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Sobre la presión por encajar y el miedo a no ser suficiente

  • junio 8, 2026
Por Sergio Díaz

"La obra es una crítica al culto a la imagen y a las estructuras que convierten el cuerpo femenino en un producto"

Ariadna Albert, Ana Bayas, Clara Florit y Anabel Iborra son las integrantes de El Arte de Artemisa, una joven compañía que llega a La Usina con Esthetic Paradise, un texto original de Victoria Szpunberg.

Esta es una historia de mujeres que miran su cuerpo como si fuera un proyecto inacabado, algo que corregir, pulir y transformar, creyendo que al cambiar por fuera podrán arreglar lo que duele por dentro.

La obra podrá verse los días 13, 19, 26 de junio, y 3 de julio.

 

 

Imagen promocional de Esthetic Paradise

¿Quiénes sois El Arte De Artemisa y cómo surge vuestra relación como creadoras?

Clara Florit: Nosotras somos un grupo de mujeres artistas con muchas ganas de trabajar en el mundo de la actuación. Nos conocimos durante nuestra formación actoral y decidimos unirnos para crear compañía.

Ariadna Albert: Nuestra relación surge cuando decidimos que la mejor forma de empezar en el mundo y darnos visibilidad es creando tu propio proyecto, porque algo que aprendimos en la escuela, yes algo que llevamos casi como lema de vida, es que no hay que esperar a que te lleguen las oportunidades, porque así casi nunca llegan. Las oportunidades se trabajan, se luchan y se crean.

 

¿Formar compañía propia es la mejor manera de moverse por la escena teatral? ¿Es la mejor manera de por expresaros a través de vuestro propio lenguaje?

Ariadna Albert: Si, formar una compañía creo que es la única manera que puedes actualmente de poder moverte por la escena teatral, ya que la verdad es que no te dan muchas facilidades ni oportunidades si eres alguien joven que está empezando.

Ana Bayas: Sin duda sí, sobre todo en los momentos del inicio. Primero, porque es la única forma real que te garantiza poder hacer teatro y subirte a un escenario, ya que eres tú la que tiene el control de tu propio trabajo. Y segundo, para explorar y definirte como artista, qué quieres contar y en qué tipo de lenguaje. Es un momento de metamorfosis precioso.

Clara Florit: Aunque tampoco diría que es un camino sencillo, sobre todo el arrancar, porque nadie te explica cómo moverte ni cómo crear tu propio proyecto, es algo que hemos ido descubriendo a base de pruebas y errores.

 

¿Y cómo es esa forma de expresión? ¿Qué tipo de teatro os interesa como creadoras?

Ana Bayas: Seguimos en esa búsqueda de conocernos como artistas y explorar qué queremos contar pero, sin duda, nuestro camino está marcado por la crítica social y las verdades incómodas. Queremos servir de espejo en el que mirarse y que la gente salga del teatro planteándose conductas e ideas impuestas. Para ello nos apoyamos en un teatro físico, donde el cuerpo cuente más que las palabras.

Ariadna Albert: Yo creo que aún no tenemos una forma de expresión definida, al fin y al cabo esta es nuestra primera obra como grupo. Yo creo que con los años y la experiencia tendremos un lenguaje más concreto en el que se nos pueda identificar fácilmente o eso esperamos que pase. Y sobre el tipo de teatro que nos interesa, a mí siempre me ha gustado mucho todo lo corporal, lo performático y lo reivindicativo, creo que ese es el teatro que quiero hacer.

Clara Florit: Creo que todavía estamos encontrándonos a nosotras mismas y a nosotras como unión. Seguimos descubriendo e investigando cómo queremos expresarnos. Creo que buscamos trabajar las obras y los personajes desde nuestra verdad.

 

¿Cuál fue vuestro primer acercamiento a Esthetic Paradise?

Clara Florit: Me encontré el texto de Victoria Szpunberg por internet, estaba buscando obras de teatro de autoras actuales cuando me topé con Esthetic Paradise y fue amor a primera vista. Sentí que teníamos que contar esta historia, que ademas cada vez me parece mas necesaria y actual, porque creo que a todas las mujeres nos alcanza esto por mucho que queramos escapar.

Ariadna Albert: La primera vez que yo leí el texto cuando me lo envió Clara, necesité un tiempo para digerir y entenderlo, y entonces lo vi claro, sentí que necesitábamos contar esta historia, que era necesario hablar de esto.

Ana Bayas: Cuando Clara nos llamó y nos dijo que había que hacer esta obra, yo le dije sí con los ojos cerrados, confío mucho en su criterio. Luego cuando la leí entendí todo.

 

¿Y qué tenía este texto de Victoria Szpunberg para que decidieseis montarlo?

Ana Bayas: Cuenta la imposición de la belleza de la mujer de una manera poética y grotesca que me explotó la cabeza. El desarrollo de la historia y la relación entre todos los personajes femeninos cuenta de manera muy oscura y bella la convivencia social entre las mujeres, y creo que todas nos sentimos identificadas con algunas de ellas. Además, aparecen personajes de todas las edades y en momentos vitales diferentes y todas ellas tienen un mismo deseo: ser guapas. Me parece brillante cómo Victoria ha desarrollado esta historia sin caer en lo típico ni lo cotidiano.

Clara Florit: Es una obra con la que podemos conectar todas las mujeres, creo que nadie de nuestro círculo que la haya leído se ha quedado indiferente porque todas nosotras, en algún momento, hemos sentido que éramos suficiente.

Ariadna Albert: Es un texto que a nivel de trama y de personajes está muy bien construido, se tocan temas muy importantes y están contados desde una visión muy original, y que creo que eso fue lo que más nos gusto.

 

¿Es fácil conseguir los derechos de una obra como esta? ¿Os han dado alguna indicación a la hora de llevarla a cabo?

Clara Florit: En el caso de Esthetic Paradise fue todo muy sencillo, la autora tenía un correo electrónico de contacto en la página donde había publicado sus obras para que si alguien estaba interesado le pudiera contactar. A partir de ahí ella solo nos puso facilidades y nos cedió la obra para que pudiéramos montarla aquí en Madrid. Sí que nos va a ir haciendo el seguimiento pero nos dio libertad total para montarla como quisiéramos.

 

¿Cómo es la puesta en escena que hacéis en vuestra propuesta?

Ana Bayas: Hemos apostado por el uso de los mismos elementos para construir tres espacios diferentes. Lo hemos logrado después de mucho trabajo de investigación porque a veces nos resultaba complicado, pero creemos que el código se va a entender muy bien y le va a aportar el sello teatral a la propuesta. Todo el diseño de movimiento escénico ha sido creado por Fran Merino con un resultado artístico que logra mantener viva la escena.

Anabel Iborra: Siento que es una puesta en escena arriesgada, que hace trabajar al público, haciéndolos imaginar espacios a partir de algunos objetos que se ven en escena, pero que también intenta bajar a la tierra ese aire distópico que desprende el texto, haciéndolo un poco más cercano y entendible de alguna manera.

 

¿Cuáles son los temas fundamentales que se abordan en Esthetic Paradise?

Ariadna Albert: Se aborda la presión social que sufrimos las mujeres por estar cada vez más guapas y más perfectas, la pérdida de la identidad y el abuso de poder.

Ana Bayas: La comparación entre las mujeres y la herencia familiar de estas creencias.

Anabel Iborra: La violencia estética hacia la mujer sería, para mí, el tema central. Hasta qué punto nos hacemos daño a nosotras mismas por conseguir ese modelo estético impuesto y autoimpuesto de forma subconsciente, y todo lo que sacrificamos por conseguirlo. Es muy fuerte, porque en la obra se ve cómo algunos personajes sacrifican todo: trabajo, hijos, familia, y a una mismo incluso, por conseguir ser más guapas.

Clara Florit: Otro tema que me parece muy relevante es cómo nos afecta la mirada ajena, la de los hombres normalmente. Y esto se ve reflejando en la figura del Doctor Clemente, un personaje que no aparece nunca en la obra pero esta muy presente en todas y cada una de las mujeres que sí aparecen. Él es aquel que puede otorgarles o quitarles todo el valor que tienen.

 

¿Qué es el capitalismo de la apariencia? Frase que decís en el dossier.

Ariadna Albert: Yo creo que el capitalismo de la apariencia es un sistema donde parecer exitoso, feliz o interesante puede ser más importante que realmente serlo. Por ejemplo con las redes sociales se premia la estética, la vida perfecta, los cuerpos, los viajes… aunque muchas veces estén editados o exagerados. Y que esa apariencia que tú ves se llega a monetizar o se convierte en una manera de competir por ver quién tiene mejor vida, quién tiene mejor cuerpo, más éxito…

Ana Bayas: Es el mercado en el que se han convertido los estándares de belleza. Yo creo que detrás de la concepción de la belleza como algo cultural o personal hay también un interés económico desde el cual se puede comercializar y monetizar el aspecto físico. Va desde las cremas para combatir las arrugas e imperfecciones hasta tratamientos estéticos y publicidades sobre cuerpos perfectos.

Anabel Iborra: El capital ha conseguido monetizar nuestra ‘voluntad’ de tener un cuerpo perfecto, es decir, esa estética que nos imponen y que nos crean la necesidad de conseguir es porque detrás hay empresas monetizando esos tratamientos, esas operaciones estéticas, ese gimnasio, esa comida fit… Además, es muy curioso cómo en los años 90 el canon y el modelo de belleza era uno, y ahora parece que ha cambiado, pero en el fondo sigue habiendo un modelo un poco más encubierto en el tienes que cuidarte y estar bien y todo esto del bienestar pero que al final sigue habiendo capital que se nutre monetizando todos estos procesos.

 

Es algo que ha pasado desde siempre, la terrible presión que sufren las mujeres con su apariencia en cualquier etapa de su vida. ¿Vosotras, como mujeres jóvenes que sois, también lo seguís sufriendo? ¿De qué manera lo sufrís?

Clara Florit: Sin duda, yo lo sufro en muchísimos aspectos de mi vida, quizá también porque en el ambiente de la interpretación se da mucha importancia al aspecto físico, hay unos estándares de belleza en las películas y unos cuerpos que son los aceptables y parece que el resto de ellos no tienen cabida en la industria. Incluso durante mi periodo como estudiante de teatro me dejaron bien claro cuál era mi lugar, y muchas veces tu lugar va a depender de tu aspecto y eso es así. He llegado a escuchar frases como: “Tú nunca vas a ser protagonista, tú serás siempre un personaje secundario porque tu aspecto no da para más” y otras barbaridades. Y claro, el quererse a una misma tal cual es se convierte en un trabajo constante.

Ariadna Albert: Todas las mujeres lo sufren de una manera o de otra. También creo que a raíz de las redes sociales las mujeres nos hemos vuelto más inseguras, ya no solo por la sociedad, que también, sino porque siempre estamos expuestas a opiniones, miradas…

Anabel Iborra: Lo hemos sufrido desde la infancia, lo seguimos sufriendo y lo seguiremos sufriendo en un futuro. En la infancia veíamos películas en las que las hermanastras malas eran feas y el príncipe azul no las elegía nunca, porque tenían el pie grande y no les cabía el zapato o porque tenían narizón y hablaban con voz rara. Pero sí, hay que estar muy amueblada para huir de todo esto, pero por muy equilibrada que estés seguimos estando alienadas. ¿Quién no quiere ser el más guapo o guapa? ¿Quién no se cambiaría nada del cuerpo? Yo creo que nadie.

Ana Bayas: Sin lugar a dudas sí lo sufrimos. Yo, por ejemplo, me maquillo a diario desde que soy adolescente porque así me siento segura y he recibido validación por parte de los demás. Me ha pasado que un día por las prisas o porque no me apetecía no me he maquillado y me han preguntado si estaba enferma porque tenía mala cara. Creo que es un estigma que todos tenemos instaurado y no somos conscientes. También en las redes funciona parecido, ya que una foto mía peinada y maquillada tiene mucha más repercusión y reacciones positivas que cualquier otra. No nos damos cuenta, pero estas pequeñas acciones, a mí por lo menos, me han creado esta inseguridad de mostrarme al natural. Quiero hacerlo solo cuando me apetece y sin miedo a los comentarios del resto. Es cierto que en mi entorno más íntimo lo he logrado y me siento tranquila.

 

¿No hemos avanzado nada a este respecto en relación a generaciones anteriores?

Clara Florit: Creo que hemos avanzado en muchos aspectos, pero el auge de las redes sociales y la inteligencia artificial hace que sea mucho más fácil compararse con cuerpos imposibles. Hace que haya unas expectativas puestas sobre el cuerpo de la mujer cada vez más complicadas. También se han normalizado y abaratado cada vez más las operaciones estéticas, cosa que hace que estén al alcance de cualquiera. Hay muchos países en donde regalar a tu hija de 16 años una operación de pechos es algo muy normal.

Ana Bayas: Creo que ahora se muestra más y tenemos acceso a más cuerpos perfectos, por lo que se da más visibilidad a este tema. Pero la idea de ‘mujer ideal’ sigue permaneciendo, incluso se ha fortalecido en las últimas generaciones.

Ariadna Albert: Yo creo que hemos retrocedido por culpa de las redes sociales y la inteligencia artificial ya que antes no tenías tan fácil a tu alcance con quien compararte, ya que, al final, con quien te comparabas era con personas cercanas a ti, pero es que ahora tenemos tan al alcance la vida de todo el mundo y nos muestran todo el rato vidas y cuerpos perfectos que es inevitable no compararte con los demás.

Anabel Iborra: ​Yo creo que, como decía antes, no hemos avanzado nada, al revés, creo que vamos hacia atrás. Siento que el problema es más grande ahora y creo que es porque está asociado al capitalismo, y el capitalismo nunca decrece, siempre avanza, en tanto que avance todo lo asociado a él cada vez será mayor. Estoy segura de que el gasto económico de la gente en tratamientos estéticos, operaciones… cada vez es mayor. Antes era algo que se hacía poca gente, pero ahora cuesta encontrar a alguien que no se haya pinchado bótox o ácido o que no se haga un tratamiento mensual o vaya a la peluquería cada poco tiempo.

 

Cada día las mujeres hacen cosas con su cuerpo debido a mandatos estéticos predeterminados y asumidos por todos. ¿Pero hay alguna de esas cosas que os gustaría dejar de hacer -o hacer- y no os atrevéis por el qué dirán?

Clara Florit: En mi caso, por ejemplo, me costó bastante dejar de depilarme, aunque yo personalmente siempre he tenido clarísimo que no me molesta tener pelos en mi cuerpo. Pero sí que cuando dejé de hacerlo debido a comentarios o miradas que recibía, y no pocas, acabé cayendo y volví a depilarme. Además, volví a hacerlo sintiéndome mal porque sabía que lo hacía por los demás y no por mí misma, pero lo hacía por ahorrarme un mal y no tener que vivir un momento incomodo.

Anabel Iborra: Justo opino igual que Clara, cada día me depilo menos. Pero aún así, hay situaciones en las que me siento obligada a depilarme porque siento que se me va a juzgar y porque me da vergüenza.

Ana Bayas: En mi caso es el hecho de ir maquillada. Quiero hacerlo solo cuando me apetece y sin miedo a los comentarios del resto. Es cierto que en mi entorno más íntimo lo he logrado y me siento tranquila.

Ariadna Albert: Siguiendo un poco lo que dice Ana, yo llevo maquillándome casi todos los días desde que tengo 14 años o así, porque es algo que la sociedad me ha impuesto porque el día que no lo hago siempre es lo mismo: “Qué mala cara tienes”, “¿Estás enferma?”. Y al final para no escuchar esos comentarios que me hacen sentir peor pues me maquillo.

 

Lo ha comentado antes un poco Clara. Os dedicáis a las Artes Escénicas, una profesión pública y en la que os estáis exponiendo todo el rato. ¿Hay más presión estética en una profesión así que en otra?

Ariadna Albert: ¡Absolutamente sí! Es una profesión con un porcentaje alto en que las oportunidades que te ofrecen sea por tu físico. A una abogada por ejemplo no van a decidir si es buena para ese puesto por su físico, si no por su experiencia, su CV o sus estudios, pero aquí es todo lo contrario, cuando haces un casting no les interesa lo mucho que hayas estudiado o cuánto te hayas formado, lo que les interesa es que des ese perfil que están buscando. A ver, está claro que hay que adaptarse a lo que pide el papel, pero actualmente todo se basa en lo bien que quedes en cámara y lo mucho que des el perfil, cosa que hace que tengamos más presión. También hay papeles para gente no normativa, pero nunca las verás haciendo de protagonistas o de chica guapa que se enamora de chico guapo y tienen la historia de amor más bonita de su vida.

Clara Florit: Como ya he comentado antes sí creo que en esta profesión expones bastante tu cuerpo y se convierte al final en un material más de tu trabajo, no todo depende de si actúas bien o no, consigues dar con la tecla de un personaje o no, sino que también es clave si das un perfil. El problema que creo que hay en el mundo actoral es que los perfiles que vemos en las series, en televisión, quizá en el teatro ocurre menos, es que esos perfiles que vemos son todos muy iguales.

Ana Bayas: Inevitablemente la profesión de actriz hace que tu cuerpo esté expuesto de una manera más latente que otras profesiones. Sin embargo, yo creo que en todos los trabajos a la mujer se le exige de manera indirecta una buena presencia y cuidado estético que no es proporcional al exigido a los hombres. También es cierto que esta profesión se mueve mucho por perfiles, y muchas veces te dicen que no en un casting simplemente porque tu perfil físico no encaja con el personaje. Es un no a tu apariencia y eso es difícil de gestionar.

Anabel Iborra: Sí, es verdad que a lo mejor el modelo de belleza cambia, pero siento que tienes que tener un físico muy específico muchísimas veces para que te den ciertos papeles.

 

Con tanta presión y tantas miradas, ¿una mujer llega a amar a su propio cuerpo? ¿A sentirse cómoda en esa piel? ¿O siempre hay lugares para el auto-rechazo?

Ana Bayas: Hay que trabajar mucho en la autoestima y el autoconcepto. Yo pienso que la clave está en poner tu propio valor por encima de la opinión del resto. No es fácil pero cuando tienes un diálogo interno amable te llenas de una seguridad que deja huella.

Clara Florit: Para mí, creo que amar al cuerpo se ha convertido en un reto o un trabajo que lograr, siempre va a ser fácil caer en la comparación con el resto del mundo, lo que quiero o me falta o lo que podría ser. Creo que no siempre es lineal, hay temporadas en las que me siento más segura y me es más fácil estar contenta con lo que soy y otras en las que me cuesta más verme bien.

Anabel Iborra: Siempre hay lugares para el autorechazo, ya te digo es muy difícil que en una sociedad en la que nos bombardean a publicidad, en la que ves un video y te tragas cuatro anuncios relacionados con el culto al cuerpo, es muy difícil quererte al 100%. Y si en algún momento te quieres es porque has alcanzado algo de ese modelo estético que te han impuesto, no porque te guste tu barriga con grasa.

Ariadna Albert: Sí, muchas mujeres llegan a sentirse cómodas y en paz con su cuerpo, aunque el camino no siempre sea fácil. La presión social, las comparaciones y las expectativas influyen mucho, así que es normal tener inseguridades o aspectos que cuesta aceptar. Pero sentirse bien en la propia piel no significa amarse perfectamente todo el tiempo, sino dejar de vivir desde el rechazo constante.

 

Respetando a quien decida hacerse cambios estéticos, que toda persona es libre de hacerlo y hay mil razones para llevarlo a cabo, ¿pero un cambio exterior se traduce automáticamente en uno interior?

Clara Florit: Creo que automáticamente aquí es la palabra que me descuadra. Yo pienso que a veces sí puede ser que un cambio exterior te dé la confianza y el valor que necesitabas y te ayuda a estar mejor contigo misma. Lo peligroso es cuando existe toda una industria que se beneficia de generar inseguridades constantes para después presentarse como la solución. Ahí la decisión deja de producirse en un vacío y aparece una presión social muy fuerte que empuja, especialmente a las mujeres, a pensar que siempre hay algo que corregir o perfeccionar en su apariencia.

Anabel Iborra: No, yo no lo creo la verdad. Lo que sí creo es que cuanto más te operas no estas más a gusto contigo sino que quieres más.

Ana Bayas: Yo tengo sentimientos encontrados con esto. Sinceramente pienso que cuando se produce un cambio estético también aumenta la satisfacción momentánea y el bienestar propio. Sin embargo, el problema que veo es que los retoques funcionan en muchas personas como una adicción. Llega un momento en que nada es suficiente y siempre quieren más. Ahí es donde comienza a olvidarse la propia identidad. Es justamente de esto lo que hablamos en Esthetic Paradise.

Ariadna Albert: Yo creo que sí puede haber un cambio interno pero también creo que la decisión de un retoque estético tiene que ser la última opción que antes hayas intentado trabajarte y aceptarte por fuera y por dentro y que no sea una decisión de un día para otro.

 

¿Puede una máscara protegernos del dolor o solo lo disfraza?

Clara Florit: Como bien dice el texto, el problema de la máscara es que se gasta y luego debajo sigues siendo tú misma…

Ariadna Albert: Creo que lo disfraza si no se ha trabajado antes. La máscara, para mí, es la última opción y de lo que peca mucho la gente es que para la gran mayoría es su primera opción, lo fácil, lo rápido, ni se esfuerzan en trabajarlo y ahí está el error.

 

Como se dice en el texto: “Ahora existen tantos avances para estar mejor que si uno no está bien es porque no quiere”. ¿Creéis que esto es así?

Anabel Iborra: Claro que no. También supone muchos sacrificios hacerse operaciones o someterse a dichos avances. Supone sacrificios económicos y supone llevar a cabo violencia contra tu propio cuerpo. Unas prótesis en el interior de un cuerpo buenas del todo estoy segura de que no son. Por lo tanto, no es que me quiero operar, te lo haces y listo, sino que hay mucho detrás de esa operación.

Ariadna Albert: No del todo. Aunque hoy existan muchos avances y opciones para mejorar el aspecto físico o el bienestar, sentirse bien con uno mismo no depende solo de eso. Influyen también la salud mental, la autoestima, la situación personal y la presión social, así que no estar bien no significa simplemente no querer.

Clara Florit: Creo que esa frase es muy peligrosa porque te hace sentir culpable de no estar bien, como si fuese únicamente responsabilidad tuya. Además, encaja perfectamente con el discurso de muchas empresas de estética o cirugía que primero generan inseguridades sobre nuestros cuerpos y después venden la operación o el tratamiento como la solución.

 

¿La industria de la belleza coloniza también el deseo y la forma de amar?

Ariadna Albert: Sí, en muchos casos la industria de la belleza también influye en el deseo y en la forma de amar. A través de los estándares estéticos que se nos han impuesto desde que somos niños, se nos transmite constantemente qué cuerpos y físicos son más deseables. Esto puede hacer que muchas personas relacionen el amor, la aceptación o el éxito con cumplir ciertos ideales físicos.

Ana Bayas: Yo no pienso que controle la forma de amar pero sí es cierto que tiene mucha fuerza en el imaginario, es decir, qué consideramos atractivo y qué no. Y esto, irremediablemente, va a despertar un tipo de deseo muy marcado.

Anabel Iborra: Por supuesto, está totalmente relacionado. Porque tú quieres ser guapa pero también quieres que tu pareja sea guapa, y que la persona a la que amas sea atractiva para ti, que automáticamente tienes el ideal que la sociedad te ha ido creando.

 

 

¿El aspecto que tenga una mujer para un hombre puede determinar cómo él la tratará?

Anabel Iborra: Muchísimo, y cómo te trata un profesor, y cómo te trata un director y cómo te trata tu vecina la del quinto. Y más en este mundo, si tú eres más guapa vas a poder acceder a interpretar papeles más interesantes.

Ariadna Albert: Totalmente de acuerdo con Anabel. Justo ahora con esta pregunta me he acordado que hay un trend muy famoso en tiktok que es que ciertas mujeres, algunas con bastantes seguidores, hablan de los ‘pretty privilege’, es decir, hablan de todas las ventajas que tienen por ser guapas y atractivas, y me paro a pensar y digo: ¿Qué sociedad estamos creando? ¿Qué persona puede grabarse un video diciendo esas barbaridades y subirlo? A veces no somos conscientes de que detrás de esas pantallas hay muchas niñas que de verdad creerán que solo podrán tener esos privilegios si son guapas y ahí es cuando entramos a los retoques estéticos y la necesidad de ser todo el rato la más guapa.

Ana Bayas: Está demostrado que las personas reconocidas como atractivas suelen recibir un trato más amable, se les atribuye muchos otros atributos positivos y generan más interés. Creo, sinceramente, que no depende del sexo ya que pienso que ocurre en ambas direcciones. Es una cuestión de que la persona guapa será mejor tratada y valorada.

 

Todo el mundo muestra su cuerpo ahora a través de las redes sociales. ¿Mostrar el cuerpo es cosificarse directamente? ¿Una mujer puede celebrar su cuerpo sin reducirse a él? ¿Creéis que en algunos aspectos se están confundiendo los términos entre empoderamiento femenino e hipersexualización del cuerpo femenino?

Anabel Iborra: Sí, siento que esta totalmente confundido y siento también que hay algo que es clave. En el momento en el que le estas sacando un beneficio económico y alguien esta sacando un beneficio económico de mostrar tu cuerpo, porque normalmente se lo sacas tú pero también se lo sacan otros, esto hace que automáticamente deje de ser empoderamiento y pasa a ser cosificación.

Ariadna Albert: Yo creo que mostrar el cuerpo en redes sociales no es automáticamente cosificarse. Depende del contexto y de la intención. Una persona puede mostrar su cuerpo por muchas razones: expresión personal, estética, deporte, arte o simplemente porque le gusta, sin que eso implique reducirse a su apariencia. Una mujer puede perfectamente celebrar su cuerpo sin que eso signifique que su valor se limite a él. La clave está en si la persona controla el significado de lo que muestra, o si lo hace bajo presión externa o buscando validación.

Clara Florit: Mostrar tu cuerpo no implica automáticamente cosificarte. Pero vivimos en una sociedad donde el cuerpo de la mujer ya está profundamente sexualizado, y eso hace que, una vez esa imagen circula en redes, muchas veces sea consumida desde una mirada que cosifica o sexualiza. El problema no es la existencia del cuerpo ni el deseo de mostrarlo, sino el contexto cultural que convierte constantemente a las mujeres en objetos de consumo visual. Durante mucho tiempo el cuerpo de las mujeres no nos ha pertenecido del todo, ya que históricamente han sido otros quienes han decidido cómo debíamos vestir, comportarnos… Por eso muchas mujeres deciden mostrarlo libremente, vestir como quieren o apropiarse de su sexualidad como una forma real de empoderamiento y de recuperar autonomía sobre su propia imagen.

El conflicto aparece porque esa decisión individual ocurre dentro de una sociedad que sigue hipersexualizando el cuerpo femenino. Entonces, aunque una mujer enseñe su cuerpo desde la libertad o la celebración de sí misma, esa imagen muchas veces sigue siendo consumida desde una mirada externa que la convierte en objeto de deseo o de consumo visual. Ahí aparece la paradoja: la forma de reclamar que tu cuerpo te pertenece también puede terminar entrando en dinámicas que lo mercantilizan.

Creo que el problema no está en las mujeres que deciden mostrarse, tenemos que cambiar el foco, porque sino parece que siempre estamos cuestionando lo que hace la mujer. Yo pienso que el problema real cae en una cultura que sigue mirando los cuerpos femeninos principalmente desde el consumo y la sexualización.

 

¿Es posible sentirse válidas sin depender de las miradas ni las opiniones de los demás?

Anabel Iborra: Pfff, pues yo quiero creer que sí pero en la realidad creo que no o por lo menos creo que es tremendamente complicado.

Ana Bayas: Somos seres sociales y como tal es irreal pensar que no dependemos del resto para existir y sentir. La clave está en el trabajo interno que hace cada persona y en una educación social que respete al de al lado sin importar su edad, su talla ni su aspecto físico.

Ariadna Albert: Sí, es posible, aunque no es algo automático ni constante. Las personas pueden construir validez interna basada en sus propios valores, experiencias y criterios, en lugar de depender de la aprobación externa. Aun así, la opinión de los demás siempre influye en cierta medida. La diferencia está en cuánto peso le damos.

 

Como mujeres creadoras, ¿cuál es vuestra declaración de intenciones con Esthetic Paradise? ¿Qué mensaje queréis transmitir con ella?

Ariadna Albert: Queremos denunciar la presión que la sociedad ejerce sobre los cuerpos de las mujeres. A través de personajes como Violeta, Sofía o la Madre, mostramos cómo muchas mujeres crecen creyendo que su valor depende de alcanzar un ideal de belleza imposible, impuesto por el consumo, la estética y la mirada ajena. La obra habla de la obsesión por transformarse para ser aceptadas, queridas o visibles, y de cómo esa búsqueda puede acabar destruyendo la autoestima, la salud y los vínculos personales. También queremos señalar la violencia silenciosa que existe detrás de ciertos discursos sobre el éxito, la perfección y el ‘mejorarse a una misma’.

Al mismo tiempo, Esthetic Paradise es una reflexión sobre el deseo de escapar de una realidad precaria y desigual. Todas las protagonistas sueñan con convertirse en otra persona, ascender o llegar arriba, pero el sistema las enfrenta entre sí y las empuja a competir constantemente.

Nuestro mensaje es una crítica al culto a la imagen y a las estructuras que convierten el cuerpo femenino en un producto, pero también una reivindicación de la fragilidad, la amistad y la necesidad de construir identidades más libres y auténticas.

 

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