Los calores remitirán, poco a poco. Volveremos a unir neuronas, aliviados. Que el respiro estacional que supone la llegada del otoño no nos haga olvidar el furor de los refugios climáticos de este verano en Madrid. Hola, ¿de dónde ha salido ese concepto y por qué han metido a la cultura en todo esto?

Un poco de historia, que nunca viene mal. La identificación de la necesidad de habilitar espacios adaptados a las olas de calor en los que no fuera necesario consumir data de los años 90 en Estados Unidos. El objetivo era maximizar el aprovechamiento de los recursos de una ciudad, utilizando espacios preexistentes, como bibliotecas o gimnasios, y facilitar a las personas menos favorecidas un espacio fresco en el que soportar altas temperaturas. No he encontrado madre o padre concretos del término: aparentemente, climatólogos y urbanistas coincidieron en denominar “cooling centres” o “climate refugia” a estos espacios, y en 2019 el Ayuntamiento de Barcelona lo tradujo como “refugio climático” y lo implementó en su plan Clima.

Así llegó la idea de los refugios climáticos a Madrid en 2024, con la apertura de instalaciones municipales en las horas críticas y el ciclo ‘Refúgiate en la cultura’, con piezas de teatro representadas durante las horas de más calor en espacios climatizados. Este año Matadero Madrid y CentroCentro se suman con espacios diseñados específicamente para este propósito. Sobre el papel, todo fantástico.

¿Pero cómo llegamos hasta esos espacios climatizados a las cuatro de la tarde en julio? ¿En metro, que es algo muy fresco? ¿En taxi, porque somos personas desfavorecidas? Una vez ha concluido el evento cultural, ¿podemos seguir allí refugiados? ¿Puede haber niños o también molesta que se refugien ellos? ¿Qué aporta, en serio, que la cultura esté asociada a este plan municipal? Me alegro enormemente por todos los compañeros que han tenido trabajo durante los meses de verano, que nadie me malinterprete, pero… si el objetivo es luchar contra el calor haciendo más eficaz el uso de aire acondicionado en lugares donde no sea necesario consumir, ¿no tendría más sentido destinar esos recursos a multiplicar espacios públicos climatizados por la ciudad, en vez de hacernos creer que desplazarnos durante la siesta en Madrid para ver una obra de teatro nos está refugiando de algo?

Me resulta molesto que se manipule el sentido de las manifestaciones culturales. No es purismo: vive Dios que si hubiera refugios climáticos cada cinco manzanas, con actividades escénicas en todos ellos, creería que el mundo por fin ha vuelto a la cordura. El arte es la esencia de la construcción de una comunidad. Pero a cada objetivo, su estrategia y sin tergiversar. La cultura no puede ser el barniz cool de cualquier iniciativa.

 

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