"En Ansia abordamos las violencias visibles e invisibles que atraviesan a muchas mujeres, y cómo eso puedo desembocar en enfermedad mental"
La compañía Aúpa Teatro, dirigida por Carolina Touceda, llega al Festival Miradas al Cuerpo con Ansia, una propuesta que es una investigación escénica acerca del universo femenino y la salud mental.
La propia Carolina nos cuenta de dónde le ha nacido esta obra que ella misma interpreta y que podrá verse los días 19, 20 y 21 en Teatro Lagrada.
¿Quiénes sois Aúpa Teatro y cómo nace la idea de formar compañía?
Aúpa Teatro surgió en Madrid en el año 2007 como una compañía dirigida mí, y formada por artistas con inquietudes muy diferentes, pero con una misma visión: producir espectáculos donde el teatro, el cuerpo, el circo y lo audiovisual coexistan; y generar espacios de formación, experimentación y encuentro con el público. Desde el inicio nos interesó no sólo crear piezas, sino también hacer espectáculos vivos, físicos y contemporáneos, alejados de lo convencional. Con el tiempo la compañía fue evolucionando y yo asumí la dirección artística del proyecto. Desde Madrid hemos desarrollado espectáculos que han girado tanto por España como por países como Portugal, Italia, Grecia y Argentina, algo que nos ha permitido seguir creciendo y enriqueciendo nuestra mirada escénica. Y aunque pronto cumplimos 20 años, la esencia de Aúpa Teatro sigue siendo la misma desde el principio: arriesgar, mezclar disciplinas y hablar de temas humanos desde una estética muy física. Nos interesa que cada montaje tenga identidad propia y que el espectador sienta que está viviendo una experiencia, no sólo viendo una obra.
¿Qué tipo de teatro os interesa llevar a cabo?
Nos iniciamos con piezas más performáticas, en las que el elemento físico, el cabaret y las técnicas aéreas circenses ocupaban la mayoría de nuestras producciones. Luego exploramos con algunas piezas de teatro costumbrista que alternamos con otras de danza. En el año 2010, la búsqueda de un lenguaje propio la centré en la investigación con el videoarte. A partir del 2018, con Amor no es una historia de iniciamos una etapa de dramaturgia propia. Postpandemia incluimos las nuevas tecnologías Y en la actualidad, con Ansia hemos recuperado la investigación escénica acerca del cuerpo femenino y su universo.
Os podemos ver por los teatros de Madrid con A gustico y Aberrantes, obras que llevan ya varias temporadas en cartel, sobre todo esta última. ¿Qué balance hacéis de vuestra trayectoria como compañía?
Uno de mis objetivos es convertir determinadas piezas en ‘títulos insignia’ que puedan girar, mantenerse en cartel o convertirse en productos reconocibles de la compañía. Y tanto Aberrantes como A gustico han tenido una gran conexión con el público, y creo que las obras teatrales necesitan transitar en el tiempo, encontrar su espacio y elencos idóneos para florecer. Con respecto a nuestra ecléctica trayectoria, uno de los aspectos más sólidos de Aúpa Teatro es su capacidad para generar piezas con personalidad propia sin depender de grandes estructuras de producción. Hay una apuesta clara por un lenguaje escénico directo, a nivel de lo dramatúrgico, lo corporal y lo sensorial, donde el trabajo interpretativo y la atmósfera tienen más peso que la espectacularidad técnica o escenográfica. Eso le da autenticidad y una marca artística diferenciada.
Ahora llegáis con Ansia, como ya has mencionado. ¿De dónde nace una propuesta así?
Ansia nace de mi universo personal, y se nutre de las historias de mis compañeras de viaje. Es un universo íntimo, profundamente personal, pero a la vez colectivo. Podría decir que nace tanto de la oscuridad como de la luz, y de los hilos que tejen una red de situaciones en torno a la salud mental. También se trata de una clara necesidad de volver acercarme a lo simbólico, y de partir más del movimiento y del cuerpo como eje central de creación y no tanto del texto.

¿Cuáles son los temas fundamentales que se abordan en ella?
En Ansia abordamos las violencias visibles e invisibles que atraviesan el cuerpo, la mente y el espíritu de muchas mujeres, y cómo esa acumulación de presión, exigencia y dolor puede desembocar en enfermedad mental. Nos acercamos desde un lenguaje poético y físico a los pensamientos rumiantes, al agotamiento emocional y a estados como la ansiedad, la depresión o el TDA, explorando aquello que muchas veces resulta difícil de explicar con palabras. A través del viaje emocional de una mujer, Ansia habla también de la sobrecarga, la identidad, el miedo, la autoexigencia y la necesidad de escucha y reparación. El espectáculo busca transformar experiencias íntimas y silenciadas en una experiencia escénica colectiva, sensible y profundamente humana.
¿Cómo has investigado sobre la salud mental para dar forma a esta pieza? ¿Conoces a muchas mujeres a tu alrededor con problemas o enfermedades de salud mental?
Muchas de las mujeres que forman parte de mi vida, tanto amistades como familiares, y yo misma, hemos pasado o estamos atravesando una situación de sufrimiento mental. Y es que hasta en este aspecto existe la brecha de género. Las mujeres presentamos más diagnósticos de ansiedad, depresión, estrés crónico y consumo de psicofármacos que los hombres. La maternidad aparece como un factor importante de sobrecarga mental: la falta de descanso, la dificultad para desconectar y la sensación de sostener emocionalmente a la familia hacen mella. La precariedad económica, los cuidados, la violencia machista, la soledad y la presión estética y productiva son identificados como factores estructurales que impactan directamente en la salud mental femenina.
Sobre la salud mental de las mujeres siempre han existido muchos mitos e ideas erróneas. ¿Crees que estamos avanzando algo en la buena dirección?
Creo que hay un cambio evidente y que estamos avanzando, pero de forma lenta y desigual. Se habla más acerca de salud mental femenina que hace una década, pero se siguen arrastrando viejos mitos como bien indicas. Por ejemplo, que las mujeres somos ‘naturalmente más emocionales’ y por eso nuestro malestar se relativiza, que ciertos niveles de ansiedad son normales si se trabaja, y se sostiene un hogar; que muchas de nuestras expresiones de sufrimiento son ‘una exageración’. Diría que ha llegado el momento de pasar de la fase de ‘visibilizar’ a la de ‘actuar y transformar’ esta realidad.
¿Como mujer sientes que siempre has estado sometida a una determinada violencia hacia tu propio cuerpo?
Creo que recién ahora que soy una mujer adulta comienzo a ser consciente de la represión de mis necesidades reales, de la autoexigencia a la que lo he sometido y de cómo lo he juzgado. Todo ello ha formado parte de una violencia que he ejercido hacia mi propio cuerpo, sobre todo en mi adolescencia y juventud. En las mujeres, esta violencia suele estar muy vinculada a mandatos sociales y culturales: la presión estética, la necesidad de agradar, la obligación de sostener, la hiperproductividad o la desconexión entre deseo propio y expectativa externa.
¿Y cómo has plasmado tu universo íntimo en Ansia? ¿Cómo tus propias experiencias vitales han ido conformando la narrativa de la obra?
La narrativa la he ido plasmando de una forma muy visceral, no tan intelectual. Podría decirse que ha sido uno de los procesos creativos más caóticos. Pero intenté aceptarlo y no juzgarlo.
¿Hoy en día hay menos violencia o simplemente hemos aprendido a maquillarla para poder seguir adelante?
Cuando una mujer aprende a minimizar lo que siente, a callar, a soportar demasiado o a desconectarse de sí misma para sobrevivir, esa tensión termina inscribiéndose en el cuerpo. El cuerpo habla muchas veces aquello que la mente ha intentado silenciar. Por eso, la violencia no siempre nace del odio consciente. A veces nace de años de adaptación, supervivencia y presión sostenida. Y precisamente ahí aparece una de sus dimensiones más profundas: cuando el maltrato se maquilla y deja de parecer violencia porque se ha vuelto costumbre.
Aúpa Teatro es una compañía que se define por dar mucha importancia al cuerpo. ¿Esta obra es una sublimación de ese cuerpo en escena?
Incluso en la puesta en escena de piezas textuales, siempre he intentado dirigir a mis actrices y actores hacia la construcción del personaje desde una presencia escénica y una fisicalidad profundamente vivas, donde el cuerpo no acompaña al personaje, sino que también lo revela. Ansia quizás no es una completa sublimación, pero si el punto de partida, el génesis embrionario, su destrucción y renacimiento.
¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?
Es una puesta que busca la exploración de los recursos lumínicos, sonoros, audiovisuales y musicales a través de una mirada poliédrica. Estas múltiples caras y perspectivas dan cabida a un discurso crítico, integrador, estético, contemporáneo que el espectador va descubriendo a través de cuatro cuadros.
¿De qué forma los objetos son protagonistas de vuestra propuesta? ¿Cuál será su función?
Intento no utilizar los objetos como simple atrezzo, ni la luz sólo para ambientar la escena, sino de que éstos en conjunto con el cuerpo, interactúen entre sí. Una escenografía viva, instantes de oscuridad, pocas luces desde diferentes ángulos apuntando a un cuerpo fragmentado. Una red de hilos rojos que se teje en escena y también se extiende hacia el público.
De la oscuridad surge la materia decís en el dossier. ¿También surge la luz?
Desde luego. En Ansia la oscuridad no aparece solo como un lugar de caída, sino también como un espacio de transformación. De ella surge la materia, pero también la posibilidad de la luz. La pieza atraviesa zonas incómodas, pero precisamente al mirar de frente aquello que normalmente se esconde, aparece algo nuevo: conciencia, vulnerabilidad, e incluso una forma de reparación. Pero no mitificando la luz de forma ingenua como una solución mágica, sino como la posibilidad de a través de la luz aceptemos volver a escucharnos, a reconectar y a aceptarnos.
¿Cómo conseguís que el espectador que acuda a ver Ansia sea cuerpo activo de la obra?
En Ansia le hablo al público de frente, rompiendo constantemente la cuarta pared. Abro las puertas de mi universo interior, comparto mis miedos, mis pensamientos más íntimos y me expongo desde un lugar profundamente vulnerable. Espero que esa desnudez emocional genere empatía y convierta al espectador en algo más que un observador pasivo. Me interesa que quien presencia la pieza se reconozca, se incomode, se cuestione y atraviese conmigo el viaje emocional de la obra desde un lugar físico y sensible. Ansia no busca que el público mire desde fuera, sino que se implique emocionalmente, que respire con la pieza y que, de alguna manera, también habite sus propias sombras durante la experiencia escénica.

¿Qué nos podéis decir de esta iniciativa organizada por Teatro Lagrada como es Miradas al Cuerpo? ¿Sigue siendo necesario organizar encuentros así para dar visibilidad a determinadas propuestas?
Estoy agradecida al Teatro Lagrada por abrirnos nuevamente las puertas de su casa, que también sentimos como hogar. También tengo la certeza de que sigue siendo necesario ofrecer espacios a este tipo de propuestas menos convencionales, sobre todo en un circuito teatral donde hasta en el propio off, cada vez vemos más teatro y danza comercial.
¿Cómo ves la salud de las Artes Escénicas en nuestra ciudad? ¿Se puede vivir de este trabajo?
En Madrid hay programación constante, gran oferta de compañías, salas, un circuito más comercial y otro alternativo. Mientras los alquileres se disparan y el coste de vida aumenta, el apoyo institucional en forma de subvenciones y ayudas públicas ha mermado en cantidad y calidad, por ejemplo. Hoy en día, si seleccionan uno de nuestros espectáculos en el extranjero, no podríamos asistir por falta de recursos económicos. Diversos estudios del sector señalan que el modelo de producción teatral español está atravesado por dinámicas de precariedad, e intermitencia laboral. Hace tiempo que venimos luchando por el Estatuto del Artista, que mejoraría las condiciones del sector si se consolida como una herramienta real de protección laboral adaptada a la intermitencia del trabajo artístico.
¿Qué sientes al estar sobre un escenario?
Para mí, el escenario es el lugar donde el tiempo se detiene y todo se vuelve presente absoluto. Es un espacio en el que desaparece el ruido exterior y todo se concentra en el aquí y ahora del cuerpo, la respiración y la mirada. Es donde siento que todo encaja. No como una idea romántica de pertenencia, sino como una certeza física: el cuerpo reconoce ese lugar como propio. En escena hay una forma de verdad que no se puede sostener en ningún otro contexto.
¿Y qué quieres provocar al público en cada uno de tus trabajos?
Mi intención es que el público no salga indiferente. Abrir un espacio que permita que la experiencia escénica active una doble resonancia: por un lado, una implicación emocional directa, y por otro, una reflexión posterior que obligue a mirar de nuevo lo vivido desde otra perspectiva. No se trata solo de conmover durante su representación, sino que continúe generando preguntas, imágenes o sensaciones de esas que se quedan una vez que ha bajado el telón.