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Festival MÍNIMA de Microteatro (II)

  • octubre 7, 2026
Por Sergio Díaz

"El microteatro no es un formato escénico menor… ¿Acaso es menos intenso un amor de verano efímero que un matrimonio aburrido de años?"

MÍNIMA, el primer festival internacional de microteatro de Madrid, tendrá lugar del 9 de octubre al 1 de noviembre, programando 18 montajes de 15 minutos para 15 espectadores en salas de 15m².

La cita está impulsada por Microteatro por Dinero, la sala madrileña ubicada en el barrio de Malasaña que creó el formato en 2009 y desde donde se expandió al resto de España y otros países.

El festival programa dos ciclos, uno dedicado a Argentina y otro a España, más dos aportaciones de Portugal y Ecuador, con algunas de las mejores obras que se han creado para este formato.

Ya tuvimos un primer acercamiento a MÍNIMA que podéis leer AQUÍ, y en esta segunda entrega escuchamos a algunas de las compañías participantes del festival sobre sus obras, sobre lo que es y lo que aporta el microteatro, y sobre lo que les supone formar parte de esta primera edición.

 

 

Foto de portada: Imagen promocional de MÍNIMA.

-Antonella Mazzotta – Actriz obra Miniaturas. Argentina.

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro? 

Para mí el microteatro es una forma de poner al teatro en estado de concentración. Son quince minutos, sí, pero el tiempo en escena no necesariamente es pequeño. Puede entrar una vida entera, un deseo, una catástrofe, un vínculo, una pregunta que después se queda dando vueltas en la cabeza del espectador. Y hay algo que me interesa especialmente: la cercanía. El público está ahí, respirando prácticamente con vos. No hay demasiados lugares donde esconderse. Ni para el actor, ni para el personaje, ni para el espectador. Y eso me encanta.Creo que el microteatro trabaja justamente con eso: menos tiempo, más presencia. Y como en el psicoanálisis, a veces en una escena aparentemente mínima aparece algo enorme que no sabíamos que estaba ahí.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Que confundir duración con importancia es una trampa bastante frecuente… también en la vida. ¿Acaso porque un encuentro dure quince minutos no puede cambiarnos el día? ¿O porque alguien diga una frase breve esa frase no puede quedarse viviendo en nuestra cabeza durante años? El microteatro no es teatro reducido. Es teatro concentrado. Y justamente esa concentración exige muchísimo: dramaturgia, actuación, dirección, ritmo, precisión, escucha. No hay demasiado margen para distraerse. En quince minutos no podés hacer turismo por la historia: tenés que entrar, abrir una puerta y ver qué pasa. Y después está el espectador, que completa lo que falta. Porque una buena obra no termina cuando se apagan las luces. Algo del otro queda trabajando adentro.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Quince minutos pueden parecer pocos hasta que intentás meter ahí una historia, personajes, conflicto, deseo, humor, drama, emoción. La dificultad está en saber qué dejar afuera. Y eso es casi un trabajo de análisis: ¿qué es lo esencial y qué es puro capricho? En microteatro cada palabra tiene peso, cada silencio tiene una función y cada gesto puede contar algo. Hay que confiar mucho en el espectador y no explicarlo todo. Para mí, la complejidad está justamente en no confundir intensidad con velocidad. No se trata de correr para llegar al minuto quince. Se trata de construir un presente escénico tan vivo que el tiempo desaparezca. Y cuando funciona, pasa algo maravilloso: el espectador entra por quince minutos y sale con una historia que puede seguir creciendo dentro suyo.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Es una mezcla de alegría, orgullo y un poquito de vértigo. Porque hay algo muy especial en volver al lugar donde una forma de hacer teatro encontró su casa y encontrarnos ahora celebrándola con compañías y artistas de distintos lugares. Microteatro para mí no es solamente un formato. Es también un hogar, una comunidad, una manera de encontrarnos, de probar, de arriesgar, de equivocarnos y volver a jugar. Y que exista un Festival que reúna distintas miradas alrededor de esto me parece precioso. Porque el teatro, cuando circula, se transforma. Cada compañía trae su propio lenguaje, sus preguntas, sus trabajos, sus juegos… y ahí aparece algo nuevo. Así que sí: estamos felices.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Miniaturas, escrita por Federico Rathge, dirigida por Leo Bartolotta e interpretada por Sebastián Femenía y Antonella Mazzotta, habla de los vínculos desde todos los sentidos. O, quizás, de aquello que aparece en un vínculo cuando dejamos de darle tanto peso a la mirada. La obra propone correr, aunque sea por un rato, el centro de gravedad de la vista para dejar que otros sentidos aparezcan, se desarrollen, se vuelvan lenguaje. El tacto, el oído, el olfato, la cercanía, la distancia, los sonidos, los pequeños gestos… todo aquello que muchas veces queda en segundo plano cuando creemos que mirar es la única manera de conocer.

Miniaturas construye mundos entre una persona ciega y una joven vital. Y en ese encuentro aparece algo muy bello: una no tiene un sentido que la otra sí tiene, pero quizás tiene otros profundamente potenciados. Entonces el vínculo deja de pensarse desde la falta y empieza a pensarse desde la posibilidad de intercambio: acompañarse, complementarse, descubrir que aquello que creemos que le falta al otro puede abrir una puerta hacia algo que nosotros tampoco sabíamos que teníamos. La obra juega con esa intimidad. Con lo cotidiano y con aquello que se esconde detrás de lo que vemos. Hay humor, hay juego, hay ternura, pero también hay algo de ese pequeño movimiento interno que sucede cuando una escena nos toca un lugar que no esperábamos. Porque ¿qué encontramos en el otro cuando dejamos de mirar? ¿Qué aparece cuando la mirada ya no alcanza para nombrar lo que sucede? Y quizás ahí esté uno de los pequeños grandes movimientos de Miniaturas: María empieza a sentirse mirada como nunca antes la habían mirado. No necesariamente porque alguien la vea, sino porque alguien empieza a percibirla. Y cuando eso sucede, algo del vínculo cambia. Porque quizás ser mirado no tenga tanto que ver con los ojos, sino con esa experiencia, tan íntima y tan extraña, de sentir que alguien pudo encontrarnos allí donde nosotros todavía no sabíamos que estábamos.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

Creo que sí, aunque no sé si existe una manera perfecta de acercar el teatro a nadie… por suerte. Sí creo que el microteatro es una manera muy potente de hacerlo. Por su duración, por la cercanía, por el precio y por la posibilidad de elegir entre distintas propuestas, puede convertirse en una primera puerta de entrada para alguien que quizás nunca se animó a ir al teatro.También me interesa mucho esa posibilidad de elección. Que el espectador pueda decir: “Hoy quiero reírme”, “hoy quiero que me rompan un poquito el corazón”, “hoy quiero ver algo absurdo”. Es casi como entrar a una pequeña carta de deseos teatrales.

Y hay algo muy bonito y democrático en eso: el microteatro propone un encuentro cercano, directo, casi sin intermediarios. No le dice al espectador cómo tiene que mirar ni qué tiene que sentir. Hay distintos lenguajes, distintas historias, distintas formas de entrar y salir de ellas. Un poco como en la vida: cada quien llega con su propio deseo y se lleva algo diferente. Y quizás ahí esté una de las grandes potencias del microteatro: acercar el teatro y devolverle algo fundamental: el juego. Así que, si todavía no lo probaron, vengan, acérquense, elijan una puerta, o más de una, y déjense llevar. Nunca se sabe qué puede pasar del otro lado.

 

-Sebastián Villar. Director de Eiffel y Jugada de VAR. Argentina. 

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

Hay una extensa tradición de teatro breve que se remonta a los entremeses de las grandes obras clásicas en el siglo XIX, o al anglosajón sketch, ya entrados en el XX, de la mano del humor televisivo de Monty Python y Benny Hill. Chéjov tiene decenas de obras de veinte o treinta minutos, al igual que Tennessee Williams o Harold Pinter. En Argentina, Griselda Gámbaro desde los sesenta, todo el Teatro Abierto (1980-83) o el más contemporáneo Julio Chávez, han transitado la brevedad como una forma dramatúrgica óptima para ciertos tipos de espectáculos. Y, más aún, en este mismo país, Teatro x la Identidad, un evento teatral organizado por las Abuelas de Plaza de Mayo desde hace más de veinte años, ha logrado establecer un nuevo género que se ha ido perfeccionando y popularizando con el correr de las ediciones, coordinadas por Mauricio Kartun, el monólogo de tres minutos. Por lo tanto, hay una tradición dentro del teatro occidental vinculado a las formas breves que se remonta a cientos de años, por no hablar de siglos.

Si tuviera que definir qué es microteatro, haría una comparación con un género literario muy cultivado en Argentina: el cuento. Una obra de microteatro debe aspirar al cuento: una estructura narrativa breve con principio, nudo y desenlace. Hay variaciones, reversiones y contestaciones, pero básicamente es eso: una ficción bonsái que logra desarrollar un arco dramático completo. Sin dudas, se trata de un complejo mecanismo de relojería literaria, que -como el cuento- no muchas veces se conquista.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

¿Borges es menor?

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos?

Muy difícil, sobre todo porque es un mecanismo que involucra condensar y entretejer al menos dos historias, una, de superficie, la otra, oculta. Y, además, el género contiene una trampa letal: su brevedad, que suele despistar a los recién llegados. Es común que los ‘novatos’ se relajen, pensando que “en un par de ensayos la tenemos”. Esta ingenuidad se paga caro en el estreno, delante del público, que te devora en quince minutos. Por eso, mi plan de montaje prevé un mínimo de doce ensayos durante un mes, más el ensayo general. Para continuar con el paralelismo con el cuento, habría que preguntarle a Carver, a Mansfield, a Quiroga, a Borges o al mismísimo Chéjov si les resultaba sencillo y conveniente dedicarse a las formas breves, o si hubieran preferido el don de la extensión indefinida que, tendencialmente, habilita la novela. El cuento es tanto o más exigente que cualquier otro género. El problema no es hacerlo, sino hacerlo bien.

 

¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

La principal complejidad es ‘lograr el cuento’. En términos de Ricardo Piglia, esto implica tramar y articular exitosamente dos historias: una, evidente, la otra, cifrada. Si es una estructura clásica, a lo Poe, finalmente se develará un misterio de gran nitidez: un crimen, un secreto, una fuerza sobrenatural, que es la segunda historia, y el relato quedará cerrado. Si es una estructura contemporánea, a lo Hemingway, no habrá una desvelación final que, al resolver un enigma, cierre el relato, sino que predominarán los climas, las pequeñas tensiones, y la segunda historia se difuminará a lo largo de la primera sin llegar a ser nunca completamente nítida: se trata de la teoría del iceberg, lo que se cuenta es apenas la punta de todo lo que se insinúa.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Muy agradecidos de haber sido invitados a este evento. En Rosario estamos encontrando una forma muy territorial y propia de hacer Microteatro. El concepto de ‘antropofagia’, que se remonta a la vanguardia brasilera de principios de siglo XX, sirve muy bien para entender este fenómeno de apropiación y asimilación de una franquicia internacional por parte de una comunidad local de artistas escénicos. Esta singularidad cartográfica que se está desarrollando en Rosario, seguramente muy diversa a otras experiencias en Iberoamérica y España, es la que ahora vuelve a su lugar de origen para ser compartida y fagocitada. Será un orgullo y un placer intercambiar con el público madrileño y los demás grupos asistentes. Es una oportunidad de conocernos que no podemos desperdiciar.

 

Cuéntame un poco de las dos propuestas que presentáis en el Festival.

Son dos comedias bien rosarinas, a la vez muy risibles y muy picantes llamadas Eiffel y Jugada de VAR, ambas con las magistrales actuaciones de Cecilia Patalano y Lucky Matricardi, dos grandes de la escena de Rosario, dirigidas por mí. Las dos micro obras mezclan el sabor local del humor grotesco, por momentos cruel y por momentos asainetado, del teatro argentino, con temas globales de imperecedera actualidad como la intolerancia, la lucha de clases, la incomunicación en la pareja o la infidelidad. Hay mucho cuerpo, mucha actuación, pero también mucho cuidado a la hora de generar un arco dramático sólido, de contar una historia. En Rosario estamos muy obsesionados con esto de ‘lograr el cuento’. Y con estas obras, me animo a decir que lo hemos logrado.

Son dos obras que entretienen con su relato bien construido, hacen reír con su humor ácido, emocionan con el sacudón vital que atraviesan los personajes, y, sobre todo, maravillan por la calidad de sus intérpretes y el enorme compromiso actoral que despliegan.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

En Rosario, sin duda lo está siendo. Para ponerlo en términos concretos, mes a mes estamos recibiendo cientos de personas, de muy diversas edades y recorridos vitales, que están entrando a ver una obra de teatro por primera vez en sus vidas. Así que, al menos en esa ciudad, Microteatro está siendo la vía de acceso a las artes escénicas para miles de rosarinos y rosarinas que, llenos de entusiasmo, se dejan conquistar por el vértigo de la brevedad, pero también por la cercanía con el actor y la actriz. Esperemos que este ritual iniciático siga vivo por mucho tiempo más. Si es posible, para siempre.

 

Miniatura.©Valentina Ricci

 

-Leo Bartolotta. Director de la obra Miniaturas. Argentina.

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

Microteatro es una forma de contar una historia concentrando mucho en muy poco tiempo y espacio. Para mí, como director, significa trabajar desde otras reglas. Pero no lo veo como una limitación, sino como un desafío: Contar y mantener la atención del público. La obra debe empezar enseguida y tener un desarrollo consistente y un final contundente. Es un formato que obliga a ir bastante al hueso en una escena y no mentir, porque el público forma parte de la propuesta, y si no ve realidad, lo pierdes.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Que lo prueben. Creo que cuando uno viene a ver una obra de microteatro se da cuenta rápidamente de que no tiene nada de menor. Al contrario, es un formato que nos exige muchísimo. En quince minutos no podemos dejar cosas sin resolver. Si la historia, los actores o la dirección no funcionan, se nota enseguida. El teatro no se mide por cuánto dura, sino por lo que consigue provocar.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Es difícil porque tenés que tomar decisiones todo el tiempo. Tenés que saber muy bien qué querés contar, qué sugerir y qué dejar en manos del espectador, sobre todo, cómo conseguir que en poco tiempo exista un conflicto, un recorrido. Como Director tengo que conseguir que el público entre rápidamente en ese mundo y que, en pocos minutos, le interese lo que está pasando. Y también está el trabajo de los actores, que para mí es fundamental. La cercanía con el público hace que todo sea mucho más visible. Un silencio, una mirada o una pequeña reacción tiene otro peso.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

La verdad es que me hace mucha ilusión. Como gente de teatro, siempre es lindo poder formar parte de un encuentro que reúne distintas maneras de entender la escena, y hacerlo en el lugar donde nació todo este movimiento tiene un valor especial. Hay algo de volver al origen y al mismo tiempo, formar parte de algo que sigue creciendo y que hoy reúne artistas de distintos lugares.

Siempre pienso que el teatro necesita estos encuentros. Necesitamos ver qué hacen otros, compartir, conversar, descubrir otras formas de trabajar. Eso también forma parte de ‘hacer teatro’.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Presentamos Miniaturas, de Federico Rathge. Es una obra que, a partir de un encuentro aparentemente sencillo entre María, una joven que busca trabajo, y Antonio un hombre ciego de nacimiento, empieza a hablar de la mirada, de la belleza y de la manera que tenemos de relacionarnos con el mundo. Lo que me interesó de la obra es que parte de una situación bastante cotidiana y poco a poco va llevándote hacia un lugar más sensible y más poético. Hay una conversación entre estos dos personajes que va cambiando de sentido a medida que avanza la obra. Es una obra que habla, en definitiva, de mirar y de ser mirado, pero también de otras formas de percibir al otro. Y creo que ahí está su encanto.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

Creo que sí, y una de sus grandes virtudes está ahí. Quince minutos no parecen una gran apuesta de tiempo para alguien que quizás no está acostumbrado a ir al teatro. Y después pasa algo muy interesante: alguien viene a ver una obra y termina viendo dos, tres o cuatro, y de repente descubrió que el teatro también es para él.

Además, la cercanía cambia mucho la experiencia. No estás viendo algo desde lejos. Estás prácticamente dentro de la escena. Y cuando eso funciona, se produce una conexión muy directa entre el actor y el espectador. Creo que ahí está una de las grandes fuerzas de Microteatro.

 

Drágcula

 

-Nicolás Terzagui y Vicky Olgado. Creadorxs de la obra Drágcula. Argentina.

 

¿Qué es para vosotros el concepto microteatro?

Uno de los cuentos más conocidos del escritor argentino Jorge Luis Borges plantea la existencia de un aleph: una pequeña esfera que contiene todo el espacio cósmico. Para nosotros, Microteatro funciona como un aleph: “lo mucho en pequeño”, una suerte de caleidoscopio que, a partir de diversos fragmentos y colores, sumerge al espectador en historias variadas. Cada giro sorprende con una configuración única, una sucesión rápida de sensaciones, ideas y propuestas cambiantes que se mezclan de forma dinámica y atractiva.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Discusiones en torno al prestigio vinculado al género o a la duración de los formatos escénicos, se han dado a lo largo de la historia del teatro. Entendemos que no todas las personas compartimos los mismos gustos y que cada puesta en escena tiene necesidades diferentes. Por ejemplo, nuestra propuesta presenta una estética exuberante ya que así lo requiere la cultura Drag. Para crear ese icónico universo de opulencia gótico-drag, recurrimos a todos los lenguajes y recursos escénicos: caracterización y maquillaje, vestuario, iluminación, danza, mundo sonoro y efectos visuales.

Nuestra obra, Drágcula, habla sobre los prejuicios que se suelen tener ante lo desconocido. Por eso, invitamos a quienes piensen que microteatro es una modalidad menor, a que se acerquen y tengan la experiencia, ya sea como espectadores o como creadores.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Simple no es fácil. Condensar una propuesta en 15 minutos es realmente un desafío porque se cuenta con muy poco tiempo para cautivar al público y hacerlo parte de una poética particular. Es una carrera contrarreloj en la que se presenta un conflicto, se desarrolla el arco dramático de los personajes, se intenta generar empatía y, además, se pretende llegar a una resolución que sorprenda, siempre que pensemos en una estructura dramática tradicional. En nuestro caso, contamos con una ventaja: Drácula es un personaje emblemático de la literatura universal, un referente cultural que está en el imaginario colectivo, y eso nos ayuda a que el público acceda más rápidamente al código de nuestra obra.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Estamos sumamente felices de formar parte del Festival porque representa una valiosa oportunidad para compartir nuestro trabajo en un espacio de relevancia y prestigio internacional, como lo es Microteatro Madrid. Nos llena de orgullo que hayan elegido nuestra historia, que habla de la diversidad y de las identidades disidentes con un lenguaje poético y humorístico. Deseamos que este discurso amoroso y de aceptación se multiplique por el mundo.

Asimismo, supone una gran oportunidad para generar instancias de intercambio artístico y profesional con otras compañías y creadores de distintos países, promoviendo la construcción de redes afectivas y de colaboración.

 

Contadme un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Drágcula es una comedia que fusiona el mito clásico del vampiro con el universo divertido y extravagante de las Drag Queens para proponer, desde el humor, una reflexión sobre la identidad, el deseo y la aceptación personal. En esta relectura contemporánea, el poder de Drágcula reside en la valentía de ser lo que quiere ser. No convierte a sus víctimas, sino que las habilita y alienta a ser su propia creación. El monstruo deja de representar una amenaza, tomando la idea de la escritora argentina Susy Shock: “Reivindico mi derecho a ser un monstruo”, y se convierte en una figura capaz de acompañar el proceso de construcción personal.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

El teatro es camaleónico y logra adaptarse a los requerimientos de cada época para reinventarse de mil formas y seguir captando la atención de públicos diversos. En la actualidad, donde la virtualidad se impone, es maravilloso que se siga eligiendo el ‘aquí y ahora’ compartido que ofrece el teatro, más allá del formato en el que se realice. Microteatro responde a una necesidad propia de nuestros tiempos: inmediatez, velocidad, experiencias intensas en corto tiempo.

 

Coloving

 

-Paul Alcaide. Obra Coloving. Madrid (España).

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

Un cuento hecho en escena. Una pequeña caja de ficción que se abre a un público reducido.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

¿Es peor un cuento que una novela por ser más corta? ¿Es menos emocionante un aforismo que un ensayo? ¿Es menos intenso un amor de verano efímero o un matrimonio aburrido de años?

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Debes ser lo suficientemente hábil para ubicar al público en una situación concreta con unos personajes concretos, pero, al mismo tiempo, no ser evidente ni excesivamente descriptivo. Es más complicado que una obra al uso. En una obra estándar, el viaje de un personaje puede tener hora y media de recorrido. En microteatro, ese arco debe suceder en quince minutos. Casi nada.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Estamos tremendamente orgullosos. Coloving nos ha hecho muy felices estos últimos dos años. Habitar esta pieza en la casa del microteatro es un verdadero honor, sin duda.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Coloving es la primera pieza de nuestra compañía. Desde 2024 hemos estado en festivales como los Premios Madroño, El Enguerino (Valencia), el Festival internacional ACT Festival (Bilbao), 150 gramos de Vitoria… Es una pieza en tono de humor y thriller que mezcla el problema de la vivienda con la dificultad de amar en una sociedad cada vez más individualizada. Nos imaginamos una distopía, no tan lejana, en la que es tal la escasez de pisos que para ser admitidos exigen requisitos imposibles, como ser una pareja ideal con el amor de tu vida. En Coloving espiamos por la mirilla del minúsculo piso de Marta y Luis, una pareja modélica que, sin embargo, convive con un peligroso secreto entre las paredes que intentan habitar.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

Sin duda. Es una forma de probar la esencia del teatro para primeros espectador del arte escénico. Un acercamiento muy agradecido al arte más vivo que existe y jamás ha existido: el teatro.

 

-Eduardo Ibraim. Obra Manual para desaparecer sin perder el acento. Brasil/Portugal.

 

¿Qué es, para ti, el concepto de microteatro?

Es como un cambio de escala en la relación con el espectador. Es un teatro de proximidad, en el que la distancia entre quien está en escena y quien asiste prácticamente desaparece.
Y esa proximidad lo cambia todo. Un gesto muy pequeño que puede ganar una dimensión enorme, un silencio que puede ser más escuchado que un texto, o un objeto que puede cargar una historia efímera. El espacio forma parte de la propia dramaturgia y de los acontecimientos.
También me gusta el microteatro porque exige una especie de precisión particular. Hay que saber qué es lo que realmente necesita estar ahí.

 

Y para aquellos que continúan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué podemos decirles?

Imagino que es necesario separar tamaño de dimensión. Una obra puede ser pequeña en duración y en espacio y, al mismo tiempo, ser enorme en las cuestiones que plantea. El microteatro puede ser otra forma de pensar el teatro. Incluso, existe una gran libertad en esta escala. Podemos trabajar con pocos elementos, pero hacer que tengan una gran potencia. En mi obra, Manual para desaparecer sin perder el acento, por ejemplo, trabajo con mi cuerpo, objetos, lenguaje, dispositivos sonoros y luminosos. Y cada uno de ellos puede transformar completamente el espacio y aquello que el espectador está imaginando.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde está la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

La dificultad está en crear una experiencia que comience, sea transformada, y que haya alguna reverberación después de que termine. En un tiempo corto, es necesario confiar en el espectador y en su capacidad de co-crear sentidos y completar aquello que no se dice.

En mi trabajo, esto es muy importante. El espacio no está totalmente definido, las palabras pueden cambiar de contexto, los objetos pueden adquirir otros significados, y otras capas más de presencia están presentes en la obra. Estoy más interesado en abrir una experiencia que en explicar una historia de manera cerrada.

Y hay además una exigencia muy particular del microteatro: el tiempo es corto, pero el espectador está muy cerca. Por lo tanto, también existe una enorme responsabilidad sobre cada segundo de presencia.

 

¿Cómo te sientes al formar parte del I Festival Nacional e Internacional de Microteatro? Y además en el espacio donde nació todo este movimiento…

Para mí es muy especial, sobre todo porque soy brasileño y vivo en Portugal, también porque ya estuve como espectador y fue precioso. La propia experiencia de estar entre lugares, lenguas y culturas atraviesa mucho mi trabajo.

Estar en Madrid con esta pieza tiene algo de muy simbólico, porque Manual para desaparecer sin perder el acento habla justamente de alguien que está siempre intentando comprender dónde está, desde qué lugar habla y qué necesita dejar un poco para conseguir pertenecer. Y presentar la obra precisamente en Microteatro Madrid, en un espacio tan ligado a la historia y a la afirmación de este formato, da todavía otra capa a la experiencia. Es como llevar una obra sobre el desplazamiento a un lugar que, de cierta manera, ayudó a crear otra forma de relación entre teatro y público.

Para mí, es también una oportunidad de poner la pieza en contacto con artistas, espectadores y diferentes maneras de pensar el propio microteatro.

 

Cuéntame un poco sobre la propuesta que presentas en el Festival.

Manual para desaparecer sin perder el acento es una tragicomedia micromusical sobre un actor brasileño que intenta escribir un manual imposible: cómo desaparecer sin perder el acento.
La obra parte de una experiencia personal, la de vivir entre países y lenguas, pero no trata solamente sobre la inmigración. Porque lo que me interesa es aquello que sucede cuando intentamos adaptarnos a un lugar, a una lengua o a la expectativa que los demás tienen de nosotros. Preguntas como: ¿Qué necesitamos modificar para ser comprendidos? ¿Qué sucede con aquello que no conseguimos traducir? ¿Y será posible cambiar de lugar sin hacer desaparecer un poco de nosotros mismos?

La pieza está construida a partir del cuerpo, de la palabra, de cierto humor, de la escucha por alguna sensorialidad, de haces luminosos en objetos. El espacio se va construyendo ante el público y nunca llega a ser completamente fijo. Puede ser una sala de espera, una frontera temporal, una habitación provisional, un lugar de paso o quizás apenas un espacio dentro de la memoria.

El ‘acento’ del título también es aquello que permanece en nosotros. Es una especie de marca que llevamos incluso cuando intentamos adaptarnos, desaparecer o volvernos completamente legibles para los demás. Y es ahí donde imagino que entra la tragicomedia, donde cosas dolorosas de la experiencia de los muchos desplazamientos posibles van al encuentro de lo absurdo, lo divertido e incluso de cierta belleza en los intentos que hacemos para pertenecer. La dimensión micromusical aparece y desaparece en el cruce entre pulso, tiempo, cuerpo, palabra, vibración, sensación y presencia.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

Creo que el microteatro tiene una capacidad muy fuerte para crear ese acercamiento. La proximidad física ya transforma la relación. El espectador comparte el mismo espacio con el intérprete. Esto puede hacer que la experiencia sea mucho más horizontal y, en algunos casos, incluso más vulnerable.

También, quince minutos pueden ser una muy buena puerta de entrada para alguien que quizá no tenga el hábito o que tenga solamente algunos intervalos en su rutina para ir al teatro. Pero creo que lo más importante es que el microteatro puede acoger muchos tipos de lenguajes artísticos dentro del concepto de microteatro.

En mi caso, esta proximidad es especialmente importante porque la obra habla también sobre lenguas, identidad y pertenencia. Cuando el espectador está muy cerca de mí, la cuestión de quién habla, desde dónde habla, y desde dónde y cómo se escucha, pasa a suceder entre nosotros.

 

No soy robot

 

-Francesca Pellizzola. Obra No soy un robot. Italia/España.

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

Ir a ver un espectáculo de Microtreatro es hacer un viaje exprés. Es como montarse en estas montañas rusas que duran pocos minutos pero es todo tan intenso que cuando bajas tardas un instante en volver al presente. Me parece mágico que en tan pocos minutos se consiga sumergir el público en otra realidad y que salga de la sala algo diferente de como ha entrado.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Pienso que valorar una obra teatral en base a cuántos minutos dura es bastante limitante y que, por desgracia, todavía son muchas las personas que asocian menor duración a menor calidad artística. ¿Diríamos lo mismo de una canción o un libro? El valor de una obra no debería medirse por cuántos minutos dura, por el precio de la entrada, por lo conocida que sea la actriz que la interpreta o por la sala en la que se estrena. Creo que lo realmente importante es lo que esa obra consigue generar en el espectador. Y si en apenas 15 minutos una pieza consigue que el público salga emocionado, se divierta, se cuestione algo o incluso siga pensando en lo que acaba de ver después de salir de la sala, creo que ahí reside todo su valor.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Contar una historia en tan poco tiempo que resulte atractiva, interesante y autoconclusiva es sin duda un gran reto. En mi opinión la mayor dificultad reside en el desarrollo de la dramaturgia, es necesario contar algo que tenga un principio, un nudo y un desenlace pero dentro de unos parámetros muy específicos. Lo que encuentro interesante del proceso creativo es darte cuenta como un gesto o una palabra pueden resumir un intero parrafo. Se trata de analizar el contenido e ir puliendo el material para quedarte solo con lo que importa realmente, pero sin que pierda sustancia y lograr que el resultado conteste a la pregunta ¿qué quiero contar?

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

¡Qué puedo decir! Es un honor haber sido seleccionada para ser parte del festival. Aún recuerdo la primera vez que fui a Microteatro por Dinero, hace unos 10 años, y me enamoré inmediatamente de la atmósfera que se respira en aquellas pequeñas salas donde detrás de cada puerta se esconde un mundo entero. Me gustó tanto que no podía parar y me vi todas las obras que había en cartelera en aquel momento! Pensar que ahora estaré al otro lado de la puerta esperando que entre el público me emociona profundamente.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

No soy un robot es una crítica al mundo laboral en clave de humor. Su protagonista, Flora, nos acoge en su diminuta oficina y nos hace partícipe de su realidad. Repetición, monotonía y deshumanización son los ingredientes de esta pieza que nos invita a cuestionarnos ¿cuánto de máquina hay ya en nosotros?

La obra nace de una experiencia personal, durante una temporada en la cual trabajé como teleoperadora me di cuenta de cuánto nos estamos alejando de las relaciones humanas convirtiéndonos en máquinas frías e insensibles y tratando a los demás como si fueran todo menos personas. Como creadora las temáticas sociales me interesan mucho y creo que tratarlas desde la ironía y la sátira es una buena clave para abrir un diálogo y dejar que el público forme su propia opinión.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

¡Absolutamente sí! Pienso que el microteatro tiene la capacidad de acercar las artes escénicas a personas que quizá no se sentirían atraídas por una obra de larga duración, o que simplemente prefieren propuestas más breves, dinámicas y diferentes. Y creo que eso no significa que el teatro pierda valor o que se esté desvirtuando, sino todo lo contrario: es una forma de conseguir que llegue a más gente y que, además, resulte más asequible, también desde el punto de vista económico. Al final, me parece un formato que encaja muy bien con la realidad que vivimos actualmente, donde cada vez cuesta más conseguir llenar las salas y captar la atención del público durante mucho tiempo se ha convertido en un desafío.

 

Última llamada

 

 

-Pepa de los Mares. Obra Última llamada. Canarias.

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

Son obras que se representan en un espacio de máximo 15m², con un máximo de 15 espectadores y que duran un máximo de 15 minutos. No es solo una obra de corta duración, tipo entremés, sino que el espacio pequeño hace de microteatro una experiencia única, íntima, creándose una energía muy bonita entre intérpretes y espectadores.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Para los intérpretes es un entrenamiento brutal, ya que tienes que entrar y salir de la emoción cada vez y cada pase es distinto y enriquecedor. Al dramaturgo le lleva tiempo escribir una obra de microteatro ‘redonda’, porque es difícil en 15 minutos sintetizar la esencia, entrar ‘in media res’ que haya trama, giros y un buen cierre. Todas las personas que empiezan a escribir microteatro lo saben, meter tijera es importante y difícil. Para dirección es un reto recrear en 15m² el escenario, la colocación de los espectadores, de los elementos de la obra, las luces, el sonido, el movimiento de los actores… En microteatro se ha visto de todo: escenografías conceptuales, otras realistas, futuristas, actores colgados del techo, cambios de escenografía en mitad de la función, público formando parte de los elementos escenográficos, de todo. El público está casi dentro de la obra, es como si estuviera espiando a los actores, y el espectador que empieza a ver microteatro se engancha la mayoría de las veces, empiezas por ver una obra y acabas haciendo micromaratones.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Lo más complejo es saber recortar, el dramaturgo tiende a ‘extenderse’ y a querer contarlo todo, en microteatro hay que ser muy concretos, centrarte en una idea e ir a por ella, entrar in media res, que haya trama, conflicto, giros y un buen cierre.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Siempre es un privilegio actuar en Microteatro por Dinero Madrid, las salas tienen solera, las personas que trabajan allí son maravillosas y se crean sinergias muy bonitas con el resto de compañías. Nos sentimos afortunadas de poder actuar en este espacio.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Última llamada es una pieza multidisciplinar, con música en directo y teatro gestual, con muy poco texto, por lo que es ideal para públicos internacionales. Con aire andaluz y toques flamencos jugamos con luces, baile y música y contamos una historia universal sobre el paso del tiempo. Es maravillosa ¡Tenéis que verla!

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

Efectivamente, el hecho de que sean solo 15 minutos de obra hace que el público poco acostumbrado a ir al teatro se anime a asistir a las funciones y normalmente acaban repitiendo. Incluso personas que hablan muy poco o nada de español se atreven a entrar a ver las obras, ya solo con la experiencia se llevan un recuerdo muy bueno y hasta repiten. A mí me pasó en una ocasión que entró una persona que no hablaba nada de español, a la salida me felicitó y le pregunté qué había entendido, porque era una obra con mucho texto, y su interpretación era otra obra completamente distinta pero igual de válida, es como si en el cine quitas los diálogos y te los inventas tú pero aquí, además, eres espectador muy cercano, estás ‘conviviendo’ con los protagonistas. Y me encantó su versión, la verdad.

 

Taquito de Jamón

 

-Fátima Domínguez. Obra Taquito de Jamón. Castilla La Mancha (España).

 

¿Qué es para ti el concepto microteatro?

El microteatro trata de acercar una historia de pequeña duración al espectador de una forma poco convencional, con menos público que un teatro al uso, para unas 10 ó 15 personas, en espacios no convencionales, y genera una experiencia muy cerquita del espectador, tanto, que es algo casi íntimo, esto permite conectar tanto al intérprete como al espectador de una manera tan cercana ,que el espectador casi que forma parte de la propia historia.

 

Y para aquellos que sigan pensando que el microteatro es un formato escénico menor… ¿Qué les podemos decir?

Que vivan la experiencia y además repitan viendo varias piezas el mismo día, van a irse a casa habiendo visto varias historias condensadas y contadas de manera poco habitual. El teatro se puede hacer, contar y observar de muchas maneras y ésta es una de ellas, se trata de generar experiencias y vivir un acto de comunicación con el otro, y ésta es una forma chispeante de poder hacerlo.

 

¿Cómo de complicado es contar una historia en 15 minutos? ¿Dónde radica la complejidad de hacer una obra teatral en un formato así?

Sobre todo en el ritmo y en poder resolver una historia en ese tiempo, y tener los personajes muy bien construidos para que se puedan sostener y desarrollarse en 15 minutos y mantenerlos en la repetición.

 

¿Cómo os sentís al formar parte del I Festival nacional e internacional de Microteatro? Encima en el espacio donde todo este movimiento nació…

Nos hace muy felices, venimos de representar nuestra pieza, Taquito de Jamón, en Argentina, en un Festival Internacional de teatro breve, y tuvimos la oportunidad de convivir con intérpretes de varios lugares del mundo y retroalimentarnos de ellos. Poder hacerlo en un espacio como Microteatro por Dinero, poder convivir con compañías de aquí y de más países, en este espacio que tiene tanta vida y trayectoria y siendo este además el espacio creador de este formato, sólo puede hacernos una ilusión bárbara. Estamos muy agradecidas.

 

Cuéntame un poco de la propuesta que presentáis en el Festival.

Traemos una pieza costumbrista muy manchega y con mucha comedia, en el que la abuela Villebalda muere por una extraña razón. Dos hermanas se reencuentran tras varios años sin verse en su entierro. Lo que parecía un momento de unión familiar se convertirá en un periodo de tensión y lugar para reproches entre estas dos hermanas. La premisa es si ambas hermanas conseguirán solucionar sus diferencias en un día tan señalado como este.

 

¿Es el microteatro una manera perfecta de acercar las Artes Escénicas a públicos diversos?

La respuesta no puede ser otra que: ¡Absolutamente! Alguien que tenga reparos por lo que sea en ir al teatro, encontrará en este formato una opción muy buena para verlo muy cerca, conocer cómo funciona, su dinámica ,y, seguramente, le acabe atrapando.

 

Podéis consultar toda la programación de MÍNIMA en: https://microteatro.es/programacion/

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Antonella Mazzotta, Eduardo Ibraim, Fátima Domínguez, Festival MÍNIMA de Microteatro, Francesca Pellizzola, Leo Bartolotta, Microteatro por Dinero, Nicolás Terzagui, Paul Alcaide, Pepa de los Mares, Sebastián Villar, Verónica Larios, Vicky Olgado
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