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Giselle

Estreno: 04/04 Última función: 25/04
Duración: 80 mins.
Fotos: Carla Maró

 

La Ferviente Compañía presenta el estreno absoluto de su nueva obra Giselle, un ballet teatral que dialoga con el clásico del siglo XIX para convertirlo en una experiencia contemporánea de teatro, danza y performance relacional. Esta es una exploración escénica sobre los límites del deseo a partir del ballet romántico por excelencia.

Partiendo del libreto original -una campesina que ama bailar pese a su enfermedad del corazón y que muere tras el engaño amoroso de Albrecht, un noble que se hace pasar por campesino-, la compañía construye una relectura colectiva del mito romántico para situar en el centro el deseo femenino.

En esta versión, Carmen Adrados es una actriz que abandonó la danza sin haber podido encarnar a Giselle y ahora se enfrenta a su anhelo frustrado. A su lado, un cuerpo de baile formado por no bailarines, Tony Galán, Reyes García, Leyre Morlán y Adrián Pulido, se pone al servicio de esa memoria corporal y emocional, pero desde una perspectiva deliberadamente no académica y una aproximación intuitiva, atravesada por la fragilidad y el impulso más que por la perfección formal. No se trata de ejecutar Giselle, sino de perseguirla.

En un primer acto, a través de la danza y los lenguajes escénicos contemporáneos, recorren aquello que (no) fue y llevan a escena el ballet que la creadora e intérprete nunca llegó a bailar. El segundo acto da paso a una performance radical: un dispositivo relacional mediante el que la protagonista interpelará al público y le invitará a cumplir sus deseos, formulados de manera concreta y explícita. De esta forma, el público tendrá que hacerse responsable del deseo ajeno y pasará de ser observador pasivo a cocreador del acontecimiento escénico.

“El impulso de este proyecto es una pregunta que me atraviesa desde hace tiempo: ¿Qué ocurre cuando el deseo femenino no solo se piensa, sino que se pone en marcha y se expresa en público? Con Giselle, asumimos la contradicción como motor. El deseo femenino, cuando se activa y se verbaliza, genera fricción, incomodidad, ambivalencia. Esa tensión es el corazón del montaje”, comenta Carmen Adrados.

Durante el proceso de investigación, La Ferviente Compañía llevó la exploración al límite con una acción de cuatro horas de baile ininterrumpido en la sala Chulona Mía, en un evento de entrega física sostenida, en el que el público podía acompañar o simplemente mirar. Esa experiencia marcó el desarrollo del montaje; la danza como resistencia, insistencia y potencia que no cesa.

Además, la propuesta asume el romanticismo no como ingenuidad, sino como impulso extremo vinculado a la danza, ya que frente a la exigencia de saber exactamente qué se quiere y cómo expresarlo, la pieza reivindica la ambigüedad, la contradicción y la vulnerabilidad.

Giselle pone el deseo de una mujer en el centro con el fin de identificarlo y emanciparlo. La actriz ejerce su derecho a buscar eso que no se sabe. Es incómodo. Es arriesgado. Es ambiguo. Pero, sobre todo, es liberador porque… ¿Hasta dónde estamos dispuestas a llegar para satisfacer nuestros deseos?

 

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