Victoria Pérez: "Las dudas de si deberías denunciar o no comienzan en la vergüenza y la culpa que nos hacen sentir para así mantenernos en silencio"
Culpa es una pieza autobiográfica creada por Victoria Pérez, un monólogo interpretado por ella misma y apoyado con su idioma favorito: el cuerpo.
La obra, que podrá verse en Bululú 2120 los días 13 y 20 de septiembre, muestra lo complicado que resulta enfrentarse al sistema si eres víctima de una agresión sexual.
¿Quién es Victoria Pérez y de dónde viene su amor por el teatro?
Victoria Pérez es una actriz malagueña, inquieta e inconformista, que ve el arte como el reflejo de las cosas que no podemos ver en la vida. El teatro y la escritura son su herramienta más eficaz para mostrar realidades que pasan desapercibidas y no son escuchadas. En un mundo actualmente cruel y difícil de habitar para personas sensibles y empáticas, el teatro es un refugio en el que transitar lo bello y reivindicar las injusticias.
Podría decir que el teatro ya formaba parte de mí antes de saberlo y que es una profesión que te elige y no viceversa. Me pasé la infancia imitando a personas de mi entorno e inventando personajes para dar el espectáculo diario en casa. A los 15 años me subí a un escenario por primera vez y me prometí no olvidar lo que se siente y poner los pies en las tablas cada vez que tuviese la oportunidad.
¿Siempre tuviste claro que las Artes escénicas eran el Plan A de tu vida?
Si, de hecho a los 18 años me mudé a Madrid con la intención de formarme como actriz y trabajar de ello. Más tarde, siendo consciente de la precariedad que existe cuando te dedicas al arte y, sobre todo, al comienzo, estudié una profesión preciosa que a día de hoy me permite tener un trabajo estable y no tener que abandonar el teatro. Soy auxiliar de enfermería en pediatría, pienso que los niños se merecen todo y poder cuidarlos me da la energía para llegar de un trabajo a otro y ponerme a ensayar y hacer nuevas creaciones.
¿Dónde te formas como actriz y creadora?
Mi primer contacto con la profesión fue en Málaga, en la escuela Artístika Teatro con Lorena Roncero, una de mis maestras más importantes ya que me descubrió este mundo. Me mudé a Madrid y estudié la diplomatura de Arte Dramático en Réplika Teatro, el sitio que hizo enamorarme del teatro físico, me enseñó la importancia del cuerpo en escena y me dio las herramientas para ser actriz creadora y no seguir un guion sin más.
Después de graduarme, he continuado formándome en diferentes cursos de teatro y danza. Y a la vez escribiendo, escribiendo mucho sobre lo que me quemaba por dentro y necesitaba sacar. Siempre sentiré que no tengo la formación suficiente porque nunca se termina de saber todo, siempre quedan cosas por aprender y esta profesión, como todo en la vida va de equivocarse y no tener miedo al fracaso. Nada es un fracaso, simplemente es prueba y error hasta que encuentras tu camino. La técnica viene de las escuelas, la creación de cómo transformas tus experiencias en arte.
Y cuando termina ese periodo formativo, ¿cómo son esos primeros pasos sin ruedines por la profesión? ¿Da vértigo el no saber muy bien a dónde dirigir tus pasos?
Pues es un camino cuesta abajo y sin frenos. Da vértigo y miedo, es un camino de sudor y lágrimas, un aprendizaje que te hace fuerte y te enseña a tener tolerancia a la incertidumbre. Al final creo que en esta profesión se exige desde fuera que ‘llegues a algo’ y ‘seas alguien’ y ese es el concepto equivocado del éxito. Para mí, el éxito es hacer lo que me hace feliz y conseguir llegar a mis propias metas, no a la de los demás. Hay que compararse menos y ser más. Así de simple, algo que se nos olvida y cuesta entender.

Dentro de ese camino te has lanzado pronto a crear tu propio proyecto teatral llamado Culpa. ¿De dónde nace un texto como este?
Nace de la necesidad de ser escuchada, de buscar justicia, de tener la oportunidad de ser la voz de muchas mujeres y poder contar una realidad que se ignora y se silencia.
Al tratar un tema delicado y personal, ¿has querido ser cuidadosa a la hora de expresarte o te has lanzado tal cual querías mostrarte?
No pensé en cómo quería mostrarme, si no en lo que tenía que decir y por qué lo decía. Escribí desde las tripas durante años, mientras vivía el proceso sin expectativas. Cuando sentí que era el momento terminé de darle forma al texto para llevarlo a escena. Sigue teniendo mi esencia, es directo, crudo y real, sin tapujos.
¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?
Una puesta en escena en la que predomina el cuerpo y la palabra, llenando el espacio con imágenes diferentes que crean atmósferas apoyadas de la luz y el sonido sin escenografía y con a penas utilería. Inspirado en el ‘teatro pobre’ de Grotowski, ya que para mí, lo más valioso está en la sencillez, en poder mostrar la esencia pura sin distracciones.
¿Por qué el cuerpo es tu forma favorita de expresarte? ¿Cuándo te das cuenta que tu lenguaje teatral se relaciona más con lo corporal y físico que con el texto puro y duro?
El cuerpo siempre tiene la respuesta antes que la mente, tu cuerpo ya ha decidido por ti antes de saberlo, porque la intuición no se piensa. El cuerpo es sabio y si lo escuchas y le dejas libertad puede sorprenderte. Al fin y al cabo, es tu primera y única casa. Cuando la voz calla, el cuerpo habla, se expresa y baila. No concibo un lenguaje sólo textual sin integrarlo en el cuerpo porque va implícito. Entonces sería como actuar encerrada en una caja.
¿Quién es Jana, la mujer protagonista de la obra?
Jana es una mujer fuerte y reivindicativa, no aguanta las injusticias y no le gusta quedarse callada. Es sensible y divertida, suele utilizar el sarcasmo para proteger su vulnerabilidad. Podríamos decir que Jana es la típica amiga con la que puedes contar para irte de cañas con risas aseguradas y también para los momentos más difíciles. Su empatía la hace destacable pero no se entrega a cualquiera, eso sí, cuando lo hace y siente confianza sabes que siempre va a estar ahí.
En la obra hay un mensaje directo hacia lo duro que es denunciar un caso de violación. ¿Es por eso por lo que muchas mujeres no denuncian?
Sí, ese es uno de tantos. El juicio ya empieza en la calle, denuncies o no. Si eres mujer te juzgan por denunciar pero si no lo haces también. Las dudas de si deberías denunciar o no comienzan en la vergüenza y la culpa que nos hacen creer que debemos sentir para así mantenernos en silencio. Y no somos nosotras precisamente quienes deberíamos sentir esto, si no los agresores, y es prácticamente imposible ver a alguno avergonzarse o sentir culpa y asumir sus hechos. ¿Por qué nosotras sí lo hacemos? ¿Por qué nos vemos casi en la obligación de callarnos? ¿A caso no es ya suficiente con el trauma vivido? No, además se nos exige una ‘forma correcta de actuar’.
Con sobrevivir como se pueda después de una experiencia así , ya es suficiente. Algo por lo que también las culpabilizamos, se piensa que si al final no denuncian o retiran la denuncia durante el proceso es porque en realidad no pasó nada… ¿Sientes que se os juzga así?
Así es, porque pensar que una denuncia se retira por el bienestar de la salud mental de una mujer que está viviendo una situación traumática no es una opción. O simplemente porque no puede con una sobrecarga mental tan fuerte en ese momento, ya que el sistema judicial no está pensado para nosotras y menos en estos casos, nos lo ponen difícil y en vez de entendernos, es más fácil juzgarnos y ponerse en nuestra contra sin empatizar.

¿Que un proceso judicial de este tipo dure años no hace que estéis constantemente expuestas y sin poder pasar página?
Sí, eso sólo por nombrar uno de los ‘efectos secundarios’, como refiero en el texto de la obra. Al fin y al cabo, te hace estar en alerta constantemente, esperando una nueva noticia para ver si de alguna manera se hace justicia y puedes empezar a respirar tranquila. Una mujer en esta situación trabaja en terapia, avanza, y cuando piensa que está mejor y puede empezar a pasar página, el caso sigue abierto y es como tener un ancla en el pie que te tira de boca con cada paso que intentas avanzar.
En todos estos casos de violaciones y abusos, dentro de lo complejo que es todo y de los millones de matices que hay, para mí quizá lo más cruel es saber que la víctima es la que carga siempre con ese peso y esa condena y que el agresor culpable puede seguir haciendo su vida de forma normal y que incluso lo hace sin remordimientos. ¿Lo sientes así?
Así es, sin remordimientos y repitiendo sus fechorías. A parte de la impotencia que siente la víctima cuando todo se carga sobre ella, una de las cargas más duras es saber que el agresor sigue en la calle, haciendo su vida con su familia, sus amigas, sus futuras parejas… sólo nosotras pensamos en esas chicas. Lo peor ya no es que no se haga justicia, o que te lo puedas encontrar por la calle, si no que la historia se repita y no poder hacer nada para evitarlo.
Hay un concepto que mencionas en el texto que es la inmovilidad tónica. ¿Puedes explicar en qué consiste?
La inmovilidad tónica es una respuesta involuntaria de parálisis temporal que experimentan tanto animales como humanos ante una amenaza extrema o un peligro inminente. Así define este concepto el diccionario. Es un reflejo que nos viene del instinto animal. Al fin y al cabo, no deja de ser un método de supervivencia, si vives en la selva y un depredador viene a por ti, si te haces el muerto despistas su atención porque ya no eres una presa o simplemente pasas desapercibida y gracias a ello sobrevives. Pues este mecanismo de defensa sigue existiendo en nuestros cuerpos y le pasa a muchas personas ante una situación de peligro; se quedan paralizadas. No es algo que elijas o puedas controlar, una situación de peligro no avisa, aparece de sorpresa y tú reaccionas como puedes. El problema nunca fue la reacción de la víctima, está en la acción del agresor. Y el foco está mal puesto, siempre hacia nosotras, se juzga cómo reacciona la víctima, si se defendió, si se opuso, su estado y su comportamiento con el agresor momentos antes de que ocurriese todo, pero nunca le cae este interrogatorio al acusado. Mi reacción no importa, si no me hubiesen atacado, no hubiese pasado nada, es así de simple.
¿Se paga un precio muy alto por nacer mujer? ¿Se infravalora a las mujeres?
Sí, es una lucha constante desde que nacemos, aunque ser mujer es una de mis cosas favoritas, admiro mucho a las mujeres. Lo bello de la feminidad está en la fuerza. Sólo el cuerpo de la mujer es capaz de crear una nueva vida. Un cuerpo poderoso que nos engañaron para creer que no era válido, que nunca sería suficiente y que lo importante era seguir un estereotipo de un cuerpo perfecto que no existe. Las mujeres ya son perfectas como son. Lo bonito está en la diferencia y lo atractivo en la seguridad y el autocuidado. Si nosotras no nos valoramos no lo va a hacer nadie y encontraron una herramienta poderosa pensando que si nos hacían infravalorarnos, ellos tendrían más poder. Nos hacen débiles desde que nacemos inculcándonos roles erróneos. Y nadie se da cuenta de que esto no es una competición. Esto se trata de respeto y equidad, jugando en el mismo equipo de igual a igual.
Dentro de las muchas cargas de profundidad que tiene el texto, hay un concepto muy interesante y es el hecho del consentimiento. Dices: “Me jode tener que hablar de consentimiento en el siglo que estamos. El siglo de la tecnología, de los modernitos, ¿y me estás diciendo que tengo que explicar lo que es el consentimiento?”. Es que es algo como muy básico y muy fácil de entender ¿no?
Por supuesto, es así de simple y obvio, no se tendría ni que explicar. Si alguien se acerca a darme un beso y aparto la cara es evidente que no quiero nada. Así de básico, no entiendo las preguntas de si alguien dijo o no verbalmente ¨no quiero¨, porque hay muchas situaciones y si la víctima está inconsciente o no puede hablar es evidente que no vas a tocarla ni hacerle nada. Si tu amiga o tu novia está dormida o te dice que no le apetece pues la dejas tranquila y punto.
¿Qué piensas de la gente que niega la violencia machista, que reniega de las políticas de igualdad y que se crispa con los movimientos feministas?
Que son personas que no son conscientes de la realidad en la que viven. Hacen oídos sordos, no se paran a pensar, escuchar y menos a empatizar. También hay argumentos que defienden sin saber lo que dicen, a veces incluso tienen un concepto equivocado de lo que es el feminismo, por ejemplo. Hay mujeres que me han llegado a decir que no son feministas porque no quieren ser superiores a los hombres. Y no se trata de eso, hay que pararse a explicar que lo que se busca es la igualdad que aún no existe y por eso tenemos que seguir luchando por nuestros derechos. Y los que sí entienden los conceptos de todo y aún así están en contra, ya directamente me parecen malas personas que no tienen humanidad.
¿Y qué piensas cuando en una conversación sobre esto te sueltan rápidamente el argumento de las denuncias falsas?
Pues doy gracias que nunca me ha pasado porque nadie de mi círculo lo haría y si lo hiciese dejaría de ver a esa persona con los mismos ojos. Si me pasara, sacaría datos reales de estudios en los que se comprueba que es una cifra casi inexistente. Puede haber un caso aislado y eso no es motivo para quitarle peso e importancia a todas las denuncias y casos que existen.
¿El teatro es una herramienta que nunca te falla a la hora de enfrentarte a la vida?
Así es, siempre fue un refugio al que volver, al igual que la música y la danza. Hay emociones o situaciones tan grandes que antes de que te desborden, el arte te da la oportunidad de transitarlas de la forma más bella.
¿Esta obra es tu forma de hacer justicia a través del teatro?
Sí. Ya que en los juzgados rara vez se hace justicia cuando eres mujer. No podía quedarme así, no podía hacer como si nada, callarme y dejar que esto siga pasando. Así siento que hago justicia de alguna manera, es un ¨por mí y por mis compañeras¨.
¿Has llegado a poder quitarte de encima el peso de la culpa o crees que podrás hacerlo algún día?
Sí, de hecho la obra está escrita para que ninguna otra mujer sienta culpa. Cuando ves que no tienes que cargar con esa losa que nos ponen es una liberación.
“La vergüenza debe cambiar de bando”, dijo Gisèle Pelicot y muchas otras antes. Y también la culpa, cosas que deberían asumir los agresores. ¿Cómo crees que se puede lograr eso?
Me encantaría tener la respuesta a esa pregunta y el poder para cambiarlo, pero por desgracia hay leyes y adultos a los que ya es casi imposible cambiar. Creo que la clave está en las nuevas generaciones, tenemos que dejar de educar a las niñas en el miedo y educar a los niños en el respeto, la empatía y el cuidado. Hay gente que tiene miedo a que su hijo salga maricón pero no a que salga agresor. Con la primera simplemente va a ser feliz, con la segunda una mala persona, cambiar nuestros miedos y educar diferente es el único camino al cambio y la evolución.
¿Crees que estamos cerca de conseguir una sociedad más igualitaria? ¿Lo ves posible?
Sí, creo que aún queda mucho trabajo por hacer, pero como he dicho antes, mi esperanza está en poder educar y concienciar a las nuevas generaciones y a las que no son tan nuevas también.