Desde el 15 de julio y hasta el 16 de agosto, el Teatro Bellas Artes abre sus puertas a una de las comedias más salvajes del verano: Pero no se lo digas. Producida por MIC Producciones, la obra escrita por Ferran González, dirigida por Borja Rodríguez y protagonizada por Agustín Jiménez, Sara Escudero y César Camino, plantea un divertidísimo, y a la vez, despiadado espejo de las relaciones sentimentales.
¿Qué ocurre cuando la máscara de la pareja perfecta y de la amistad incondicional se desmorona en una sola noche? Este es el detonante de Pero no se lo digas, donde el humor más inteligente sirve para reflejar la incomunicación, el hastío y el abuso de confianza dentro de un trío de amigos de toda la vida. Laura (Sara Escudero) y Paco (César Camino) reciben para cenar a su amigo íntimo Ramón (Agustín Jiménez), devastado tras sufrir una ruptura amorosa. Sin embargo, la velada descarrila rápidamente hacia lo inaudito.
Con este tridente actoral de primer nivel —curtido en el terreno del humor—, la química sobre las tablas se convierte en el motor absoluto de esta delirante cena. En el vídeo que acompaña a estas líneas, los propios protagonistas nos revelan las claves de esta comedia salvaje.
Como explica César Camino a nuestros micrófonos: “Estoy casado con Laura, que le da un poquito a la bebida, y eso me crea problemas. Invitamos a cenar a Ramón para animarle, pero todo se complica”. En cuanto Paco baja a comprar unos limones para la cena, Laura acaba desahogándose con su amigo, revelando la disparatada crisis que atraviesa su matrimonio. Al regresar, Paco encuentra a su mujer inconsciente en el suelo.
A partir de ahí, la función acelera su ritmo y transita por una fina línea entre el costumbrismo, la intriga, el thriller y el absurdo. “Es una comedia de trazo blanco pero de lo bruta que es”, confiesa Sara Escudero. “Un absurdo que puede parecer normal y pasarnos a cualquiera —de hecho, está basada en hechos reales—, pero llevada al extremo teatral”. Bajo este juego de equívocos se esconde una retorcida dinámica de dos psicópatas y una víctima donde el pobre Ramón (Agustín Jiménez) sufrirá una transformación radical ante las perrerías de sus supuestos amigos.
Un equipo tope de gama para la comedia
¿Pero cómo levantar este acelerado y desconcertante ritmo en escena? En palabras de Agustín Jiménez: “En el teatro, el intérprete tiene que orquestar las carcajadas, saber trabajar con ellas y saber qué ritmo lleva la función”. Por su parte Sara Escudero destaca cómo el instinto del stand-up ayuda a manejar los tiempos en escena: “Sí que hay esa habilidad para saber cuándo tienes que esperar esos nanosegundos antes de seguir hablando, según la reacción que has tenido en la platea”. El experimentado actor de teatro y televisión César Camino asegura que el elenco respeta con precisión la partitura original de Ferran González: “Nos ceñimos al guion porque el texto de Ferran es magnífico”. No obstante, advierte que el público se verá inevitablemente reflejado: “Cualquiera que esté casado, tenga hijos o haya pasado una mala racha con su pareja se va a ver en un espejo”.

Escrita por Ferran González y dirigida por Borja Rodríguez, la obra destaca por su ritmo vertiginoso y unos diálogos afilados que van del realismo más terrenal al humor más absurdo. En palabras de la propia productora, MIC Producciones —que tras una sólida trayectoria en el teatro clásico con montajes como La Viuda Valenciana o La Dama Duende se lanza de lleno a la comedia contemporánea—, este texto les atrapó de inmediato: “Nos apetecía reír. Llegamos a esta obra casi por casualidad y nos atrapó. Nos dedicamos al teatro clásico y creíamos que era lo más complejo… ¿Pero qué hay más clásico que la comedia y más complejo que hacerla bien?”.
La obra se presenta como una montaña rusa de sorpresas, ideal para disfrutar de una noche de teatro y reírse de nuestras propias neurosis cotidianas. Una cita imprescindible de la cartelera madrileña en el Teatro Bellas Artes donde la risa, por muy desmesurada que resulte, sigue siendo el mejor analgésico.