Foto: Eva Viera
Nuestro teatro se convierte en una kermés, en una plaza pública, en un lugar donde encontrarnos; donde solo quepa celebrar y celebrarnos; mirarnos de cerca y dejar que nuestras historias nos sorprendan…
¿Qué pasaría si, de pronto, el teatro de nuestro barrio se convirtiera en una plaza pública? ¿Y si en ella se montaran unos cuantos puestos de feria de los de antes? ¿Y lo que allí sucediera fuera leer, imaginar, conversar…? Seguro que hasta nos quedaríamos un rato por ahí sólo por el puro placer de pasear, contemplar, jugar… ¡Y vaya a saber cuántas cosas más!
Sí, nuestro teatro hoy es una KERMÉS, un lugar donde encontrarnos, mirarnos de cerca y dejar que nuestras historias nos sorprendan… ¿Será que nos conmovemos con acontecimientos parecidos? ¿Será que compartimos temores, pasiones y anhelos similares? ¿Será que todo esto que nos pasa está deseando ser escrito, está necesitando ser correspondido?
KERMÉS, un teatro tan fuera de sí que sólo puede existir si nos acercamos y lo celebramos.

