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¿Quién teme al lobo feroz?

David Llorente: «Nunca debemos dejar de defender la libertad individual»

 

Por Sergio Díaz

 

El dramaturgo y director revisita el cuento tradicional escribiendo y dirigiendo esta versión llamada Roja Caperucita en la que trae el texto a la actualidad para hablar de las dimensiones del poder, de la sumisión de los colectivos oprimidos y de ese momento en que se enciende la chispa de la rebelión. Su compañía Séptimo Miau Teatro es la encargada de un montaje que está protagonizado por Elena Kovasi, Laura Leal, Lázaro Mur, María Bellver, Ramón Nausía, Sherezade Atiénzar y Val Núñez. A partir del 6 de diciembre en El Umbral de Primavera.

 

Como todos los cuentos tradicionales basados en narraciones orales, el cuento de Caperucita Roja nos ha llegado muy desvirtuado. ¿De qué trata realmente esta historia?

Los cuentos tradicionales aguantan mal el paso del tiempo porque aquello que nos da miedo hoy nos puede resultar indiferente al cabo de treinta años. Caperucita Roja, en su origen, intentaba advertir a las niñas de los peligros que podían derivarse de la desobediencia a la madre, el mayor de todos esos peligros era, por supuesto, la posible aparición de un lobo que te acabe devorando en la cama. Es una perspectiva que no tiene cabida ni aceptación en la sociedad actual, de ahí que haya sido tachada de machista y hasta eliminada de bibliotecas escolares.

 

Hemos visto versiones teatrales sobre la verdadera realidad de los cuentos tradicionales, como por ejemplo la realizada por Rakel Camacho sobre La Bella Durmiente, en el que queda claro que se trata de una violación. ¿Por qué has elegido tú Caperucita? ¿Querías mostrarnos su significado original?

La idea es la contraria. Los cuentos tradicionales no deben ser entendidos en su estética original. Si son cuentos tradicionales, es decir, folklóricos, es decir, populares, es porque se han ido transmitiendo de boca en boca durante muchas generaciones, adaptándose (y esto es lo importante) a la sensibilidad de cada momento. Si yo he elegido a Caperucita como punto de partida, ha sido porque me ha parecido una historia que puede simbolizar muy acertadamente los problemas y los males a los que debemos enfrentarnos hoy.

 

Siempre se suele representar o leer este cuento a los niños y niñas más pequeños, pero Caperucita es más bien una historia para adolescentes que están creciendo y que quieren descubrir el mundo por sí mismos, ¿no?

Caperucita, bien mirado, es un cuento terrible, lleno de miedo, de advertencias, de malos presagios (que luego se cumplen), con violencia, con mentiras, con descuartizamientos. La antigua narración oral no se andaba con rodeos. Imposible que fuera para niños, a no ser que, lejos de enseñarles, quisieran aterrorizarlos.

 

¿Quién teme al lobo feroz? en Madrid

 

Caperucita Roja habla sobre la pérdida de la inocencia. ¿Tu obra va por ahí? ¿Es ese aspecto el que has abordado en la propuesta?

Sí y no. La propia historia te presenta a un personaje que, efectivamente, pierde la inocencia y abre los ojos a los horrores del mundo y a la maldad de todos los que le rodean. Eso es ineludible. Pero, al mismo tiempo, metiendo los dedos en las grietas de deja la historia, nos encontramos con un segundo texto que nos habla de las relaciones de poder.

 

En este momento social se habla mucho de la sobreprotección que los padres y madres ejercen sobre sus hijos. No sé si eres padre y si vives esto en primera persona… pero ¿crees que deberíamos fomentar, como sociedad, que los niños se perdieran en el bosque de vez en cuando, que tomaran las calles de nuevo?

No tengo hijos, pero por delante de mí, desde que empecé a enseñar lengua y literatura, han pasado miles de chavales. Perderse en el bosque…, tomar las calles…, podemos llamarlo como queramos…, nunca debemos dejar de defender la libertad individual y la rienda suelta a la fantasía, que es, desde mi punto de vista, lo que construye y define a un niño.

 

En esta versión que has construido le das voz a todos los personajes del bosque. ¿Necesitabas liberarlos de ese corsé y ese bozal que la historia les ha impuesto? ¿Considerabas fundamental que escucháramos lo que tienen que decirnos? ¿Y qué nos dice ese coro de voces normalmente silenciado?

El bosque es un espacio que propende al misterio, al ocultamiento y al terror, mucho más que a la alegría y a la pacífica convivencia. Es, además, un marco social en el que cada personaje, por fuerza, debe tener su papel, su utilidad, sus objetivos y su vergüenza. No creo que se pueda trasplantar a la actualidad el cuento de Caperucita sin encender los focos sobre los personajes secundarios, que chillan a voz en cuello su importancia para que entendamos que Caperucita y el Lobo, en el fondo, son la misma cosa.

 

Hay personajes humanos que hablan con animales en la obra. El ser humano de hoy ha perdido esa conexión que le unía con la naturaleza. ¿Alejándonos de nuestra parte animal nos embrutecemos más? ¿Dejamos de ser libres?

En eso no hemos avanzado mucho (algo sí). Ya Cervantes decía que al ser humano se le debe permitir todo, hasta lo más abominable, en su lucha por alcanzar la libertad. Y hoy, si aguantamos unos minutos con los ojos abiertos, veremos que la gran batalla que está librando el ser humano es, precisamente, por conquistar, reconquistar o conservar la libertad, que es el cimiento sobre el que se levantan la dignidad y la identidad.

 

Eres el autor y director del montaje. ¿A nivel escénico has logrado plasmar el universo que estabas dibujando cuando escribías la historia? ¿Cómo habéis elaborado la escenografía?

Yo tengo la inmensa suerte de contar con la amistad y la colaboración de Josef Červený, uno de los escenógrafos más lúcidos y más creativos de la dramaturgia española, al que no se conoce demasiado porque vive en Ostrava (República Checa) y no parece que le apetezca sacar sus barbas a los vientos de la fama y de la exposición pública. En julio vino a los ensayos que hacíamos en la biblioteca Luis Rosales en Carabanchel y fue solucionando una por una todas las dificultades escenográficas que plantea la puesta en escena de esta versión.

 

¿Quién teme al lobo feroz? en Madrid
David Llorente

 

Te voy a poner los personajes de la obra por si me los puedes definir en función de lo que tú has querido mostrar a través de ellas:

Caperucita: Los ojos que, ante el mero atisbo del poder, se llenan de sangre.

Lobo: El viejo dinosaurio que sigue ahí siempre que te despiertas.

Abuela: La verdad incorruptible.

Luna: El camino que primero se bifurca y después se multiplica.

Bosque: Tu automatismo. La jaula que, al mismo tiempo, te encierra y te protege.

Liendres: El ser humano sumiso.

Madre: El hedor de la mentira.

Leñador: El remordimiento.

Amante: La envidia. El rencor.

 

Háblanos un poco de tu compañía, Séptimo Miau. ¿Cómo surge? ¿Quiénes la forman? ¿Qué obras habéis montado?

Séptimo Miau se creó en Praga, ciudad en la que he vivido los últimos 17 años de mi vida. Representamos alrededor de 20 obras de teatro que escribí y dirigí yo mismo. Viajamos por la gran mayoría de países de Europa Central y del Este. Participamos en muchos festivales y ganamos unos cuantos. Llevé el teatro y el idioma españoles a algunos de los más remotos rincones de Europa. Ni el Cervantes ni el Ministerio de Cultura ni la Embajada de España me dieron jamás ni un euro para ayudarme en esta labor. Teníamos que poner sobretítulos en el idioma local porque el público quería vernos aunque no entendiera lo que decíamos.

Ahora comienza una nueva etapa en Madrid. He podido comprobar el inmenso talento de mis actores, su absoluto compromiso y su dimensión humana de primera calidad. Nos espera un viaje fascinante.

 

¿Sois un elenco estable o buscáis los intérpretes para cada proyecto?

Ahora mismo somos un elenco estable. No me imagino prescindir de ninguno de ellos.

 

Has reescrito o reinventado ciertos personajes de la literatura universal, como Don Juan, Godot, Gregor Samsa o Caperucita aquí. ¿A quiénes vas a diseccionar en el futuro para mostrarnos su verdadera naturaleza?

Yo creo que, usando grandes personajes de la literatura universal, a quien intento diseccionar siempre es al ser humano.

 

¿Qué tipo de teatro te interesa como autor?

El que pone un espejo delante del público, no se vayan a pensar esos señores que lo que están viendo en la escena no habla de ellos.

 

Has vivido tiempo fuera y has llevado tu trabajo a otros países. ¿Notas mucha diferencia a cómo viven y consumen teatro otras sociedades?

En otras sociedades, concretamente en los países del este y el centro de Europa, que es lo que yo conozco mejor, el teatro está mucho más cerca de la gente, saben que es cultura, conocen su dificultad, lo integran con orgullo en su literatura nacional y el respeto es mucho mayor.

 

¿Y cómo ves la escena teatral aquí?

Con la escena teatral sucede lo mismo que con todos los géneros literarios: el sistema educativo ha eliminado el hábito y el placer de la lectura. Tanto lectores como espectadores son una resistencia que hay que cuidar al mismo tiempo que empujamos a los jóvenes hacia la literatura. Lo contrario sería fomentar una sociedad de bobos, de futuros economistas y de altisonantes proclamadores de la incultura.

 

Caperucita no le tiene miedo al lobo. ¿David Llorente teme al lobo o a través de la escritura ahuyentas el miedo?

Tengo miedo al Lobo. Conviene no olvidar que el miedo al enemigo es la mejor arma para vencerlo.

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