Francisco López dirige un programa doble de ópera con las piezas cortas Goyescas y El retablo de Maese Pedro, esta última inspirada en un episodio de Don Quijote de la Mancha.
Goyescas fue compuesta por Enrique Granados en 1911 y su nombre proviene de la obra del pintor Francisco de Goya, de quien Granados era un gran admirador. Cuenta la historia de un triángulo amoroso trágico ambientado en el Madrid del siglo XVIII. Rosario, una joven de la alta sociedad, está enamorada del capitán Fernando, un hombre valiente y noble. Sin embargo, la relación se ve amenazada por los celos del torero Paquiro, que también desea conquistar a Rosario.
Durante una fiesta popular, Paquiro provoca a Fernando y ambos se enfrentan por el honor y el amor de la joven. Pese a los intentos de Rosario por evitar el duelo, el combate se consuma y Fernando resulta herido de muerte.
Por su parte, El retablo de Maese Pedro fue diseñada por Manuel de Falla y estrenada en 1923. Es una ópera breve cuya acción transcurre en una posada, donde Maese Pedro, un titiritero ambulante, presenta ante el público su espectáculo de marionetas. Su ayudante, un niño, introduce la historia que se cuenta dentro del retablo: las aventuras del valiente don Gaiferos, que parte a rescatar a su esposa Melisendra, prisionera de los moros en Zaragoza.
Entre los espectadores se encuentra don Quijote, quien, al ver la representación confunde la ficción con la realidad. Convencido de que Melisendra está en verdadero peligro, saca su espada y destruye el retablo tratando de ‘salvarla’ de los supuestos enemigos.
Cuando el titiritero intenta explicarle que solo eran muñecos, don Quijote, exaltado, defiende su acción como un acto de justicia. Finalmente, Maese Pedro se lamenta de los destrozos, mientras el caballero sigue convencido de haber obrado con honor.



