"El espacio doméstico es de alto riesgo y sin visibilidad. Racializado, feminizado, violento y frágil"
Fernando López es bailarín y coreógrafo, investigador y filosófo. Su trayectoria se desarrolla tanto encima del escenario como en el marco académico, y su discurso contiene esa voz propia que resulta de la unión de ambos mundos alrededor del flamenco.
En este mes de junio, dos nuevos trabajos con su firma e investigación se verán en Madrid. Extraños síntomas de locura, el 21 de junio en DT Espacio Escénico, y Las que tiene que servir, del 25 al 27 en el Teatro Pradillo. De todo ello y cómo compaginarlo con su labor como vocal en Emprendo Danza, habla para Godot.
Situar la actividad de Fernando López (Madrid, 1990) en el amplio mundo de la danza, es imaginarlo sobre los escenarios, pero también firmando libros que escribe y publica como resultado de profundas investigaciones, y en los despachos, donde batalla por la salud del sector de la danza frente a políticas culturales como vocal de la asociación Emprendo Danza. Los planes que se avecinan para el creador, pionero en introducir la perspectiva queer y LGTBIQ+ desde la investigación en el flamenco, habla de todo ese crisol dancístico.

DANZA Y LOCURA
“Extraños síntomas de locura empieza a surgir durante la creación de Flamenco negro, un espectáculo anterior. En aquella investigación empecé a encontrarme con tanguillos que hablaban del mal de la temblaera y me conectó con el uso de la tarantela en el Sur de Italia como ritual músico-terapeútico. Si en Italia las mujeres protagonizaban estos trances, que a partir del siglo XIX denominaron como histeria, en la tarantela española casi todos los casos recogidos eran protagonizados por hombres”. Todo un planteamiento que López cuenta por teléfono a esta revista en el que se dejan ver no pocos elementos vinculadas con lo que le interesa en la danza. El carácter antropológico, la cuestión de género, la historia, la investigación…
Uno de esos casos que el creador descubrió en su investigación, el de Ambrosio Silván, ingresado a finales del siglo XVIII en el antiguo hospital de Atocha, donde ahora se levanta el Museo Centro de Arte Reina Sofía, es el que ha dado lugar a la conferencia performativa que se presentará en DT Espacio Escénico el próximo 21. Silván era un cerrajero que pasó 19 días bailando de manera ininterrumpida, mientras lo visitaban personalidades de la época como la Duquesa de Osuna. Un hombre rural que antes de la supuesta picadura de la araña que le trastornó no había bailado nunca, pero no podía contenerse en cuanto sonaba una tarantela. “Si sonaba otra cosa, los informes médicos del momento dicen que no bailaba. Pero en esos documentos se registran otras anotaciones que es la que planteo con esta conferencia bailada. Al parecer, en una ocasión Ambrosio en pleno momento de ‘locura’ quiso levantarse y besar al músico. Entonces reflexiono y propongo la performance de la muerte, es decir, un ritual más o menos fingido que permite a Ambrosio y otros hombres mostrar actitudes homoeróticas, al usar la enfermedad como estrategia”.
Extrañas formas de locura está programado en el Ciclo Versión Original que cada mes de junio el DT Espacio Escénico dedica a propuestas queer, de manera más específica. En este sentido, Fernando López recuerda la fuerte ligazón que sigue existiendo entre estos rituales en Nápoles y colectivos de mujeres trans.
¿Puede adelantarnos cómo será esa traducción escénica de esta investigación?
Pues imagino una conferencia performativa en la que yo bailo sin descanso, como Ambrosio, mientras hablo y la información, las imágenes y la música, van apareciendo de manera automática junto al agotamiento.
LO DOMÉSTICO COMO ESPACIO DE ALTO RIESGO
Unos días después de Extraños síntomas de locura, Fernando López mostrará en el Teatro Pradillo el resultado de otra investigación, que también surgió de ese Flamenco negro estrenado en 2023, que investiga las raíces afrocubanas del flamenco y fue creado junto a la bailaora y coreógrafa Yinka Essi Graves. “En aquella investigación me encontré con muchas habaneras que hablaban de criadas afrocubanas como las amantes de los señores, es una especie de romantización de la violencia doméstica”, explica. Y a partir de ahí y desde el pasado mes de enero, comenzó a reunirse una vez por semana con las vecinas de prosperidad, grupo asociado al Teatro Pradillo, con quienes el espacio desarrolla actividades de manera habitual. “En un principio pensé en concretar el trabajo con mujeres que trabajan en el sector de la limpieza, pero finalmente también lo abrí a amas de casa, que desempeñan la misma labor”.
¿Qué modelos o ideas se repetían en esa investigación previa desde Flamenco negro?
Relaciones de poder entre criadas y señoras; trabajadoras racializadas, los entornos rurales de donde salían estas mujeres a quienes se presentaban como poco cultivadas o como objetos sexuales de los amos… Por otro lado, también encontré situaciones de maltrato por parte de trabajadoras hacia las personas mayores que cuidaban… En definitiva, el espacio doméstico es de alto riesgo y sin visibilidad. Racializado, feminizado, violento y frágil. Aunque también hubo mujeres que han convivido con trabajadoras del hogar a través de vínculos maternales.

¿Cómo ha sido el trabajo de movimiento con las vecinas de prosperidad?
Hemos trabajado con la bailaora Belén Maya, que lleva años aplicando la danza a la salud y tiene experiencias muy amplias sobre el tema. Ha trabajado con las vecinas entrenamientos de cuerpo y equilibrio, coordinación… Y ha montado una coreografía. Hay poco texto y toda la propuesta se articula desde la fisicalidad.
También es vocal de la asociación de compañías Emprendo Danza, ¿cómo se lleva toda esta actividad creativa y personal con el trabajo colectivo para el sector?
Por un lado me ha servido para aprender muchísimo de dinámicas y políticas culturales. De cómo puede funcionar el sistema para comprenderlo y tomar decisiones más o menos acertadas. Pero es duro. Cuando entré en la asociación en 2021 salía de las reuniones con ataques de ansiedad porque veía el panorama como un desastre.
¿En qué sentido?
Estamos muy solos desde emprendo con respecto al propio sector, a los socios y socias que no suelen ir a las convocatorias, o no responden a los emails y peticiones… Con una sensación de que se critica muy rápido y se trabaja poco a favor.
¿Por qué cree que pasa?
Porque no les interesa o no entienden la importancia de los temas que planteamos; por la precariedad que obliga a hacer cinco roles a la vez y no deja de tiempo, pero bueno, eso también me puede pasar a mí, o por el miedo. Por las consecuencias que puede haber después de dedicarle tiempo y energía al conflicto.
Con respecto a la Comunidad de Madrid, no es que no nos escuchen, nos reciben, pero nuestras peticionesse reciben como algo utópico cuando, en realidad, son los mínimos a los que un profesional puede aspirar. Estamos solas y frustradas.