmarme y saber de qué lado estaba mi forma de estar en la vida, sentir que el dolor ajeno no me es ajeno y que jamás miraría para otro lado siempre que pudiera ayudar. Y algo fundamental; entrar en el mundo del teatro, que ni me había planteado. Yo siempre digo que soy del mundo de los cómicos gracias al franquismo.
Esa época en la que vivíamos era un cúmulo de aparente normalidad apoyada en el miedo, el silencio, la falta absoluta de libertad y un mundo lleno de grises. La primera vez que vi en Italia, en un escaparate, unos zapatos rojos, lloré, no podía imaginar que existiera algo tan hermoso.
Aunque no hayamos sido capaces de construir un mundo más justo y que estemos sumidos en la más absoluta individualización, ¿queda esperanza para la gente ‘irracional” capaz de sacrificarse por lo demás?
Claro que sí, nunca he perdido la esperanza. Los irracionales no somos muchos, pero sí suficientes para contagiar a los demás con esperanza y ánimo.
La profesión de tu personaje en la obra, una trabajadora social, ¿es un guiño a Raquel busca su sitio, una serie maravillosa que contribuyó al mayor conocimiento de esta profesión por parte de la población?
Sí lo es, y me sorprende que te hayas dado cuenta. Con Raquel comenzó mi otra línea de trabajo, la dirección de reparto a lo que siempre estaré agradecida. Siempre que he podido he colaborado con alguna ONG porque creo en su poder para cambiar las cosas.
¿Cómo sería un día perfecto en la vida de Laura Cepeda?
Ya hay muchos días perfectos en mi vida, soy muy disfrutona. Pero te diría que sería un día de lluvia bonito, un vino con una amiga, la compañía y los abrazos de la gente que quiero, y un día de ensayo en el teatro.
¿Y la función perfecta?
No existe, el teatro es dinamismo, evolución, no tener que llegar a una meta… El teatro es como la vida, un recorrido que sientes que hacerlo ha valido la pena. Al teatro, en gran parte, le debo lo mejor de mí.