Hablamos con Andrea Gober, Álvaro Málaga y Tania Malvar, tres de los integrantes de La Tremenda Compañía (junto a Solangela de la Guarda y Paula San Millán), un grupo de jóvenes creadorxs que presentan en Nave 73 su última propuesta: Kilos por gramos.
Se trata de un texto que nace de las propias experiencias vitales de Tania Malvar, que se ha encargado de la dramaturgia. Una obra vertiginosa sobre la amistad, las relaciones tóxicas y abusivas, y el paso a la vida adulta.
¿Quién es Tania Malvar y de dónde viene su amor por las Artes Escénicas?
Tania Malvar: Pues es una chica guapa, lista, actriz y periodista (risas). Mi amor por las Artes Escénicas empieza justamente tras volver de Bristol en 2019. Estar otra vez en Madrid, después de un año tan convulso y excitante, con un final repentino y doloroso, fue un tema. Empecé a probar nuevos hobbies, uno de ellos el teatro. Los sábados por la mañana en la escuela de Nave 73 con Juan Carlos Mestre me dieron muchísima alegría. Llega marzo del 2020 y ni yo, ni absolutamente nadie, puede seguir yendo a ninguna clase. Eché muchísimo de menos la interpretación y con el panorama que había, me cuestioné qué estaba haciendo y qué es lo que realmente me apetecía. Pensé que hacer lo de los sábados, pero todos los días, sería un planazo. Me apunté al curso biaunal de interpretación y creación con Grumelot en Nave73 y fueron dos de los mejores años que he vivido.
Pero tu formación inicial es la de periodista…
Tania Malvar: Hice periodismo como primera opción, me gustaba escribir y, como casi toda mi generación, creí que lo mejor que podía hacer para tener un buen futuro, era una carrera. Error (risas).
Una vez acabado el grado no hice ningún amago por trabajar de ello, las expectativas que me quedaban después de escuchar durante cuatro años que solo el diez por ciento de cada promoción trabajaría de lo nuestro, hicieron que huir fuera la opción más atractiva. Tampoco tenía un deseo muy claro de querer ser periodista. Ahora me dedico a las Artes Escénicas sabiendo también que es un camino incluso más inestable y complejo, pero lo hago con la seguridad de que quiero estar aquí a pesar de las dificultades.
¿Cómo ha sido tu etapa formativa dentro de las Artes Escénicas?
Tania Malvar: Ha sido una etapa maravillosa. Creo que tuve mucha suerte de hacer la formación con Grumelot, aprendí muchísimo en solo dos años sobre interpretar y crear, sobre hacerlo en solitario o en compañía, pero siempre en un entorno cuidadoso y estimulante. Carlota Gaviño fue una de mis profesoras, la aprecio y admiro profundamente; Me hizo enamorarme del teatro, de contar historias, de hacerlo desde la honestidad y la dedicación.
El grupo con el que me formé, ese año algo reducido, por lo de las mascarillas y el contacto, pero en poco tiempo me di cuenta que fue un privilegio. Estuvimos muy unidas y aprendimos mucho las unas de las otras. Al terminar varias de nosotras tomamos la decisión de seguir juntas y montamos La Tremenda Compañía.
¿Y quiénes formáis parte de La Tremenda Compañía y qué tipo de teatro os interesa?
Andrea Gober: La compañía actualmente está formada por Andrea Gober, Álvaro Málaga, Tania Malvar, Solangela de la Guarda y Paula San Millán. Nuestro interés por los formatos no convencionales como las piezas itinerantes, el ‘site specific’ y la curiosidad por el teatro relacional nos ha impulsado mucho a crear proyectos muy diferentes unos de los otros. Desde una travesía ‘site specific’ por las calles de Arganzuela adaptando El vergonzoso en palacio de Tirso de Molina, pasando por Cuando estemos juntas, una obra de teatro relacional donde reflexionar sobre el concepto del tiempo junto al público, hasta la obra que presentamos ahora, Kilos por gramos, una autoficción que explora el paso a la vida adulta desde la precariedad, los vínculos y los excesos.
En definitiva, nos interesa perseguir un teatro donde la experiencia del público como espectador pueda ser activa y ser parte de la construcción de la ficción.
Tania, ¿por qué decidiste irte a Bristol en un momento de tu vida? ¿Qué buscabas?
Tania Malvar: Me fui a Bristol como me podía haber ido a Canadá a recoger cerezas a cambio de más dinero del que se saca en hostelería en España y, por qué no, para aprender a ‘little bit’ de inglés.
¿Y qué fue lo que encontraste allí?
Tania Malvar: Nada de inglés (risas). El dinero sí, un poco y a ratos. Encontrar a tantas personas en la misma situación, españolas, precarias, con tantas ganas… generaba una sensación de posibilidad constante, de poder conseguir algo por nosotras mismas. Una litera, una habitación compartida, una propia, una casa… Ir subiendo en la escala de pobres era una posibilidad real y era un juego absolutamente entretenido y excitante como para no tener que pensar en “¿qué vas a ser de mayor?”.
Al poco tiempo, este entretenimiento deja de ser tan divertido, porque los trabajos a los que optaba seguían siendo precarios, a veces incluso tenía jefes españoles que me hacían sentir como en casa: sin contrato laboral y con condiciones nefastas. También encontré una ciudad con mucha vida nocturna, una invitación a evadirnos de todo las dificultades que estábamos viviendo. La fiesta y el techno se convirtieron en el nuevo juego.
Ahora presentáis una obra de teatro basada en esa experiencia vital. ¿Qué nos vamos a encontrar en Kilos por gramos?
Andrea Gober: El público se va a encontrar con una obra con un ritmo vertiginoso. Desde que Alicia y Ana comienzan su viaje, el tiempo no para, los sucesos van unos detrás de otros. Podríamos decir que esta es nuestra obra más comercial hasta la fecha, y lo más sincero sería decir que la base del texto son Sexo, drogas y techno, pero hay mucho más que eso también. Cuando hay un paréntesis, cuando el ritmo se detiene, es para poner atención en un “pero” en un “y si”, en lanzar una pregunta al aire, que a su vez, nos impulsa a volver a ese bit constante del techno. Se encontrarán variedad de escenarios que fluctúan entre la alegría, la fiesta, la risa, las amigas, conocer a gente nueva, y la oscuridad de momentos jodidos, la decadencia, conflictos con personas queridas, poner en juego un entorno seguro que se puede destruir en cuestión de segundos.
¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?
Andrea Gober: La puesta en escena recoge las características de la cultura de la ‘free party’ y la ‘rave’, fiestas clandestinas en fábricas abandonadas o en mitad del campo. Su traducción escénica se refleja en una estética punk, con techno, ‘animal print’, elementos industriales como escenografía y elementos versátiles que responden a la precariedad de un grupo de amigos que transforma su entorno para que sea habitable.
El vestuario responde a la pertenencia a una comunidad frente al exilio. Es la unión de estampados pirotécnicos y de pieles de animales salvajes, con un estilo visual a lo Mad Max. La elección de vestir con colores neón o tierra corresponde con el deseo de ser visto o conseguir diluirse entre la masa. Y el espacio sonoro recoge las bases de la música techno: loops, bits hipnóticos, movimientos repetitivos y tensión placentera. La música actúa como movimiento progresivo para llegar a todas las alturas por las que subir al cielo y bajar al subsuelo.
Esta obra recoge un instante muy concreto de la vida de unos jóvenes, ¿pero creéis que puede ser un buen retrato generacional?
Álvaro Málaga: Sí y no. Por un lado, hay problemáticas que refleja la obra y que creo que son más universales en nuestra generación, como la imposibilidad de construir un hogar ligada a la precariedad laboral o la importancia de crear una familia elegida a través de las amistades.
Pero por otro lado hay cosas que son bastante específicas a la narrativa de esta historia como la adicción a la fiesta y a las drogas que, creo, no es realista pensar que son tan extendidas en la juventud como sucede en esta ficción; y también hay elementos que son propios de la etapa vital pero no particularmente de esta generación, como la intensidad con la que amamos, la poca evaluación de los riesgos, la toma precipitada de decisiones…
Como mencionas, la precariedad y la imposibilidad de crear tu propio hogar son dos de los grandes problemas a los que os enfrentáis lxs jóvenes hoy día. ¿Cómo afecta eso a la hora de tomar decisiones vitales?
Álvaro Málaga: Creo que es un asunto central. Al final nuestra vida está vertebrada por las condiciones materiales en las que vivimos y la realidad es que la inmensa mayoría de la juventud no puede independizarse totalmente, muchas reciben ayuda de familiares o tienen que verse obligadas a compartir vivienda con más gente, muchas veces desconocida, para poder permitirse tener un techo. Cualquier decisión vital pasa por aquí, por poder o no poder estudiar, invertir en un proyecto ya sea artístico o empresarial, tener una casa, irte a vivir solx, con una pareja, tener hijxs… Son decisiones que están todo el rato condicionadas por la situación precaria que tenemos.
Asombra esa dicotomía que nos encontramos en el texto de estar como perdida y ser capaz de hacer cosas que requieren tanto arrojo. ¿Qué dice eso del personaje de Alicia?
Tania Malvar: Alicia es una representación de cómo me veo a mí misma en ese momento y también de las cosas que me gustaría haber sido capaz de hacer. En cualquier caso, el personaje hace lo que hace porque necesita recuperar su propio valor, el que siente que le quita Javi, el chico con el que ni está, ni deja de estar, pero que le recuerda todo el rato que ella vale menos con su desprecio.
Las dudas y el arrojo también son inherentes al momento vital que atraviesa Alicia. Mi generación ha crecido con unas expectativas que no se han cumplido en el terreno de lo laboral y esa ruptura nos deja con un buen cóctel de dudas y muchas ganas a unas cuantas.
¿Quiénes son las ‘Anas’ de este mundo?
Tania Malvar: Las ‘Anas’ del mundo, qué bonita frase, me encanta. Las ‘Anas’ del mundo son las amigas, las que me sostienen, con las que, tal como pasa en la obra, me querría ir o volver a cualquier parte del mundo. Son esas personas con las que te sientes más fuerte, segura y capaz de todo. Esas personas por las que dar un riñón si hace falta.
De hecho, el nombre surge porque dos de mis mejores amigas se llaman así y han sido un apoyo absoluto e imprescindible a la hora de superar y después escribir esta historia. El personaje de Ana, representado por Andrea, es el buen trato, los cuidados, la diversión, la generosidad y la complicidad. La verdadera historia de amor en Kilos por Gramos es la amistad entre Alicia y Ana.
¿De qué manera afecta el consumo habitual de drogas a la ‘verdad’ de las relaciones?
Tania Malvar: Depende mucho del contexto de la relación, del tipo de drogas, de las dinámicas… En el caso de la relación entre los personajes de Alicia y Javi, ellos no consiguen tener una verdadera intimidad. Javi tiene comportamientos machistas, entre ellos el de no mostrarse nunca vulnerable y no hablar de emociones.
Cada vez que consumen MDMA, una droga que amplifica e intensifica las sensaciones emocionales así como genera un sentimiento de cercanía, confianza y empatía hacia las demás personas, la distancia entre ambos parece acortarse. Sin embargo, al terminar los efectos esta burbuja se rompe y viene la otra fase, la llamada ‘bajona’ donde todo es tristeza, oscuridad y apatía. Alicia, que desea esta cercanía por encima de todo, se engancha a entrar en ese mundo imaginario con él. En ese mundo Javi a veces trata mejor a Alicia y ella ya no sabe muy bien a que está enganchada, pero necesita esa dosis de amor dado con cuentagotas.
¿Cómo lograste hacer el paralelismo de que hay un parecido muy razonable entre el daño y la dinámica en el consumo abusivo de drogas y el círculo de la violencia en una relación de maltrato?
Tania Malvar: Dar mucho para recibir una miseria, esa puede ser la frase que lo resume todo. En una relación de maltrato las mujeres estamos abriéndonos en canal, dando todo el amor que tenemos, poniendo en el centro a la pareja que, a cambio, lo que da es desprecio, pasotismo, humillación, una dosis ridícula e ínfima de cariño, de tiempo y atención. Y es ahí donde está el enganche, en esos gramos de recompensa que cuestan la vida entera. Siento que en la relación abusiva con las drogas sucede lo mismo, entregas tu bienestar, estabilidad, incluso tu futuro a cambio de unos pocos ratos de sentirte bien, que cada vez son más difíciles de sentir, consumes más, pero nunca es suficiente, cada vez más triste, más atrapada, más dependiente.
Ambas empiezan en una especie de luna de miel, a la que deseas volver a toda costa y cuanto más duele, más consumes, más te esfuerzas, para ver si queda algo de eso que recuerdas como un momento tan feliz, en el que te sentías viva. Pero no vuelve, nunca vuelve.
¿El abuso silencioso dentro de una pareja, ese en el que no hay gritos ni golpes, es casi tan peligroso como el más explícito?
Tania Malvar: Cualquier tipo de maltrato es peligroso, pero el silencioso, el suutil, es difícil de detectar y por lo tanto de erradicar. Especialmente para las víctimas, que sufrimos un abuso que nos hace cada vez más vulnerables por el desgaste y la humillación, mientras dudamos de nuestro propio relato, porque es verdaderamente difícil de nombrar. Para mí es muy importante visibilizar este tipo de maltrato, porque pasa desapercibido y es igualmente inhabilitante y muy doloroso. Poner el foco en estas dinámicas, que son bastante habituales, es uno de los principales motivos por los que quise contar esta historia.
En el contexto de una relación, ¿cuánto más difícil sea, más valor tiene?
Tania Malvar: Desde luego que no, mejor quedarse donde sea fácil. Pero ese pensamiento tiene un lugar importante en las personas socializadas como mujeres, claro. Hemos aprendido a que nuestro valor está fuera, que depende de los otros, en masculino. Hemos mamado de cuentos, libros, películas, canciones… El relato de que el máximo logro de nuestra feminidad es que el chico problemático cambie por nosotras, cueste lo que cueste. Y hemos aprendido a perseguir el amor a toda costa, como si ese fuera nuestro objetivo vital, mientras las personas socializadas como hombres, han aprendido más bien a rechazarlo, o desde luego a no ponerlo en el centro. Esto nos pone en una tesitura de desigualdad ante cómo nos relacionamos en lo afectivo sexual entre ambos y la dificultad se inclina hacia nuestro lado indudablemente.
¿Un “te quiero” lo cambia todo? Aunque sepas que es mentira…
Tania Malvar: Es difícil saber con certeza lo que es verdad o mentira, aunque haya indicios, especialmente cuando escuchas algo que deseas tanto oír.
Son dos palabras y es sencillo de entender, pero la frase de ‘Help yourself’ no resulta ser tan fácil como parece, ¿no?
Andrea Gober: Tan fácil como cualquiera de las frases que parecen sacadas de una agenda de Mr. Wonderful o de algún contenido streaming de psicología. Más allá del juego de palabras entre ‘Help yourself’, que en inglés significa ‘sírvete’ y la traducción literal al español que es ‘ayúdate a ti mismo’, no sé si hay una lectura mucho más profunda en la obra. Pero si nos ponemos a escarbar creo que salvarnos a nosotras mismas no es tan fácil como lo venden. El vídeo de tik tok que te enseña a poner límites tiene fecha de caducidad. El autocuidado y la salud mental se ha convertido en un dudoso producto de higiene personal. Por supuesto que es importante conocerse a uno mismo, entender nuestras fortalezas y limitaciones, pero la mayoría de las veces no las descubres, ni las pones a prueba sola. Las heridas más profundas son colectivas como sentirse querido, sentirse suficiente o válida. Y curarlas desde lo individual, es importante, sobre todo si te acompaña una profesional, pero curar en colectivo es absolutamente necesario. Y si no que se lo digan a Alicia y a Ana, o a tu amiga que te hace lentejas, la que te recoge en coche donde y cuando necesites, la que te da un abrazo largo o la que simplemente te dice que vuelvas a casa.
Nos hemos educado en una sociedad machista, pero a estas alturas uno pensaría que las cosas irían a mejor, y aunque hay avances se sigue perpetuando la violencia machista sistémica y estructural. ¿Los chicos jóvenes siguen dando continuidad a esas dinámicas? ¿Por qué lo hacen?
Tania Malvar: Veo que el patriarcado cambia sus maneras de manifestarse, no que haya disminuido la violencia machista. Los jóvenes siguen perpetuando roles machistas por muchos motivos, pero entre ellos está la falta de conciencia feminista dentro de la educación y todos los agentes socializadores.
Tú que tienes formación en el tema. ¿De qué forma se puede lograr revertir ese pensamiento para crear por fin una sociedad más justa e igualitaria para hombres y mujeres?
Tania Malvar: Ojalá tener una respuesta corta a esta pregunta. En lo referente al teatro, que es donde estoy ahora mismo, no queda otra que revisar desde qué perspectiva contamos las historias y qué es lo que queremos cuestionar o seguir perpetuando. Hacen falta más mujeres creadoras, más voces con perspectiva de género, desechar ya las viejas ideas que apestan a violencias machistas… Los relatos que nos contamos son determinantes a la hora entender de una manera u otra la realidad.
Si os hago la pregunta de si ¿Tienes un papel? Qué me decís…
Álvaro Málaga: ¿Que si quiero o que si tengo? (Risas). La verdad es que el podcast de ¿Tienes un papel? nos ha traído grandes alegrías y los teatros nos han abierto sus puertas encantados, eso ha sido un gustazo, pero ahora mismo no está siendo sostenible continuar con el proyecto, en parte, por la cantidad de tiempo que le estamos dedicando a Kilos por gramos. De hecho, gracias a este proyecto hemos podido ofrecerle un papel a una persona con la que no habíamos trabajado antes, que es Mario Saura y con el que estamos encantadas. Así que ahora es momento de que venga alguien con un papel debajo del brazo y nos lo ofrezca a nosotras.
¿Cómo veis la escena independiente madrileña actualmente?
Álvaro Málaga: A nivel artístico la veo estupenda. Veo que está llena de propuestas interesantes, arriesgadas, de ideas complejas, de creaciones colectivas que te dejan con la boca abierta, de romperse la cabeza… pero que también está llena de propuestas más clásicas, más ‘comerciales’… Hay una diversidad que, en mi opinión, sería deseable ver también en la escena más ‘mainstream’ o en los teatros públicos. Pensemos, por ejemplo, cuántas direcciones colectivas entran en el circuito principal, o cuántas producciones en las que hay jóvenes creadoras.
Esto me lleva al segundo punto, a nivel de condiciones materiales la escena independiente está muy mal, es prácticamente imposible poner en pie propuestas sin perder dinero por el camino, sin invertir horas y horas y horas en saltar las trabas que tiene no tener un lugar fijo en el que ensayar, compatibilizar ensayos que nunca son remunerados con todos y cada uno de los trabajos de todas las personas que integran el grupo… Luchamos mucho por entrar en lugares de los que lo más probable es que no saquemos casi rédito económico. Es trabajar literalmente por amor al arte y eso no es justo. Ojalá podamos conseguir que todo eso vaya cambiando.
Al final de todo el proceso que contáis en la obra… ¿Alicia ha ganado?
Tania Malvar: Alicia pierde muchas cosas en su viaje, aprende a hostias y de alguna manera proclama su victoria quedándose con quienes la quieren bien y renunciando a lo que la destruye.
¿Y Tania?
Tania Malvar: Quizás algún día entienda que esto no va de competiciones, pero algunas cosas he ganado, desde luego. Si pienso en ese momento y miro al de ahora mismo, la diferencia más importante es la de mi entorno. Las personas a las que quiero, me quieren también desde un respeto y un amor absolutos. He tenido mucha suerte con las personas que han permanecido a mi lado y las que he encontrado en todo este tiempo. Revivir el dolor de esta historia es posible gracias al anclaje que me dan ellas y no hay nada más valioso ni mayor victoria que la de sentirme arropada y querida pase lo que pase.
¿De qué cambiarías Kilos por gramos?
Tania Malvar: Pongo kilos de tiempo, energía y cariño a cambio de unos buenos gramos de hacer funciones con La Tremenda Compañía.
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