Carlos Sarrió: "La poesía no detiene una guerra, pero sin poesía no puede haber paz"
Cambaleo Teatro presenta De las cenizas aquel jardín, su nuevo montaje que estrenan dentro de la Muestra SURGE Madrid en Otoño 2026 y que podrá verse en el Teatro Pradillo los días 25 y 26 de septiembre.
Con dramaturgia y dirección de Zbigniew Olkiewicz y Carlos Sarrió, es una reflexión sobre todo lo que se pierde en una guerra.
El propio Carlos, miembro fundador de esta reconocida compañía nacida en 1982, nos habla de este nuevo proyecto y de la etapa vital y creativa en la que están inmersos.
“Y se suceden los días…”, comienza vuestro nuevo espectáculo. ¿A pesar de los días transcurridos el cierre de La Nave de Cambaleo sigue estando presente en vosotros o es una herida ya cerrada?
La Nave siempre está en nuestro pensamiento. Fue un proyecto por el que peleamos mucho y que se nos arrebató injustamente, es una memoria también de un proyecto muy querido por nosotros. Cuando nos echaron del Antiguo Matadero de Aranjuez escribí esto:
«Un teatro es la casa donde se rinde tributo
a la razón y al conocimiento
es la casa donde los seres humanos se preguntan
qué significa ser una persona
y desde la libertad que da esa pregunta
desafían a los dioses y al poder
y se ríen de los dioses y del poder
y de sí mismos
cuando se cierra un teatro se pierde esta oportunidad
y somos más pequeños -todavía- en este universo enorme y lleno de incertidumbre».
¿Cómo es esta etapa como compañía sin tener una sala de exhibición propia?
Volvemos a los orígenes, al nomadismo. Pero decir que desde que nos echaron del antiguo matadero de Aranjuez, todo el mundo nos ha apoyado y nos han ofrecido sus espacios para ensayar. Sobre todo El Curro DT, Tarambana, Cuarta Pared, Teatro Ensalle de Vigo, La Nave del Duende en Cáceres y La Fundición de Bilbao que nos ha apoyado a lo largo de nuestra carrera.
Empezasteis como compañía en 1982. ¿Qué os motivaba a querer ser una compañía de teatro?
Éramos siete personas que nos encantaba el teatro, estábamos descubriendo lenguajes nuevos para nosotros y teníamos en mente querer decir algo con nuestro trabajo. Y tomamos una decisión en Mayo de 1982. Y ahí comenzamos a aprender.

¿Cómo era el teatro en la década de los ochenta en Madrid?
Era Vibrante. Los ochenta fue una época en la que todo el mundo creativo se zambulló en hacer cosas nuevas, en romper estética y éticamente con el franquismo. Era una época en la que parecía que todo era posible.
¿A qué o a quien se echa de menos de esa época de juventud? Espacios o gente a los que deberíamos recordar más a menudo y con los que os relacionabais.
Son muchos años y muchas personas a lo largo de todo este camino, pero haré un mención especial a todas las personas que han estado en Cambaleo y que hemos recorrido un trecho del camino juntos, pero que luego tomaron otro rumbo. Hay algunas ausencias de personas con las que hemos colaborado, pero en general la mayor parte de compañías, creadores, directoras, salas siguen trabajando y funcionando y compartimos estos tiempos. No quiero dejarme a nadie así que no haré un listado.
¿Y cómo es hacer teatro ahora?
Ahora quizá todo se ha definido y compartimentado, pero sí que ha habido una evolución en el lenguaje contemporáneo, sobre todo es de reseñar la evolución de la danza contemporánea en España.
¿Cuáles son las líneas maestras de Cambaleo Teatro como compañía creadora?
La primera sería ser críticos con el mundo que nos rodea. Vivimos en un sistema injusto por naturaleza y hay que denunciar sus excesos. Siempre he pensado que el teatro es un medio para preguntarnos qué significa ser una persona. También aportar a nuestros espectáculos un aliento de contemporaneidad tanto en la propuesta estética, en la naturaleza de los textos, las aportaciones de la ciencia en la explicación del mundo. Ahora estamos trabajando desde la premisa de la relación texto-movimiento, en cómo se pueden retroalimentar el uno en el otro.
También sois escuela de Teatro. ¿Cómo el es teatro que enseñáis? ¿De dónde bebe? ¿Qué queréis transmitir fundamentalmente a lxs alumnxs?
Esto debería contestarlo Antonio Sarrió, que es quien lleva toda la parte pedagógica. Lleva trabajando años con un colectivo de mujeres que se llama La Mirada de Ellas y con un colectivo de jóvenes denominado Caoticxs . Creo que lo que se transmite fundamentalmente es que tienes un cuerpo para expresarte y que la realidad que vives es tu fuente de inspiración. Ambos colectivos hacen espectáculos a partir de sus propuestas, escriben sus textos, se expresan.
¿Qué balance hacéis como compañía tras 44 años de trayectoria? No sé si había unos objetivos al comenzar vuestra andadura, ¿pero sentís que habéis sido honestos con vosotros mismos en todo este tiempo?
Al comienzo de Cambaleo manteníamos que queríamos conseguir un lenguaje escénico propio, reconocible y creo que eso lo hemos conseguido. En cualquier caso no hay un sitio al que llegar, sabíamos que era un camino y que la gestión de los errores y los aciertos era importante, digamos que el camino nos ha ido cambiando y las personas que hemos conocido también. Yo todavía me veo aprendiendo y pensando mucho cual será el paso siguiente, hacer algo que nos suponga un reto, no estancarnos, no repetirnos, no tener una fórmula, hay que seguir buscando.
¿Y cómo sentís que os ve la profesión? ¿Os sentís reconocidos?
Yo creo que tenemos el respeto de la profesión. En cuanto al reconocimiento, pues depende, desde el primer momento nuestras propuestas se consideraron marginales y muy poco comerciales, de difícil acceso al ‘mercado teatral’. Pero hemos insistido y aquí estamos, somos supervivientes.
A nivel puramente económico. ¿Es sostenible tener una compañía teatral tantos años en el tiempo?
Cambaleo nunca ha sido rentable. Siempre hemos dicho, medio en broma medio en serio, que nosotros no vivimos del teatro, sino que vivimos para el teatro. Al final esto ha sido literal. Desde hace años todas las personas de la compañía han tenido disponibilidad para hacer los proyectos, pero ninguno vivíamos de esto. Las personas que estaban en Cambaleo lo hacían y lo hacen como una apuesta personal, para mantener un espacio creativo propio.

Ahora volvéis con un nuevo montaje que presentáis en Surge Madrid. ¿De dónde nace De las cenizas aquel jardín?
Cuando comenzó la guerra de Ucrania, Antonio Sarrió invitó a Cristina Samaniego a hacer un espectáculo que titulamos de la noche una canción. Viajaron a Polonia y allí conocieron refugiadas ucranianas y se empaparon del ambiente que había. Este fue el punto de partida del espectáculo. También trabajó en la dirección conmigo Zbigniew Olkiewicz. Finalmente se estrenó en SURGE Madrid 2023. Después nos invitaron al Schulz Festival en Drohobych (Ucrania), que es un festival bianual en memoria del escritor Bruno Schulz, autor quizá no muy conocido en España, pero traducido a todos los idiomas. En esos encuentros se hacen debates académicos, reuniones de poetas, espectáculos teatrales, musicales, danza… Fue en ese festival que se me ocurrió que podríamos volver y hacer, a partir de trabajos previos y reuniones en la distancia, un espectáculo performático que durara varias horas y en el que trabajaran artistas ucranianos. Finalmente se concretó en este año la propuesta que se llamó La casa que palpita y que fue una intervención artística que duró ocho horas en la Casa de la Juventud de Drohobych. En esta propuesta estuvimos Cambaleo Teatro, Zbigniew Olkiewicz (Akademia Ruchu- Polonia), Teatro Alter (Drohobych – Ucrania) y distintos colectivos de la ciudad. De las cenizas aquel jardín es una memoria escénica de este evento.
¿Cómo a sido el trabajo con Zbigniew Olkiewicz? ¿Se escribe y se dirige bien a cuatro manos?
Con Zbigniew llevamos trabajando desde el año 1987, nos entendemos a la perfección, ya hemos hecho una veintena de espectáculos juntos. Él siempre aporta desde el punto de vista de la imagen, del concepto. Es miembro de la compañía Akademia Ruchu de Polonia, una compañía histórica en el teatro contemporáneo. De la escritura me encargo yo. De todas formas en nuestro trabajo la escritura no da forma a la dramaturgia, es un elemento más que aporta un nivel añadido de comunicación a la metáfora que se está proponiendo.
¿Cómo es la propuesta escénica que habéis elaborado?
De las cenizas aquel jardín es una concatenación de acciones en las que la imagen y los conceptos que sugieren se mezclan con textos, voces, acción física y crean una dramaturgia. Son una serie de escenas independientes unas de otras, pero que juntas crean un mosaico que muestra nuestros sentimientos y pensamientos que tuvimos este mes de Julio en Drohobych en la acción que hicimos en la casa de la Juventud. Cuando lanzas mensajes desde un espectáculo en un país en guerra, todo adquiere un significado distinto, todo tiene otra importancia.
¿Qué es lo que queda después de la guerra, después de la barbarie?
Todavía hay guerra, no lo olvidemos. En Drohobych, que está muy cerca con la frontera con Polonia, la guerra no es evidente, no ha habido bombardeos, la ciudad está intacta. Pero todo el mundo ha visto truncada su vida, sus proyectos de una forma u otra, y la sombra de la guerra está siempre presente. Todas las personas han perdido a alguien. Todos los días a las nueve de la mañana la ciudad se detiene para recordar y honrar a los muertos. Casi todos los días hay actos públicos que tienen que ver con la guerra.
Ahora que justamente todo el cielo está cubierto de cenizas, por los incendios de este verano, ¿creéis que hay lugar para la reconstrucción?
Siempre. Nosotros con la acción La casa que palpita, que es lo que recordamos con nuestro espectáculo, lo que nos propusimos fue abrazar teatralmente a una ciudad herida, lo que queríamos es que el trabajo fuera una reparación, modesta, pequeña pero firme. Y la apuesta es la poesía, la escrita y la visual. Sabemos que la poesía no puede parar la guerra, pero también sabemos que sin poesía no puede haber paz. Y en esa reconstrucción el arte, el conocimiento tienen mucho que decir.
¿Y cómo se empieza de cero cuando lo has perdido todo?
No lo sé, no he vivido algo así, pero estaremos atentos a qué pasa allí. Ya hemos estado dos veces y ya tenemos gente muy querida allí batiéndose el cobre.
Una de las frases de la obra que me ha llamado la atención es: “nos cayó la vida encima/ y nuestra determinación/ por seguir queriéndonos/ era asombrosa”. Mi cabeza ha hecho un paralelismo con toda la gente que formáis Cambaleo Teatro. ¿Vuestra determinación por quereros es una de las claves para mantenerse 44 años creando juntas? ¿Hay otras?
Bueno, ese texto es parte de un poema del libro El sonido de los números imaginarios. No era en eso en lo que pensaba cuando lo escribí pero, de todas formas, la clave de mantenernos tanto tiempo es el haber tomado una decisión, que consiste en afirmar el teatro como una forma de estar en el mundo y hacer teatro desde un colectivo que a nivel interno rehace y modifica las normas de funcionamiento que existen en la sociedad que nos rodea. Es una manera de estar en el mundo.
También formas parte, como intérprete, del proyecto que presenta El Curro DT en Surge Madrid: Nuestra ausencia amarga.
Con El Curro DT mantenemos un diálogo artístico desde hace tiempo. Hace unos años les invitamos a un espectáculo que titulamos Habitar la intemperie. Nos entendimos muy bien y trabajamos muy fluido. Ahora ellos nos llaman y estamos encantados de participar en este proyecto.

¿Qué diferencias, satisfacciones, sensaciones… tienes al trabajar en proyectos que no nacen de ti, de tu compañía? ¿Sientes menos responsabilidad o es justo al revés?
La responsabilidad es la misma si tienes un compromiso con tu trabajo, pero quizás aumentada, por querer colaborar en el sueño de otros, por querer ser útil.
¿Un mundo sin estupidez es posible?
Visto lo visto, pienso que no. Como decían, solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez. Por eso es tan importante expresar desde la poética, el mundo y la vida son muy complejos y hay que combatir las soluciones fáciles que solo traen dolor y sufrimiento a los más débiles.
¿Cuál es aquel jardín en el que jugaba libre Carlos Sarrió y era feliz?
Es un sitio imaginario en el que entro y juego e invento textos, imágenes y comentamos con los amigos. Y bebemos unas cervezas y nos reímos, sobre todo de nosotros mismos.
¿Y Cambaleo Teatro seguirá creando mientras sus componentes sean felices también?
Seguiremos haciéndolo, aunque no sabemos lo que nos depara la incertidumbre. Pero insistiremos en nuestra decisión y a ver dónde lleva el camino. En cuanto a lo de ser feliz en este mundo creo que es sumamente difícil, pero como decíamos en un espectáculo que hicimos con Carmen Werner que se tituló Deriva Naufragio Apáñatelas:
«Ser feliz no es un estado sino una acción, una capacidad que hay que conseguir y ejercitar, algo parecido a una especie de precisión para no pedir a los objetos, a la gente, a las situaciones cosas que los objetos, la gente y las situaciones no tienen».